Acerca de archimaldito

Buscador, eterno e incansable buscador. ¿De qué? Poco a poco lo sabrás.

La Multitud

 

Esta vez mi paciencia ha sobrepasado su límite.

Esta vez he conducido un centenar de kilómetros para llegar hasta aquí, al culo del mundo, donde nadie me vea, donde no exista gloria ni alarma en lo que voy a hacer. Donde nadie ni nada, salvo el viento, intente detenerme y me haga repensar mi decisión.

Esta vez el borde del acantilado está a mis pies, en la semioscuridad, con las olas allá abajo, adivinadas por el sonido relajante de sus rompientes.

Esta vez he saltado.

Y el pitido del aire acelerado ensordece mis sentidos, cerrando los párpados, notando la presión de la velocidad en mi cuerpo que cae descontrolado.

Esperando el impacto. Esperando el click del apagado.

Y los segundos se hacen eternidad. Y otra vez estoy empezando a impacientarme.

Pienso, demasiado tarde, que voy a aplastar a algún habitante de las rocas, o a varios, con el guiñapo en el que me voy a convertir.

Y creyendo que ya está aquí el silencio, un murmullo gratificante me sorprende.

Pero, ¿qué hace aquí tanta gente?

 

cliff-vertigo-1464990

 

La Flor

Me cardo el pelo.
Maquillo mis decenas de arrugas mal distribuidas y me convenzo de que soy hermoso.
No hace falta que nadie me eche flores pues ya estoy en la edad del pasotismo social.
Aún así, me enfundo mi vestido más ceñido para llamar la atención. Y me pinto los labios.
Tiento la suerte y me atrevo a bajar a la calle para mostrar mi palmito.
Y a mi paso se alzan las mariposas del planeta, y ligo. Hoy, por fin, ligo.

Madrugando

-¿Qué maldito olor es ése? ¡Qué maldito calor! ¿De dónde sale? No hay ninguna fábrica en cientos de kilómetros a la redonda. Y en esta época del año no es de recibo este bochorno. ¿Ayer nevando y hoy este calor? ¡Maldita sea! Ni un domingo del Buen Señor voy a poder descansar tranquilo. Todos los días de madrugón, ¿y hoy también? Tendré que levantarme y salir a ver qué pasa, no vaya a ser que hoy sea el Día del Apocalipsis y yo ni me entere si me quedo aquí encerrado.

El hombre enfundado salió de su cabaña. El día anterior se había quedado hasta tarde bateando oro y no tenía sus sentidos al cien por cien, por lo que no estaba dispuesto a aceptar ninguna complicación en su día de descanso. Pero los accidentes son impredecibles y, aunque la onda expansiva había movido, sin que él se hubiera percatado, los cimientos de su vivienda, él solo notaba un calor intenso irracional.

– ¡Maldito bastardo! ¿No tenía otro sitio donde estrellarse? Parece un avión pequeño por el poco humo y ruido que ha hecho al estamparse contra el suelo. Es que ni me he enterado. O vaya sueño más profundo debo de tener últimamente.

Y allí, la nave, que él había tomado en un principio por una avioneta, tenía su morro incrustado en la nieve hasta la mitad de su estructura lingüiforme. Se quedó inmóvil sobre sus raquetas de nieve y lo vio. Claro que lo vio.

– Tranquilo buen hombre. Tenga usted en cuenta que tengo la sabiduría muy limitada pero que, aun así, supero el umbral de conocimiento de su especie. Es verdad que estoy perdido y que me he dirigido a usted arma en mano para activar mi autodefensa en caso de reacciones violentas hacia mi ser, pero no debe usted temer porque, ante todo, vengo en son de paz, y prefiero utilizar dardos psíquicos antes que dejar huellas materiales de mi paso por este planeta. Dicho esto, le ruego que deje de gritarme, que calme sus biorritmos y que deje caer el ejemplar de roca que tiene en su mano derecha. No es justo que quiera lastimar a ese ser indefenso. Defiéndase, en tal caso, con sus pensamientos e intente rechazar mi presencia con ellos. Pero le advierto que no es necesario. Aún queda muy lejos la fecha programada para la colonización y no me está permitida la injerencia en sus asuntos planetarios, por lo que le dejaré continuar su insulsa vida si me indica, de buena fe, cómo puedo llegar hasta el pico montañoso más alto de esta zona donde puedan recogerme mis congéneres.

