Acerca de archimaldito

Buscador, eterno e incansable buscador. ¿De qué? Poco a poco lo sabrás.

Critica, critica

La crítica gratuita, destructiva e infructuosa está al orden del día.
Si hubiera hecho caso a todas las personas que han intentado hundirme con comentarios despectivos o, lo que casi es aún peor, con la indiferencia o con la mirada por encima del hombro, no hubiera llegado a lo que soy hoy: una persona feliz.
Al principio eran mis pintas, después mi forma poco ortodoxa de cantar, luego que si la gracia la tenía en el culo o si no era un cantautor pues solo versionaba, y mal, canciones que nadie conocía o, por el contrario, manidas, pero, fuera como fuera,  nunca al gusto de todos.

Hasta que llegó el día de hacer oídos sordos a los comentarios y ojos ciegos a los malos gestos y decidí hacer, literalmente, LO QUE ME DABA LA GANA.

Y así empecé a ser considerado como una figura underground, original, dentro de mi poca originalidad, y sorpresiva. Y Archimaldito empezó a ser echado en cuenta y a ser, como he escrito al principio, feliz.

Pero feliz, no por ver alimentado mi supuesto egocentrismo, sino porque me di cuenta que daba felicidad, aunque fuera a unos pocos.

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El sistema en el que estamos inmersos, donde prima la productividad sobre la persona que produce, que está inmerso en un estado materialista agudizado por los nuevos paradigmas personales en los que triunfan el egoísmo y el «sálvese quien pueda».
El estado de las cosas en que se trata al ser humano como una máquina de hacer dinero, en el que el engranaje del beneficio inmediato hace olvidar que el prójimo no es un robot sin sentimientos, ni pasiones,  ni vida propia.
Los nuevos medios de comunicación, que han reducido drásticamente la duración de los contenidos para que todos sean de consumo inmediato, porque las audiencias no tienen tiempo que perder y así el tiempo que les sobra sigan consumiendo otros contenidos audiovisuales o para que sigan invirtiendo dinero en el sistema que los envuelve, gastando en comida y artículos de consumo.
Todo es intentar llenar una vida en el que el tiempo pasa rápido, en la que, algunas veces, la vaciedad la llena toda.
Por eso, y mucho más, se están despersonalizando las relaciones.
Eres un robot con disponibilidad 24 horas 7 días a la semana, no tienes familia, ni altibajos emocionales ni físicos. Tienes que estar disponible, dispuesto y sonriente.
Las desdichas del prójimo te la «refanfinflan» porque es el prójimo el que tiene que escuchar tus miserias.
Ese egoísmo se traslada al nivel profesional donde solo vale hacer caja, o conseguir poder, para sentirte importante y para sobrevivir pisando a los demás.
Con lo fácil que es tratar a los demás como quieres que te traten a ti.
Pero es una fórmula, para la felicidad,  tan sencilla, que no parece real y, por eso, muchos la desestiman.
Si has llegado hasta aquí leyendo es que te importa lo que opinan los demás y no eres de los que se miran su propio ombligo pensando en que has perdido el tiempo absorbiendo la sabiduría de los demás en vez de hacerte un «selfie» que te lleve a tener más seguidores en cualquiera de esas redes sociales que engrandecen el individualismo.

KITAI

Kitai es, sin duda, una de las mejores bandas de este país. 
Tengo, a mis espaldas, muchos años de escuchar música en la radio, en discos de vinilo, en cintas abiertas y en cintas de cassette, en CD y en formatos digitales, y de ver y escuchar, en directo, a much@s artistas, algun@s de ellos grandes iconos de la cultura universal.
Mis gustos, subjetivos, mandan en mis consideraciones estéticas, pero no siempre juegan un papel importante en mis elecciones, sino los contenidos, los objetivos subliminales de las obras, y esos nanosegundos de felicidad absoluta que, a veces, acaban estallando en un clímax emocional profundo que pueden llegar a prolongarse horas, días, incluso una vida entera.
Puedo contar, con los dedos de mi cuerpo, los artistas que logran llevarme a ese estado. No los voy a nombrar aquí, para no herir susceptibilidades de los que no estén en ese grupo de nominados. Solo puedo decir que Kitai son unos de ellos.
Está cercana la fecha del lanzamiento de su nuevo proyecto y creo que, cuando lo asimile en mi conciencia, me daré cuenta de que no me desdiré de nada de lo que he escrito anteriormente.

San Sin Son

Sin palabras. Solo colores. Solo calores, los de las sonrisas.
Sin miedos. Sin medios, los de las risas.
Sin desánimo. Eso da ánimo.
Sin sentido del ridi ni del culo.
Sin Sin Nati. No conozco a ninguna Nati (curioso, ¿no? No).
Sin tiempo para pensar en el tiempo, que se me va Sin pensar.
¿No era «sin» pecado en inglés?
Bueno. No sé pecar, así que no importa.
Lo importante es lo portante, y yo solo sé portar una cosa: mi son risa.
Misión Risa.
Mi son: la risa.

