Cada cada



Levantarse cada mañana con ánimo para llevar a cabo todos los proyectos personales y profesionales. 
Por muy temprano que sea, por muy oscuro que sea el panorama, por muchos obstáculos que me pongan en el camino… sigo adelante.
Por un día de brillo y color continuo.
Seguro que mañana volveré a sonreír.

Fotografía de Julio Garma

25 años del siglo 21

Han pasado 25 años desde que empezó el siglo 21.
Convivimos con tecnologías que dicen que sirven para mejorar nuestra calidad de vida (y de muerte).
Y, después de tantos siglos, seguimos aceptando nuevas corrientes filosóficas, económicas y políticas, aunque en lo social seguimos arrastrando falsas apreciaciones de lo que está bien o mal, aceptando clichés impuestos por las religiones o por las normas sexistas, clasistas y estéticas.
Parece mentira que aún seamos minoría los que no estamos de acuerdo con estas normas erradas impuestas.
He apoyado y apoyaré, con mis acciones, muchas campañas de concienciación y conciliación entre los seres humanos, para que se cumplan los Derechos Humanos Universales y, de vez en cuando, saldré del anonimato para poner mi cara y mi cuerpo visibles en el escaparate social.
No hay otra forma de acabar con el adormecimiento del prójimo, con el sometimiento del poderoso, con la sinrazón de la discordia de las ideas.

Armaduras, de Marta Pinilla.
(Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)

Aceptación

Quizás no tengas que estar mirándote continuamente en cualquiera de los espejos que te encuentres en tu vida. Unos deformarán tu imagen, otros te engordarán el ego, otros reflejarán una imagen de un yo inexistente.
Quizás el único espejo que necesites es la mirada del otro, ese que te valora por lo que eres, que te trata según has tratado, que te quiere o acepta más allá de tu imagen.

Fotografía Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito»

Bien por ti



Bien por ti, porque, estando hundido en la más profunda de las miserias, siempre sonríes a la vida.
Bien por ti, porque creyendo que los demás son tan inocentes e ilusos como tú, confías plenamente en ellos.
Bien por ti, porque tienes sueños e ilusiones que no podrás hacer realidad jamás, pero las cuentas como si ya formaran parte de tu vida. Bien por ti, porque lloras cuando ves una injusticia.
Bien por ti, porque no estás apegado a nada ni a nadie y aún así amas todo y a todos.
Bien por ti, porque crees que no existe un paraíso en la otra vida pero realizas actos continuos para merecerlo.
Bien por ti, porque te crees todo lo que te cuentan y no haces jamás ninguna crítica.
Bien por ti, porque sin ser bello ni elegante, reluces entre todos los demás.
Bien por ti, porque crees lo que los demás dejaron de creer hace mucho tiempo.
Bien por ti, porque jamás haces las cosas a cambio de algo.
Bien por ti, porque nunca has perdido la esperanza de que alguien te ame. Bien por ti, porque tu corazón aún sigue entusiasmado con tu infancia lejana.
Bien por ti, porque te he mirado a los ojos y no he visto remordimiento ni culpa en ellos.
Bien por ti. Bien por ti.
Bien por ti, porque, sin conocerme, me has brindado tu ayuda.

Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»

Equivocados

Quizás las personas esperen los buenos tiempos para olvidarse de los malos tiempos.
Empiezo a atisbar otro nuevo rastro de desmemoria a corto plazo.
Sin haber dado oportunidad a dejar atrás los efectos mortales de una reciente pandemia, la gente, que ha creído que se trataba de un mal sueño, se ha lanzado, irresponsablemente, a vivir de nuevo la vida como si la emergencia sanitaria no hubiera sido algo real que puede volver en cualquier momento.
El egoísmo humano, cómo no, impera en las relaciones globales humanas. El beneficio inmediato, el placer de vivir una vida que, algunos consideran, es demasiado corta.
Han muerto muchos humanos, y han quedadas trastocadas muchísimas más vidas.
Pero no pasa nada. Hemos venido a este mundo a trabajar y a disfrutar de nuestro suspiro vital.
Y así van las cosas: La caída libre e incontrolada hacia el desbarajuste total del Planeta Tierra, el olvido hacia las futuras generaciones, el autoexterminio imparable.
Luego diremos que no nos lo podíamos imaginar, que todo es una sorpresa continua, que el azar juega con nuestras vidas.
¡Cuán equivocados estamos!

Imagen de cromaconceptovisual en Pixabay

No cometas el mismo error

No cometas el mismo error.

Por sobrevivir económicamente, he antepuesto mi trabajo a la familia. Y me arrepiento de ello.

Hace poco mi hija entró en una crisis de ansiedad y desesperación porque veía su vida vacía y sin futuro.

Una mujer talentosa, llena de vida y de experiencias, que yo nunca he tenido, una mujer que se ve a sí misma como un cero a la izquierda cuando en verdad es toda una genia en proyecto, una mujer que ha pasado por vicisitudes sentimentales que le han marcado la autoestima pero que es capaz de dar lecciones de ética y moral a sus propios padres, una mujer que cae y vuelve a levantarse. Esa es mi hija.

Ahora ve mi apoyo pero no lo tuvo en su momento porque yo no estuve ahí, con ella, cuando lo necesitó. Y no estuve porque me centré en trabajar, creyendo que si llevaba dinero a casa y, de vez en cuando, satisfacía algún capricho, sería suficiente.

Pero era una niña cuando necesitaba hablar conmigo, llorar mirándome a los ojos para que yo la consolara, llamar mi atención para que yo viera que no podía vivir a la sombra de su hermano, mayor que ella, y que ella también tenía sueños y deseos de autorrealización que no se veían impulsados por los estudios ni por su círculo familiar ni de amistades.


Y como yo siempre estaba trabajando no me percataba de sus vacíos ni de sus baches emocionales, creyendo que la figura de su hermano supliría la mía.


Ahora, espero que no demasiado tarde, me he dado cuenta que el trabajo no lo es todo. Que yo, un superviviente, tengo cerca de mí a otras personas a las que arrastro con mis actos pero también a las que marco por la falta de estos: mi familia.


Y ahora, como siempre, aunque ella no lo sabía, la apoyaré en todos sus sueños para que se conviertan en felices realidades.

Por eso te digo que no cometas el mismo error y no antepongas nada a tu familia. La vida es corta, por muchos años que tengas o creas que vas a cumplir. Y la vida de tus seres queridos también. Así que haz que sean plenas sus vidas, llenándolas con tu amor.


Yo me he dado cuenta a tiempo. ¿Y tú?

Ella es mi hija, Estela Tatiana.
Su sonrisa llena mi vida.

                 

Defectos, virtudes y pecados

¿Quieres saber quién puede absorber tu cerebro y quitarte las ideas más rápido que nadie?

¿Quieres saber quién puede absorber el agua de tu cuerpo y quitarte la vida más rápido que nadie?

En los sueños están las respuestas,  mientras que esperas la noche con calma y con la extensión de tu raciocinio perenne.

En los sueños se esclarecen tus miedos diarios, tus traumas vitales, tus obsesiones más recónditas. Se magnifican tus defectos, tus virtudes, y tus pecados más secretos se transparentan.

Fotografía de Iván Fernández Claudet