Contra la no humanidad

En pleno siglo 21, la capacidad cognoscitiva del ser humano parece quedarse estancada en la observación de lo superficial. En pleno siglo 21, y como si de un ciclo periódico se tratara, el ser humano vuelve a caer en el error de diferenciar a los integrantes de su propia especie, no por sus logros en beneficio de los demás, no por encontrar una forma de vivencia y supervivencia que quede plasmada en el genoma de las generaciones venideras para que lleguen a la armonía, que ahora no tenemos, con el resto de los habitantes animales, vegetales y minerales del planeta Tierra, sino en base al sexo o género con el que nacieron, sino en base al aspecto físico visible que hace diferenciarlos en categorías raciales, sino en base a cómo transmiten el amor físico y sentimental al resto de sus congéneres.
La evolución se estanca y, de vez en cuando, la Naturaleza nos envía señales de aviso en forma de cataclismos o pandemias.
Yo, personalmente, no entiendo que el ser humano se obceque en detenerse en una fase de involución perenne, y por ello no entiendo por qué existen las diferencias provocadas por mentes retrógradas que provocan el desasosiego continuo en una especie que no quiere extinguirse. Ahora toca oprimir por motivos de raza.
Yo, cuando observo a un ser humano veo a un ser humano con sus miedos y alegrías, con sus instintos y sus creatividades, con sus sueños y esperanzas.
Nunca he creído en la palabra “negro” o “amarillo” o “gitano”. Solo creo en ella, o en él,  y nada más. Todas las vidas son importantes.
Y me parece una depravación el racismo, como me parece una depravación el machismo o la homofobia.
Me he criado leyendo, viendo y escuchando a grandes seres humanos, y nunca me he fijado si eran negros, blancos o azules.
En la foto, de Mark Seliger, aparece uno de los más grandes actores que ha dado el mundo del espectáculo. En mi vida, grandes compositores y cantantes “afroamericanos” me han ayudado a ser lo que soy, y nunca he pensado en el color de su piel sino en el funcionamiento de su mente, en la maravilla de su creatividad. Y eran, y son, “negros”. ¿De veras crees que has venido a este mundo para odiar a los que no son como tú?

Púrpura

Vuelven los brotes, aunque nunca han desaparecido, del racismo. Y todo es o blanco o todos los demás colores de unas pieles que envuelven músculos, huesos y corazón de la misma especie, los humanos.
La dignidad humana no tolera el uso y abuso sobre otros seres humanos y, menos aún, la opresión y la violación de derechos humanos y el asesinato por motivos de distinciones entre distintos colores piel, entre distintas formas de amar, entre distintas formas de creer o de pensar.
Y la chispa ha vuelto a saltar porque han matado a un hombre en Minneapolis.
Y las protestas han vuelto a repetirse, porque los ciclos históricos están ahí,  para ser repetidos, y muestran, otra vez, el verdadero espíritu de los opresores poderosos, de la élite política, de la infamia.
Minneapolis, la ciudad de Estados Unidos donde en el día de hoy, hace 62 años, nació Prince Rogers Nelson, el llamado “Genio de Minneapolis”, que se convirtió en un icono mundial con la película Purple Rain, protagonizada por él con su banda, The Revolution.
Curiosidades de la Historia, Prince and The Revolution, el Príncipe y la Revolución, de Minneapolis, donde en junio de 2020 vuelve a fraguarse otra Revolución. ¡Feliz Cumpleaños, Prince! ¡Feliz Revolución! ¡Ojalá no existiera ni el blanco ni el negro, ni el bien ni el mal, ni los polos opuestos! ¡Ojalá todo fuera púrpura!

