No bebo alcohol. Nunca he fumado en mi vida ni he probado ningún tipo de droga. No tengo ninguna adicción salvo escuchar las voces y las risas de mi familia. Disfruto de mi trabajo y me consideran, y me considero, un buen profesional. No tengo nada de lo que alguien me pueda recriminar. Soy sincero en extremo y no tengo ningún miedo conocido. Abandoné, hace algunos años, el sentido del ridículo. Amo la libertad, la justicia y la dignidad humana y no humana. Lo mío es actuar en vez de hablar.
Pero últimamente el estar encima de un escenario me ha hecho descubrime un poco más a mí mismo.
Que nadie ni nada me quite ese placer.
P.D.: Amaré a Elvis, Michael y Prince hasta el día en que me muera. Y si hay algo más allá de la muerte, seguiré amándolos.
Mi nombre es Jesús Fernández de Zayas, y soy conocido artísticamente como “Archimaldito”.
Perdone mi atrevimiento, pero dado que abandoné las redes sociales hace casi un año, cuando cumplí los 57, no tengo otra forma de dirigirme a usted.
Conozco y disfruto de su música desde mi infancia, pues mis padres, emigrados en los años 60 a Francia, reproducían, una y otra vez, en un “pickup”, sus sencillos.
Empecé a cantar meses después de que falleciera mi padre, en el año 2016, para salir de la depresión en la que me sumí por este hecho, y sin saber si se iba a convertir en algo más que un puro entretenimiento, para evadir las penas personales y los estreses laborales.
Pero poco a poco, animado por el público de las “jam sessions” y micrófonos abiertos a los que acudía, me di cuenta que podía cantar todo tipo de canciones y que podía moverme en el escenario con soltura.
Los cantantes a los que más he homenajeado con mis interpretaciones han sido Prince, Elvis Presley y usted, intentando respetar su espíritu en cada una de mis intervenciones sobre un escenario.
Ayer, día 12 de septiembre, actué en una sala de Madrid llamada Thundercat, en la que, otra vez, me invitaron a cantar su archiconocida “Mi Gran Noche”, y al terminar, los músicos coordinadores del evento me indicaron que toda la sala, con casi 100 personas, se enfervoreció con mi “performance”.
Cuando regresaba a casa, sumido en mis pensamientos, me di cuenta del éxito que he estado cosechando durante estos años, homenajeándole a usted reinterpretando algunos de sus mayores éxitos, pero me entristeció darme cuenta que, al no ser yo un profesional de la música, todo el entusiasmo del público, y el mío propio, era efímero, y que la realidad de la cotidianidad me volvería a envolver, positivamente, al día siguiente, hasta mi próxima actuación.
Y pensé en las veces que, cuando estaba en las redes sociales, usted o, con casi total seguridad, alguno de sus colaboradores, habían visto alguno de esos momentos de homenaje hacia usted, y habían agradecido y engrandecido, en cierta manera, como es habitual ahora en la nueva era tecnológica en la que vivimos, con el susodicho “me gusta” o “corazoncito” de las plataformas al uso.
Y pensé, como conclusión, en escribirle esta carta, porque a la edad que tengo, me apetece hacer las cosas que siento, siempre con respeto y dignidad y, por ello, quisiera transmitirle mis deseos de conocerle en persona y estrechar su mano para agradecerle todos los años de felicidad que he tenido con su música.
Cuando hace unos años estuve con mi madre, hiperfan suya (desde que le conoció en Sevilla en persona hace casi 70 años), en su concierto en el WiZink Center, no podía suponer que, pasado ese tiempo, ella adquiriría la fatal enfermedad de Alzheimer, y ahora me recuerda, como es normal en esa enfermedad, aquellas veces que le vio, y yo, para animarla, le canto alguna canción suya o le envío alguna grabación que me han enviado amigos del público de mis actuaciones. Y en su inocencia y candidez me pregunta si voy a cantar alguna vez con usted. Obviamente le respondo “Todo se andará, Mamá, todo se andará”, para mantener su sonrisa.
El tiempo pasa, pero la ilusión permanece, y ella es la que nos mantiene vivos. Tener sueños y proyectos mantienen las ganas de vivir. A ello me sumo todos los días, con esperanza.
Reciba un cordial saludo.
Siempre raphaelista.
