En la Zona Cero no hay acero. No es el reino del hormigón y sí el de las hormigas. El sinsentido de la civilización ha dado paso a mujeres y hombres civilizados como los animales. La desesperanza del desbarajuste climático se ha transformado en la dicha del ajuste empático. Todos hacia la Armonía y la Armonía hacia todos. Un cambio con sentido consentido por la Humanidad renacida desde los últimos chispazos de la tecnología. La vuelta a la supervivencia. El saborear las vivencias del prójimo como si fueran propias. Dejando a la Naturaleza hacerse cargo de los ritmos diarios, para tranquilizar los nocturnos. Dando a todas y todos lo que merecen del fruto de la felicidad. En la Zona Cero se vive con esmero. En la Zona Cero nadie ni nada es más que nadie ni nada. Todo trasciende, todo importa, todo es racional y razonado. La Utopía se ha hecho realidad, y nadie piensa en lo que vendrá sino en lo que es. Para experimentar cada milisegundo de lo que, en otros tiempos, llamaban Gloria. Ya ha sido reseteada la memoria de los habitantes de la Zona Cero. No hay sitio, pues, para la desesperanza. En la Zona Cero, el mundo es, por fin, un feliz mundo, para todos, por todos, hacia todos.
Basta de ser un apocado. Basta de ser un mindundi. Basta de ser un alienado. Y de acatar sin acotar la verdad ni acortar los poderes asfixiantes que nos oprimen. Basta de callar sin sonreír, y basta de reír sin pensar. Llevemos la lucha de las ideas a la catarsis. Celebremos el desamparo de los que se creen privilegiados ante las leyes, porque se ven intocables por ellas. Miremos hacia adelante dejando atrás lo que no funciona, en pos del bien común. Basta de no mirar o de hacerlo hacia otro lado cuando el mal actúa. Basta de no querer hablar para no atragantarnos con la vehemencia de las palabras no dichas por miedo a la censura. Basta de no querer escuchar por no querer molestar. ¡Molestemos para que se despierten las conciencias! Seamos libres y liberemos. Seamos justos y traigamos justicia. Y hagamos todo en paz para que la mayoría destinataria del bien común seamos todos, sin excepción.
Tantas veces miramos hacia otro lado. Tantas veces no nos implicamos. Tantas veces hacemos oídos sordos y ojos ciegos a las señales. Mientras no nos salpique la sangre, no olamos el hedor ni toquemos lo podrido todo va bien, pensamos. Y mientras, el poder se aprovecha de nuestra inacción, de nuestra falta de empatía.
Imaginémonos, por un momento, que la Historia de la Humanidad se hubiera escrito de otra manera: Los accidentes geográficos no han creado fronteras naturales entre agrupaciones de humanos y todos los habitantes del planeta son parte de una gran comunidad global, por lo que no existen naciones, ni estados, ni culturas diferenciadas, ni religiones, ni lenguas distintas. Todo está unificado y el desarrollo intelectual, científico y económico de la Humanidad no ha creado diferencias entre los integrantes de la especie humana, salvo su raza y su forma de protegerse ante las inclemencias naturales. No habría poderes que lucharan por crear diferencias y no existiría la soberbia ni la supremacía, no habría guerras porque toda la tierra y el agua de la Tierra sería de todos y para todos. Esta es la Utopía de la Hermanad Humana. Pero es eso, una utopía. La realidad es que la Historia ha creado diferencias entre nosotros y se ha desarrollado graciasa, o pese a, esas diferencias entre nosotros. Se necesitan los filósofos, científicos, economistas y políticos para dirigir el caos que supondría no ejercer algún tipo de regla integrada en la libertad, la justicia y la dignidad humana. Se necesitan hombres que unifiquen a los integrantes de comunidades de individuos que creen en distintas divinidades. Se necesitan intelectuales, maestros y artistas que impulsen las capacidades creativas que todo ser humano lleva dentro. Y se necesitan personas que hagan que las personas entiendan todos los contenidos escritos y verbales en los que las distintas sociedades han volcado sus conocimientos para hacer evolucionar sociedades, tribus, naciones y estados: Los intérpretes y traductores, que aúnan los entendimientos entre humanos. Los párrafos anteriores tienen como finalidad el incidir en la necesidad de preservar el derecho a la diversidad cultural y lingüística de las naciones, y de las comunidades diferenciadas dentro de esas naciones. Debería estar recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el derecho a poder manifestar las ideas en el propio idioma y que estas puedan ser difundidas en los idiomas existentes distintos del propio para el buen entendimiento entre pueblos en aras de mantener la armonía, la paz y la concordia entre las naciones. Si así fuera entendido por todos los integrantes de la sociedad, verían que las personas que promueven y ayudan a que se haga realidad este propósito merecen todo el respeto que se merecen. Todo el colectivo de profesiones y vocaciones, que trabajan en aras de este entendimiento, juegan un papel capital en la conservación y en el futuro del patrimonio inmaterial de la palabra pensada y hablada. Es por ello que deben ser valorados en su justa medida, como personas y como artífices de una parte importante del progreso y evolución de la Humanidad. Que gobiernos nacionales o regionales promuevan el derecho a ser entendidas las ideas, conceptos y hechos, es un avance primordial para borrar distanciamientos entre los pueblos, para eliminar discrepancias entre colectivos, para llevar a buen puerto la estructuración del desarrollo de sus territorios. Porque recuerden: Esta es la realidad. Las utopías son solo proyectos con improbabilidad de que sucedan.