Si me dejaran un micrófono

Si me dejaran un micrófono no para cantar o declamar o recitar sino para gritar contra todas las injusticias que ocurren continuamente en este planeta vería que mi vida tiene algún sentido y que he venido a este mundo con un fin trascendental, que va más allá de alimentar el ego, más allá de conseguir bienes materiales o espirituales. Gritaría que el Mundo necesita una segunda, o tercera o cuarta oportunidad para curarse de todo el Mal que el ser humano le está infringiendo. Gritaría para que más se unieran a la causa, para que millones de voces se escucharan en los confines del Universo, para que millones de voces no cayeran en los oídos sordos que no quieren escuchar.
Gritaría hasta quedarme sin voz para que mis manos y mis pies la sustituyeran construyendo el camino de la Armonía planetaria, construyendo la senda de la Verdad y del Amor. 📷 © Noche de Búhos (Búho Real)

Pataleta

La pataleta. La rabia. El estómago encogido. Y el puño apretado hasta doler, por no dar el golpe. Y los ojos humedecidos porque la sangre, que hierve, no tiene otro sitio por donde salir más que transformada en lágrimas. Y la boca desencajada con un grito sin sonido, pero tan hiriente como un chillido agudo al más alto volumen.                                                                                                               Y tú, enfrente, provocándolo todo. 

 

red-lips-1430845

Próxima estación

Nos mirábamos en los reflejos de la ventana del vagón de metro. A veces de soslayo, otras directamente, sin reparo, sin vergüenza, sin recato. Sabiendo que nunca nos dirigiríamos la palabra. Que el amor entre nosotros era tan fugaz como las estaciones de metro que dejábamos atrás. Que no tendríamos más oportunidades de encontrarnos en aquella ciudad atestada.
Daba igual. Eran más importantes las palpitaciones que sentíamos al vernos sorprendidos mirándonos la piel, el nerviosismo del primer amor de colegiales adolescentes que fuimos y la ingravidez emocional de no conocer nuestros nombres, nuestros destinos, nuestras vidas.
Deseando que nunca llegara el fin de nuestro trayecto para así eternizar la vorágine de las mariposas en nuestro corazón, el asalto de la calentura en el imposible contacto de nuestros dedos.
Sin sonreír, para no perder el encanto. Sin pestañear, para no perder detalle de lo fugaz de nuestro encuentro.

metro-3-1430623

 

Quédate a dormir

Cada vez que le decía que la quería, lloraba, no de emoción, sino porque vislumbraba la cuenta atrás de su desamor.

Sabía que cada vez que hacía el amor con ella, que cada vez que la besaba, que la miraba a los ojos tierno o apasionado, era la última vez que la iba a amar de aquella manera, y que en los siguientes encuentros, cuando ella le implorara un “quédate a dormir”, la querría un poco menos.

Hasta que llegara la noche, tras las copas de vino y los boleros o los momentos íntimos de poesía, en que, a la petición de ella, la respuesta fuera la más dura y sincera que hubiera dado nunca a nadie.

-No volveré mañana. Intenta buscar y conocer a alguien fuera de este libro, a alguien que no sea fruto de tu imaginación. A alguien real, que te ame tanto que quisiera no amarte tanto.book-love-1173268

 

Olimpo

En aquella ocasión la falta de inspiración le hizo temer por su trono en el olimpo de los poetas.

Se levantó y miró al techo del Paraninfo, echando de menos el cielo que adivinaba encapotado y a punto de soltar jarros del agua que tanto amaba. Pero en su lugar se enfrentaba a la realidad del artesonado decimonónico y embarroquecido que le distraía de todas las miradas pendientes de sus primeras palabras.

Pero la inspiración no aparecía. Y tuvo que recurrir a ellas.

Metió la mano derecha en el bolsillo de sus pantalones y extrajo la bolsita de tela.

Los presentes empezaron a cuchichear pensando que en aquella bolsita estaban guardados lo nuevos versos del trovador y que empezaría a sacar papelitos con las estrofas sublimes.

Sonriendo se la acercó a la boca y mordió las setas, sus setas, las que le hacían ingresar en un mundo de osadías psicodélicas.

Y las palabras salieron a borbotones, a un ritmo sublime, que hicieron surcar las lágrimas de emoción en los espectadores, tan sensibles todos ellos.

istockphoto-1029802004-1024x1024 (2)