Licras, mallas, calzas, leggins

Veo que te acercas y te plantas frente a mí esperando que te pregunte qué quieres. 

Te observo de arriba abajo y te sientes aludida por mi descaro y desfachatez. 

Qué hago mirando directamente tus muslos ceñidos por mallas de colores extravagantes. 

Qué hago mirando directamente el contorno de tus pechos marcado en tu jersey de cuello alto.

Qué hago mirando directamente tus labios carnosos. 

Te equivocas, como siempre.

Mi intención no es sexualizarte sino fijarme en tus piernas para adivinar si son robustas y te sostendrán cuando te dé la noticia, fijarme en tu pecho para adivinar si tienes buenos pulmones para gritarme cuando llenes tu cabeza de insultos, fijarme en tu boca para lograr vislumbrar la saliva que puede contener antes de que me escupas.

Y es que no sé cómo vas a reaccionar cuando te diga que ya no te quiero.

 

Melocotón

Por fin ha claudicado ante mis miradas más que insinuantes. A mis movimientos de manos hipnotizadores. A mis vahos perfumados dirigidos a su pituitaria perfecta. A mis roces de melocotón electrizante. A mis lubricados labios por los que resbalará su lengua exploradora. A mis microarañazos que microsurcaron su piel de porcelana. A mis susurros doblegadores de voluntades férreas.
Por fin ha accedido a mis súplicas nada humilladoras de enlazarme eternamente con ella.
Y ahora sí, por fin, tengo que aguaparme. Y aguaparla con mis ensoñaciones de enamorada. Y absorberla con mi mano para irnos juntas hacia el éxtasis. Y vivir lentamente en ella. Vaciándonos de temores. Liberándonos del peso de nuestras mentes. Abrazándonos en la poca sombra que da la luz cegadora de algo que se parece al Amor. Sin sus concesiones superfluas. Siendo así dos en una. 
O una en dos.

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