Acerca de archimaldito

Buscador, eterno e incansable buscador. ¿De qué? Poco a poco lo sabrás.

Mediocridad

La mediocridad impera.
El siempre lo mismo una y otra vez y otra vez y otra vez.

Y la sostienen los egos de los mediocres, el éxito inmediato para ser, poco después, olvidados, pues un mediocre no se distingue de otro mediocre. Son como espejismos de aburrimiento. Conformistas en el rebaño, sin luchar por la excelencia.

Acoplándose a lo fácil, a la moda, a la estupidez del que los contempla.

3, 2, 1


Cuando escuchó la detonación, no pensó que hubiera sido tan cerca. Pero, aún así, corrió y corrió sin mirar atrás, por si le alcanzaba la mala suerte. 

Cuando, a su paso, otras explosiones fueron concatenándose a ambos lados de la calle por la que estaba dejando su aliento y sudor, pensó que ya era una cuestión de casualidades ajenas a su persona.

Siguió avanzando a grandes zancadas, las que le permitían su juventud y su estatura, ansioso de guarecerse en el aparcamiento subterráneo del centro comercial que se encontraba a tres manzanas de su ubicación, y empezó a preguntarse por qué no escuchaba gritos ni sirenas y por qué no había gente huyendo con él ni animales saliendo despavoridos en todas direcciones.

Creyó estar dentro de un mal sueño y que cuando despertara lo haría sudoroso y con falta de aire y, consolado con esa perspectiva, siguió sorteando los cascotes de los edificios estallados.

Y llegó al humo denso e irrespirable cayendo al suelo por la asfixia, cerrando los ojos por sentirlos arder, tapándose los oídos para escuchar su propia respiración, pues del exterior ya no escuchaba más que un pitido continuo y lacerante que eclipsada sus otros sentidos. Rogando que el polvo que estaba en suspensión, y que le iba cubriendo mientras que adoptaba una posición fetal, se convirtiera en purpurina de colores de fiesta y que el radiodespertador lo sustrajera de la desesperanza que estaba invadiendo su psiquis descontrolada.

Y empezó a sentir cómo se ralentizaban sus latidos, cómo su lengua se convertía en un tapón de carne pastosa que no le dejaba tragar la poca saliva que embalsaba en la boca sellada por labios resecos y sangrantes.

Levantó, por última vez, los párpados, antes de apagarse, y no vio más que oscuridad.

Ciego y sordo. Muriendo poco a poco.

Sin poder llorar o gritar.

Tres, dos, uno.

Sé tú mismo

Si el egocentrismo es el disfraz de la inseguridad, el aceptarse a uno mismo es el principal paso para quitarse ese disfraz y mostrarse a los demás con las ideas y las acciones claras, sin ofrecer ocasión a los malentendidos, a las hipocresías, a los engaños. Todo claro, con contundente sinceridad, con amplios, por ilimitados, horizontes de autoconocimiento. Con conciencia de la autoconsideración y autoconfianza.
Dando pasos gigantescos hacia la libertad.

Poema del Aquí me quedo

En un mundo paralelo soy un lelo.
Prefiero quedarme en éste, aunque éste apeste.
Liberando mi mente entre tanto demente.
Resolviendo injusticias, limpiando inmundicias.
Sorteando miserias, ocupándome de las cosas serias.
Descansando cada siete días de las personas con apatía.
Siendo intuitivo en un sistema cautivo.
Ahuyentando desgracias, descubriendo falacias.
Y aún así, resistiendo ante la gente que siempre está mintiendo.
Estando pendiente de lo diferente.
Apoyando a los humanos más sanos, que son como hermanos.
A los que deslumbran, a los que asombran, a los que ríen y se enamoran.
A los que son libres, con una libertad innata.
A los que avanzan y no son gente mansa.
Por todos ellos seguiré en este mundo tremebundo.

Por todos ellos, por locos ellas y ellos, porque su locura atrae mi locura y avanzamos, avanzamos y avanzamos.

En un mundo paralelo soy un lelo, porque en él nada sé ni por nada he luchado.

Quizás sea feliz, quizás viva engañado.

Quizás manipulado, maleado y a todo ello adaptado.

En un mundo paralelo quizás no sea consciente de que existen otros mundos paralelos en los que también estoy presente.

En un mundo paralelo soy tan lelo que fuera como si no existiese.

No sé porque los llaman mundos paralelos si no hay tantos paralelismos entre ellos.

Me quedo, pues, en éste, aunque reviente conmigo en su vientre.

Licras, mallas, calzas, leggins

Veo que te acercas y te plantas frente a mí esperando que te pregunte qué quieres. 

Te observo de arriba abajo y te sientes aludida por mi descaro y desfachatez. 

Qué hago mirando directamente tus muslos ceñidos por mallas de colores extravagantes. 

