-Sí. Téngalo en cuenta. El Señor Qwerty me dijo el otro día que estaba desahuciado. Pero no utilizó esa palabra. Era más bien… Era más bien.. Mo logto tecorsar recordar…
Quizás las personas esperen los buenos tiempos para olvidarse de los malos tiempos. Empiezo a atisbar otro nuevo rastro de desmemoria a corto plazo. Sin haber dado oportunidad a dejar atrás los efectos mortales de una reciente pandemia, la gente, que ha creído que se trataba de un mal sueño, se ha lanzado, irresponsablemente, a vivir de nuevo la vida como si la emergencia sanitaria no hubiera sido algo real que puede volver en cualquier momento. El egoísmo humano, cómo no, impera en las relaciones globales humanas. El beneficio inmediato, el placer de vivir una vida que, algunos consideran, es demasiado corta. Han muerto muchos humanos, y han quedadas trastocadas muchísimas más vidas. Pero no pasa nada. Hemos venido a este mundo a trabajar y a disfrutar de nuestro suspiro vital. Y así van las cosas: La caída libre e incontrolada hacia el desbarajuste total del Planeta Tierra, el olvido hacia las futuras generaciones, el autoexterminio imparable. Luego diremos que no nos lo podíamos imaginar, que todo es una sorpresa continua, que el azar juega con nuestras vidas. ¡Cuán equivocados estamos!
En el tumulto de las sospechas ajenas, los liberados imaginan un mundo de inocencia sana, proclive a resucitar los corazones primigenios, los que habitaban la dicha planetaria de antaño, cuando la evolución había permitido que los humanoides comenzaran a pensar en algo más que en la supervivencia salvaje. Los que aún deben ser despertados deambulan entre codazos y zancadillas estériles, preponderadas en la intrusión del sensacionalismo y del egocentrismo exacerbado, con la parálisis de la intuición, con la anulación de la creatividad, a punto de caer siempre por el abismo de la apatía, resbalando aceleradamente hacia la negrura del vacío que trae la desesperanza. Y es entonces cuando triunfa la ignominia, el despotismo, la barbarie, la indignidad, la locura.
Es imposible mirar hacia otro lado sin sentir remordimientos por ser todo lo egoísta que te permite el instinto depredador, el canalla que llevas dentro. Es imposible ser transigente con todo tipo de pecados, magnánimo con toda suerte de debilidades, preciso en discernir la línea divisoria entre lo malo y lo peor, sin críticas moralistas que solo envilecen las cicatrices, que solo dulcifican los arrebatos existencialistas.
Golpeó varias veces la mesa, con las manos muy abiertas, hasta hacerse daño, pero los alumnos seguían sin callarse.
Consideraba que ya estaba muy harta de desgañitarse para nada, así que, desde la segunda mitad del curso, optó por golpear la mesa con alguna regla, que acababa rota, con algún libro, que acababa deshojado o, como hacía últimamente, con las manos, a riesgo de romperse algún hueso.
Aparte de mi parte, ¿qué otra parte quiere usted que aparte cuando, aparte de mi parte, no hay otra parte? Aparte pues, y déjeme estar en mi parte. Y si no está dispuesto a aportar nada, apóstese a un lado y déjeme impostar la voz de mi quebranto que ya dura tanto, desde que me acusan de impostor. Y si no busca apoyarme ni molestarme, vaya entonces a su parte de esta ciudad, de este mundo. Mas no soy impostor, no engaño a nadie. Soy como soy por lo que soy y lo que fui, aquí de pie o tumbado, cuando me tumba el dolor de los pensamientos insanos. Deje que los demás me traten con buen trato, que de eso se trata: que seamos concordia, donde todos aman y nadie odia. Armonía en todas partes.
No acepto el paso del tiempo. Me abruma, me bloquea, me desespera, me aflige, me deprime. No puedo detener su carrera interminable. Me siento nada. Un sujeto olvidado. Un algo que no perdurará en la memoria de alguien, o algo. La obsesión me acelera el corazón y detiene mi mente en seco, cuando estaba hiperacelerada nanosegundos antes. Y la inercia me lleva a estamparme contra la realidad. Un sinfín de sufrimiento interno. Un enclaustramiento voluntario en la cárcel de la nada absoluta. No sé para qué existo. Y lo peor de todo es que no quiero saberlo.