(Nota: A veces entristezco, por falta de energía interna para sonreír, o para reír, pero intento que se me pase pronto, aunque me pongo muy serio para lograrlo.)

Lo de Archimaldito venía al lado de la fechadecaducidad. Pero esa es otra historia.

#archimaldito

No

No soy queer, no soy gay, no soy bisexual, no soy heterosexual.

Soy humano.

No me clasifiques en nada. No me juzgues. No me ignores.

Mis actos y mis pensamientos me hacen grande.

Vuestros actos y vuestros pensamientos os hacen grandes.

Muchapepper, con la genialidad de Patax y mi adorada Pepper Solana ponen voz a lo que muchos deseamos: el fin de los prejuicios.

#diversidad #pluralidad #libertad #noalosprejuicios

Te amo

No soy mucho de hablar de mi vida privada en público o en las redes sociales. Bueno, ni mucho ni poco: nada.

Pero hoy me ha dado por dedicar esta publicación a la persona que lleva conmigo 28 años.

No es su cumpleaños ni es nuestro aniversario de boda.
Simplemente quiero manifestar que la amo.

Ella es, sin duda, mi mejor amiga, porque quién sino aguantaría mis altibajos emocionales, mis dudas existenciales, mis eternas niñerías.
Quizás, sino hubiera estado con ella en este camino de vida, no habría aflorado Archimaldito porque…

… ella aguanta mis excentricidades.

… ella me apoya en mis locuras.

… ella participa en mis pasiones.

… , aunque no coincidida conmigo en muchos ideales, creencias y acciones, con ella me siento libre.

Te amo, Sofía Isabel Claudet.


Nota: Sofía es la camerawoman de este vídeo. Ella no sabía para qué lo estaba grabando.





A mis lectores

A todos mis lectores, disculpadme.

Disculpadme por mi inactividad en el blog.

Mi vida ha cambiado últimamente y urge sobrevivir y buscar a dónde agarrarse para no hundirse en el abismo de los pensamientos oscuros.

Pero no creáis que no sigo escribiendo. Claro que sí.

Ese es uno de los motivos por los que he ralentizado mis publicaciones en archimaldito.com.

Me estoy dedicando a escribir, cuando mi vida laboral y familiar me lo permiten, participando en concursos literarios cuyo premio sea económico. Como una de las normas es que el texto, o los textos, no estén publicados, previamente, ni en formato físico ni en Internet, pues entonces lo que escribo no puede estar en mi blog.

Estoy publicando, muy poco a poco, los relatos que no lo han logrado, o sea, que no han sido premiados ni mencionados.

Pero bueno, cuando la inspiración me deje no ceñirme a las bases de estos certámenes, publicaré alguna cosa.

Saludos, en el más estricto sentido de la palabra, pues eso es lo que os deseo, mucha salud en este tiempo de Pandemia.

Sed buenos.

                    Jesús Fernández de Zayas
                                          «Archimaldito»

Marciana

Tenían que poner a punto los sistemas de oxigenación a partir de piezas que habían estado llegando en las sondas meses atrás.
Con poco tiempo para comer y dormir, los trabajos avanzaban y se cumplían los plazos planeados por la Central. Pero no se acostumbraban a la nueva noción del tiempo, tan distinta.
Desde que llegaron, tenían en mente que habían venido al nuevo mundo para dejar atrás los errores que se habían cometido en el planeta madre, La Tierra.
Y una mañana de invierno sin nieve, se reunieron todos en la base-muelle y la Comandante les recordó que aquel día fue un día especial en el punto azul que veían en el horizonte. Y alguien rompió a cantar un viejo villancico, y otros empezaron a bailar, torpemente, todo lo que les permitían sus escafandras de aislamiento.
La Navidad en Marte. No era mala idea.

Flama

Photo by Dean McClelland from FreeImages

Llama. A no ser que veas lances continuos entre extraños.
Bebisteis de manera compulsiva, y perdisteis la vergüenza y la memoria.
Llama y grita, a ver si alguien te escucha.
Tropezaste tantas veces que los cardenales eran parte de tu piel, que no maquillabas para no parecer simple.
Gira sobre ti misma, abriendo los brazos como si volaras.
Luego, llama. Pero no llores, no vaya a ser que caigas en un bucle continuo de ahogo premeditado,  pues ya sabes que dicen que el suicidio no está permitido y serías mal vista hasta que mueras por causas naturales.
Hártate de disciplina y lee un poco cada día, para descubrir mensajes ocultos en libros de hojas amarillentas, que están siempre descatalogados.
Y después, bueno, no hay después.
Hayas o no hayas aprendido la lección, quítate el peso de encima,  que para eso te has vacunado contra la desesperación.
Gracias. Pero llama. A mí o a quien sea.