Qué hago mirando directamente el contorno de tus pechos marcado en tu jersey de cuello alto.

Qué hago mirando directamente tus labios carnosos. 

Te equivocas, como siempre.

Mi intención no es sexualizarte sino fijarme en tus piernas para adivinar si son robustas y te sostendrán cuando te dé la noticia, fijarme en tu pecho para adivinar si tienes buenos pulmones para gritarme cuando llenes tu cabeza de insultos, fijarme en tu boca para lograr vislumbrar la saliva que puede contener antes de que me escupas.

Y es que no sé cómo vas a reaccionar cuando te diga que ya no te quiero.

 

1 de enero

Tengo siempre una sensación extraña al comenzar un nuevo año. La inercia del año anterior no me hace sentir la frontera temporal entre uno y otro. Me planteo un nuevo año no cuando lo dice el calendario sino mi propio aniversario de vida.
No me planteo nuevos proyectos sino que los dejo fluir, siendo fiel a mi espíritu de improvisación.
Sintiendo felicidad si salen bien pero no agobiándome ni negativizándome si salen mal o no salen como yo hubiera querido.
Dejar fluir todo, sin forzar ni mi cuerpo ni mi mente para no malgastar energías que necesitaré para lo próximo que venga.
Pero aún así, necesito unos días de reestructuración interna para seguir adelante.
“Año nuevo vida nueva” no suele ir conmigo. Todo se dará, todo llegará, y si no, me reiré y reiré, para no perder la buena costumbre.
                               1 de enero de 2021.
                   Jesús Fernández de Zayas
                                         “Archimaldito”

Moonwalk

Ésta es una primera edición en español de la autobiografía de Michael Jackson, Moonwalk, publicada en 1988. Recuerdo haberla leído con avidez porque, después de mi familia, Michael era una de las personas más importantes en mi vida. Recuerdo que se publicó después de la gira Bad, a la que también pude acudir en su concierto español en el estadio de fútbol Vicente Calderón.

Este fin de semana fui a casa de mis padres, y allí estaba, en un estante de libros de mi hermano Gerardo, y volví a tocar sus páginas y leer escritas las palabras de Michael que quedan como constancia de su humanidad. Y sentí mucha añoranza. De mis padres y hermanos, de Michael, de mis adolescencia y juventud.

Recordé mis momentos álgidos de jacksonmaniaco, la música que escuchaba, que se centralizaba en torno a él (hasta que conocí a Prince), mis momentos bajos (que él curaba con su música) y toda la gente que he conocido que fuera fan de Michael.

Recuerdo mi emoción al poder colaborar, por primera vez, con mi timidez innata, en lo mínimo que pudiera y me dejaran, en su organización en España de Heal The World For Children, para poder poner mi granito de arena en su misión humanitaria en el mundo.

Todo lo que hago actualmente como artista, o proyecto de artista, tiene algún guiño a Michael (en mi vestimenta, por ejemplo, como sombreros, o guantes de lentejuelas, o gafas de sol, o en mi forma de bailar, etc).

Recuerdo uno de los momentos tristes de mi vida, su muerte, y la depresión que me dio (hasta hace poco no lo he asumido) y los mensajes de condolencia que me enviaron algunos amigos, como si se hubiera muerto alguien de mi familia, porque así consideraban esas personas que era, por lo imbricada que estaba mi vida con la suya (aunque él no lo hubiera sabido nunca).

Ahora no escucho su música, obviamente, tanto como antes, porque siento tristeza. Pero sigo al tanto de todo lo que ha acontecido desde que no está entre nosotros, aunque ya no estoy interesado en su familia, ni en sus discos póstumos, ni en los documentales que siguen intentando denigrar su persona y su legado, ni en los cotilleos.

Solo respeto todo lo que hizo en vida. Como este libro.

Rompecabezas

Mis pulmones funcionan a pleno rendimiento y mi corazón percute con latidos acompasados pero que se vuelven frenéticos cuando mis pensamientos, sentimientos y hechos claman libertad.

Tengo razones para pensar que aún no soy libre y que los embaucadores digitales están aprisionando mi intelecto mientras intentan llevarme por los derroteros del colectivo alienado.

Hay demasiadas señales de desasosiego que me alarman sobre los próximos precipicios. Pero es tan larga la lista de las cosas que tengo que cumplir para mi propia supervivencia que me desentiendo de ellos. Y cuando estoy estable, vuelo, en sueños, o en otras realidades, como la que me hace creer que puedo ser artista o que puedo aportar algo al ingenio humano.

Mientras que llegan las respuestas, grito.

Mientras que llegan las respuestas, respiro controlando el final de otro ciclo, el de la madurez.

Mientras que me hago más preguntas, suavizo los altibajos emocionales con los intentos de resolver el rompecabezas en el que me estoy convirtiendo.