Jesús “Archimaldito”
Postal con autógrafo de Raphael, propiedad de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»
Es algo increíble y no sé cómo explicarlo. Seguro que los que se acercan a mi situación, o están en ella, lo comprenden, pero para mí es algo que va a más. No bebo alcohol, no fumo ni he fumado nunca, y tampoco he probado ninguna droga en mi vida. Según la Wikipedia, que es mi enciclopedia Larousse del siglo 21, el síndrome de abstinencia es la unión de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona deja de consumir sustancias a las que es adicta. Como he escrito al principio, no puedo ser adicto a sustancias que nunca he consumido, pero en mí existe un síndrome de abstinencia que se manifiesta en reacciones psicológicas como la apatía, la depresión y la sensación de mecanicidad en la consecución de mis actos diarios. No es que me encuentre en esa situación todo el día ni todos los días, pero me asaltan los síntomas cuando menos me lo espero. Y es que me entra el «mono» cada vez más a menudo cuando pasan los días sin poder actuar. La cura es rápida y contundente: Me subo a un escenario y me siento feliz, animado, vibrante. Mi cerebro se activa en una nueva dimensión, mis piernas y brazos se desentumecen, mis células se regeneran, mi piel se vuelve tersa y suave y la comisura de mis labios se tensan para dibujar una sonrisa de satisfacción extrema. Soy feliz con mi pareja, con mi familia y amigos y con mi trabajo, y conmigo mismo, pero, de vez en cuando, tengo este «síndrome de abstinencia».
Detrás de mí, uno de los mejores músicos que conozco: Alberto Palacios Anaut.
En mi juventud quise estudiar Arte Dramático pero mi padre prefirió pagarme estudios universitarios en dos carreras que nunca terminé. Mi amor por la interpretación y la música me han llevado, más de treinta años después, a hacer convivir esta vocación con la de escritor literario, en mis apariciones en más de treinta salas de Madrid, realizando uno o dos números musicales acompañados por mi teatralidad cómica, por mi vestuario fuera de normas estéticas, y por mi voz y bailes inesperados, reinterpretando, a mi manera, algunos clásicos de la música moderna, o leyendo poesías o microrrelatos propios en algunos epicentros de la literatura en Madrid. Aparezco en ellos cuando menos se espera y nadie sabe nunca qué voy a hacer encima del escenario.
Yo, como artista underground, siendo más preartista y postartista que actor, o cantante, o escritor, o rapsoda o performer conocido en el maistream, tengo mis inquietudes y saben los que me han visto, y sufrido, actuando, que publico una pequeñísima parte de todo lo que hago, para no saturar al personal (debido a esa enfermedad que tengo llamada hipercreatividad, de la que no quiero curarme nunca). Mi profesión no me permite dedicar todo el tiempo que quiero a mi vocación artística, pero no desisto en vivirla con muchas emociones, por si acaso salta la liebre y me descubre un productor de Hollywood o de Málaga. Soy Archimaldito.
El violín rasgaba el aire con su melancólica tonada. El piano repiqueteaba, con cada nota grave, en mi intelecto. Pero fue la voz de ella la que me recorrió el espinazo con una corriente eléctrica imparable que estalló en chispas invisibles en el frontal de mi cerebro. Y lloré de alegría, de felicidad inmensa, ante el descubrimiento de la belleza. Aquella belleza que no podía ver con mis ojos, pero que podía sentir con el corazón.
Nota: Quiero dedicar este texto a todas mis amigas cantantes, que me llenan de felicidad cuando manifiestan, a través de su voz, su Arte y su talento inmenso.
La mayoría de los artistas musicales, cantantes o instrumentistas, no son nada originales. Puedes escuchar, durante horas, listas de reproducción en Spotify o Tidal, o las recomendaciones de la radio, y solo unos pocos te llaman la atención. Voces monótonas, instrumentaciones planas, deformaciones digitales de las voces, letras insulsas. Miles y miles de músicos pasarán por la historia musical siendo nadie. A veces creo que hay otros que tienen reconocimiento de las masas que no se merecen pero que triunfan por el lavado de coco que supone el machaqueo continuo de los difusores de cultura. Y claro está, porque tienen dinero, o padrinos poderosos o mucha, pero que mucha suerte por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Y luego están los genios que nunca serán escuchados globalmente, con pocos oyentes mensuales en las plataformas musicales, con nula difusión de su arte en los medios de comunicación, pero que se merecen mi respeto, mi cariño y mi apoyo, y mi esperanza en que triunfarán como se merecen.
Se filtró la noticia de que iba a sacar un nuevo disco, mucho más impactante, en estilo, que el anterior. Alguien del grupo o de la productora, seguro, se estaba sacando un sueldo extra con esa exclusiva. Por ello, y sin que sirviera de precedente, obligó a su manager a convocar una rueda de prensa, que con el tiempo que tenía para prepararla -casi un mes- sería, con toda seguridad, multitudinaria. Y entonces impactaría al mundo, declarando que era otra, y no ella, quien cantaba en todos los temas, y que así había sido desde el comienzo de su carrera.
-De veras, esos sonidos salen de unas cuerdas vocales orgánicas. Todas las modulaciones, tonos y timbres proceden de una garganta… humana.