Demoledor

Otra vez amordazado.

Con la intención de decir la verdad y amordazado. Con la intención de no levantar sospechas. Sigiloso en los actos y reprimido en los pensamientos, por si hubiera alguno que supiera escucharlos o leerlos. Luchando continuamente contra la ignorancia mayoritaria, más similar a la desidia, a la dejadez mental. Soltando, poco a poco, el lastre más pesado: el del conformismo.
Siempre un paso por delante de los que caminan un millón de pasos detrás.
Etiquetado como rebelde, raro y estrafalario. Sin una piel de borrego. Sin una actitud de borrego.
Amordazado por mi propio autocontrol. Porque mis verdades serían, como siempre, tergiversadas, si es que no fueran ignoradas, como siempre, por el sistema erróneo y errado, el mismo que acabará implosionando en una suerte de demolición incontrolada.
Y, como yo, tantos y tantos que trabajan en las sombras de esa oscuridad quebrantable. Tantos y tantos que serán luz, en el momento adecuado, para los demás, los que ahora están ciegos y cegados, anestesiados y amnésicos, amordazados. Amordazados.

Otra vez amordazados.

 

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Sinrostro

Sin rastro del rostro. Con un rato de reto. Avivando la vida. Mezclándola con la tuerta muerte. Aguantando la desidia, el desánimo y el estupor ante el no reconocimiento de uno mismo. Sin rastro del espíritu arrastrado. Tan erosionado que parece anulado. Y el resto, supurando sopor. Ante la mentira, ante el engaño continuo y manejado. Ante el temblor crónico del enajenado. Ante el encogimiento de hombros de los hombres, que por querer mucho acaban teniendo lo que se llevarán a la muerte: Nada.

 

sinrostro

(Selfie tomado el 12 de marzo 2017 a las 15:08:41, justo cuando el sol deslumbraba)

Voy a morir

Voy a morir.

Sé que quiero morir y que voy a morir.

No voy a quitarme la vida pero sé que voy a morir.

No es que necesite morir. Es que voy a dejar de existir.

De pronto, cuando yo decida, dejaré de ser alguien para ser, simplemente, nadie.
Y no habrá nadie para ser testigo de mi voluntad. 
Voy a morir. Es más, ya estoy muriendo mientras estoy escribiendo esto. No sé por qué lo estoy haciendo. Quizás para calmar mi conciencia. Pero es raro, porque estoy tranquilo. No tengo miedo. Ni atisbos de arrepentimiento. 
Moriré pues. Porque está dicho, porque está predicho que así ocurra. 
No siento nada parecido al rencor contra mí mismo. Ni contra los que me han imbuido esta idea, porque no es una idea, es un hecho.
Toca dejar de existir y lo acepto. 
Así se decidió hace casi cuatrocientos años. Vivir más llamaría, de nuevo, la atención. 
Quiero morir. Toca descansar y regenerar mi energía. 
Cuando vuelva a nacer tendré otro aspecto y estaré en otro sitio a miles de kilómetros de aquí. 
Los sondeadores recogerán mi cuerpo y se decidirá mi reciclaje íntegro. 
Así volveré a formar parte del destino de los humanoides con los que quisieron que conviviera. 
Ya siento las picovibraciones emocionales que llevarán a mi apagado interno. Y las ráfagas de lucidez darán paso a la nada estéril. 
Quiero morir y voy a morir. Aunque quizás exista una palabra más adecuada para mi apagado temporal. Aunque… qué es el tiempo sino un vaivén de mi existencia.

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H.H.

Seáis quienes seáis no me merezco vuestra discordia y menos aún vuestra falta absoluta de respeto.
Por mucha nave nodriza que traigáis para impresionarnos, por mucha abducción que utilicéis para atemorizarnos, por mucha invasión que sugiráis para amenazarnos, no creo merecer la injusticia de vuestra indiferente barbarie.
Firmado: Humanidad. Harta Humanidad.

 

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