Liberación

Me vino a la memoria. Y la rechacé de plano. No quise revivir lo sobrevivido. Era demasiado doloroso. 
Preferí que siguiera borroso, desenfocado, diluido. Que desapareciera en la penumbra de mis recuerdos más lejanos, los más profundos, los que siempre me negué a rescatar. 
Sentí que así te liberaba. Y que no existías. Ni tú ni tu ternura.

 

 

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Ensortijados

Cada vez que la miraba a los ojos más se convencía de que les quedaba poco tiempo de estar juntos, pues ella rehuía su mirada justificándose con cualquier distracción del paisaje, y el traqueteo del tren no era suficiente para eclipsar sus síes y noes ante las preguntas intrascendentes que surgían del aburrimiento.

-Bien por ti. Bien por mí.  Bien por ambos, pues ambos nos tenemos.

Y la ausencia de reacción demostraba que el fin estaba próximo.

– Te echaré mucho de menos. No sé tú a mí.

Y la ausencia de emoción clarificaba que uno de ellos era el perdedor en la relación fallida.
Solo el pestañeo incontrolable, el obligado trago de saliva y el desgaste en las palabras, por repetitivas, liberaban la tensión del interminable silencio incómodo.

-Me enseñan sus billetes, por favor.

La diplomacia ante el extraño.
Y después, la desesperación.

-¿No me vas a decir nada? ¿Crees que te voy a dejar bajar en la próxima estación sin saber por qué ya no me hablas como antes, por qué ya no me miras como antes, por qué ya no me quieres…?

-¿… cómo antes?- completó ella, impertérrita, retirando la mano que él acariciaba con un roce de energía inservible.

Ella se levantó para dirigirse a la portezuela de salida del vagón.

Él contempló, por última vez, su espalda bañada de precioso cabello ensortijado.

Y se perdonó.

 

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Ambiente

El ambiente, lleno de líquido enloquecedor aunque a algunos les pareciera enriquecedor.

El calor, lleno de lujuria en cada cruce de miradas.

Y allí estaba yo, fuera de lugar, como siempre. Y mis amigos burlándose de mi desánimo y de mi apatía. Y es que estaba ya aburrido de tanto amor libre y de tanta palabrería utópica y desenfrenada. Sabía que siempre hablaban por hablar. Para llenar sus vidas vacías, para vaciar sus vidas llenas. 
Y a punto de marcharme de la fiesta apareciste tú. 
Despreciándolos a todos. Poniendo caras neutras ante sus gracias, que solo a ellos hacían gracia.
Y me quedé para observarte. En la distancia que nos separaba, una pista de baile de cuerpos caóticos.
Tú quieta. Yo quieto. Tu quietud, mi liberación. Cada uno de tus tragos, mi hipnotismo.
Nunca haría nada por conocerte. No quería romper la magia efímera de mi descubrimiento. Solo supe, con certeza, que jamás podrías amarme. Pero tampoco podrías vivir sin mí. Porque en cuanto volviera a la realidad, la que me abrasaba con su artificialidad, desaparecerías de mis deseos, de mis sueños de libertad, de mi imaginación sin contaminar, de mi vida.

Y al no soñarte, no existirías. 

Otra vez.

 

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Y lo siguiente

 

Y lo siguiente, ¿qué sería?

¿La humillación, por no poder tenerla nunca?

¿La transgresión, para luchar por su amor?

¿El desamparo, el azote de la soledad?

¿La invasión de los miedos?

¿La inapetencia, la depresión, el abandono de sí mismo, la huida?

¿El no ser por no ser de ella?

¿El no querer ser de nadie más?

 

Y lo siguiente(Fotografía: © Jesús Fdez. de Zayas “Archimaldito”)

 

Ombligo

Escapo del infierno de tus ojos para caer en las arenas movedizas de tu boca.

No es que seas una trampa, es que eres un peligro para mis sentidos, pues al final caigo voluntariamente en tus excesos, los de personalidad, los de hermosura, los de tu inquietante ternura.

Y, sin embargo, tú me sigues mirando insultante, creyendo que acaparas el mundo porque te crees su ombligo. Me desprecias y me desesperas a partes iguales, porque has asumido que te amo y que puedes ningunearme a tu antojo, pero he de decirte que aún no he asumido mi papel de esclavo reprimido. Mi ama. Ama.

Ámame tú también.

 

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Cinco dedos

Tus cinco dedos abiertos que van a marcar mi rostro con tu odio. Aunque lo enmascares con algo que dices que es amor.

Y cuando el paso del tiempo borre las huellas de tu insulto, éste quedará indeleble en mi corazón.

Cierro los ojos y aguanto la embestida de mis lágrimas, para que me veas fuerte, para que creas que no me importa.

Y luego volverás, como siempre, a pedirme perdón.

Y tendré que claudicar, autoconvenciéndome de que mi amor curará las heridas, insuflándome ánimos con la esperanza de que algún día cambiarás.

Consolándome, porque creo que nunca llegarás a matarme.

 

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De Amor y Des Amor

Siempre escribiendo sobre el Amor y me olvido de que ya no amo.

Me he olvidado del desamor para escribir qué es lo que amo.

Aún con el corazón vacío del sentimiento, bombeando sangre helada, alimentando una vida rota, tan desesperadamente larga cuando es tan corta.

Necesitando volver a amar para no escribir sobre ello, para no tener tiempo de hacerlo.

Para no escribir y sí decir uno o miles te amo.

 

roses-on-my-grand-piano-1310847(Fotografía: Roses on my gran piano, de Am Y.)