La ilusión de la alusión a los esperados desesperados, a los que no confían y porfían.
A los que buscan y rebuscan en las circunstancias circundantes de la desidia.
Provoca evoca convoca a los espíritus desesperados que creen que la muerte queda lejos, que creen que la vida es un suspiro y que se contradicen viviendo aceleradamente.
Solo vive y deja vivir, dicen, y, cuando lo hacen, suspiro, porque poseo demasiada empatía, algo que maldicen los que no lo ven necesario.
Tampoco es necesario apocar a los que ya son débiles de nacimiento. Como tampoco lo es encumbrar a los privilegiados de cuna y raigambre.
Estoy aquí acá y acullá para evocar, convocar y provocar la Revolución Absoluta. La que acabará con la Absolutidad en las ideas, las censuras en los actos, la sinrazón de los creen estar en posesión de la verdad.
Trastocar tras tocar los hilos de poder, para desestabilizar lo que nunca fue estable.
Defenestrar a los malvados, volatilizar las bases de la sociedad perdida en la maleabilidad de los pensamientos.
Invocar a la Libertad, a la Paz y a la Justicia, para que sean los únicos reinos que gobiernen en la globalidad planetaria.
Sanar el juicio enfermo de la Humanidad.
La Revolución incruenta y aceptada. Asimilada y practicada. Regenerada y eternizada.
Evocar, provocar, abocar, invocar, convocar la Bondad humana.
¿De veras crees que me puedo permitir fallar en la Revolución?
La muchedumbre gritaba, clamaba, arremetía contra los que provocaban las injusticias más infames. Y, mientras, la mansedumbre aplaudía, acataba, ensalzaba a los que oprimían a los justos, a los que hurtaban las libertades de los humildes, a los que socavaban la Armonía de lo cotidiano.
Es en lo cotidiano donde fijo la mirada para verter mi dosis de pureza. Es en lo versátil de la realidad donde apoyo mi estremecimiento de los pensamientos. Sin un poco de osadía no sería libre. Sin un mucho de capacidad de absorción de lo bueno del mundo, no sería feliz con mis hechos. Aquí estoy para entregarme abierto de alma y cuerpo, tan sutil como una brizna de electricidad neuronal, tan contundente como el martillo de mis pies sobre el suelo cuando camino hacia el futuro. ¡Salud y Alegría! ¡Amor y Armonía! ¡Libertad y Justicia!
Escucho y leo últimamente mucho sobre cómo está ganando terreno el veganismo en la sociedad occidental actual. No sé los demás veganos, pero yo tengo dificultades para comer en sitios que no sean estrictamente veganos. Tampoco pido tanto: Uno o dos platos que no sean las típicas ensaladas insulsas con las que recuperas el hambre media hora después de ingerirlas. Por mi profesión, estoy continuamente en eventos a los que acuden decenas, cientos, miles de personas. Y creyendo que la normalidad de la dieta vegana convive con la de las otras dietas, me encuentro con la sorpresa de que no es así, de que mi «rareza» sigue forzando la sonrisa de camareros, maitres, y hasta cocineros, de algún que otro restaurante de hotel de cinco estrellas en los que, por motivos laborales, tengo que acudir para mi nutrición. ¿Dónde está el avance del veganismo en España? La dieta vegana debería convivir con las otras dietas y no ser una exclusividad de los que respetan la vida no humana.