De 6:33 a 6:44

Eres la traición a mis sentimientos.
La patada a mis rutinas.

Eres la inquietud en mi desdicha.
La raíz cuadrada de mis deseos.

Eres la ilusión engañadora de mi destino.
La porción de mis días limitados, finitos.

Eres el querer y no poder.
El tratar de sonreír.

He de reabrir la realidad humilde,
y aceptaré que mi cuerpo, no, mi alma, no, mi espíritu y circunstancia, son tuyos más que míos, y que alimentaremos los días y noches infinitos de nuestro amor inverosímil.



(Escrito de 6:33 a 6:44 del día 15 de agosto de 2026, mientras esperaba al milagro de la inspiración para el comienzo de una novela nonata).

Fotografía por Archimaldito

Llano Ya No

Ya no me tocas.
Rehuyes mi mirada.

Ya no me hablas.

Te molesta que te diga Amor.
No soportas mi presencia.
Siempre te vas cuando aparezco.

No contestas mis mensajes.
No cambias el gesto de tu rostro cuando me ves en la distancia.

Cualquier comentario te molesta.
Ahora echas el pestillo cuando entras  al baño.
Parece que estalla tu ira cuando pregunto cómo te ha ido el día.

No me despiertas con un beso, como hacías antes, cuando marchas al trabajo.

Apagas la radio cuando la enciendo.
Cambias de canal en la tele cuando notas que algo me está interesando.

Nunca nunca nunca me piropeas.
Ya no me regalas nada.

Friegas solo los cubiertos y platos que has utilizado.

Llenas el carro en el supermercado pero no me relevas para empujarlo.

Tengo la sensación eterna de que hablo con las paredes.

No aprietas mi mano en el cine, ni paseando, ni durmiendo.

Estando contigo, me siento solo. Y perdido.

Va a ser

Va a ser que no me haces caso cada vez que te digo que te quiero.
Va a ser que te miro a los ojos cuando me hablas y rehúyes los míos.
Va a ser que te toco una mano y la retiras.
Va a ser que soy como soy y te burlas de mí o, peor aún, me desprecias.
Pero tenme en cuenta cuando no haya nadie que te diga que te quiere, o nadie que te mire a los ojos, o cuando no sientas ninguna caricia en el final de tus días y nadie toque la magia de tus arrugas.

Imagen de congerdesign en Pixabay

Por ahora

Por ahora voy a seguir contigo.
Por ahora voy a seguir mirándote a los ojos cuando te hable.
Por ahora voy a respetar tus opiniones, aunque no las comparta.
Y no me reiré de ellas, aunque te merezcas mi burla.
Y no se me escaparán los ojos hacia tu escote, para demostrarte que admiro tu cerebro.
Y aguantaré tus monsergas sobre mi forma de ser, y tus histerias de cómo te arrastran mis ridiculeces ante los demás, haciéndote sentir una profunda vergüenza ajena.

Imagen por Lisa Runnels en Pixabay

Miedos medios

Tengo tantos miedos que me enternezco con los valientes.
Tengo tantos medios que me asombra estar entero.
Y la desdicha, que no es más que dicha en negativo, me hace reír y llorar a partes iguales, cuando es verdad que encuentro mis partes.
No voy de gurú, ni vengo con un soy más que tú.
Pero aquí estoy para que mires,
así soy para que oigas,
así todo lo doy para que de mí no te olvides y puedas recordar cómo espanté tus sombras.
Tengo tantos miedos que el que más temo es no acordarme de ellos.
No saber quién soy o no recordar tus destellos.

(Texto escrito en colaboración con Estela Tatiana Fernández Claudet «Monami»)

Fotografía propia: Radiador de luz infrarroja.

Querido odiador

Querido odiador:

Creo que usted me desprecia como artista y, si no es así, por lo menos sé que usted se burla de mi arte.
Pero ya sabe, todo es subjetivo. Desde que le conozco, me ha dado usted muestras gestuales y verbales de lo dicho anteriormente.
No pretendo que acepte que yo soy un artista, pero sé que doy felicidad a algunas personas con lo que hago. Solo pretendo eso. Nada más.
Tengo ya una edad en la que el egocentrismo lo dejé atrás, aunque pueda parecer, por mis vestimentas y excentricidad de carácter, lo contrario. Cada vez que usted se ha burlado de mí, he sacado más fuerzas para seguir haciendo lo que hago con pasión. La pasión, el amor por el arte, y la felicidad del prójimo es lo que me mueve.
Aunque a usted le pese, existo, y seguiré subiéndome a un escenario allá donde me permitan hacerlo, para expandir positivismo allá donde voy.
Nunca he tenido ocasión de manifestarle todo esto en persona, pues siempre le he considerado una persona poco accesible. Como soy escritor, aprovecho este medio, el de la escritura, para manifestarle mi pesar por su trato hacia mí. Pero bueno, yo seguiré respetándole aunque usted no me respete. Cuídese mucho y sea feliz. Y no se preocupe, que no le molestaré más. Haré, cuando me encuentre con usted (que estoy seguro que ocurrirá muchas veces) como si no existiera.
Quizás sea ese el peor castigo para un odiador como usted: la indiferencia.

Reciba un cordial saludo, de este, su humilde odiado,

Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito»