Trémulos

Temblar para dejarse acariciar.

Acariciar para hacer temblar.

Siempre con los ojos cerrados,

si hay luz.

Siempre con los ojos fijos en un punto,

si está oscuro.

Notando cómo me atropella tu calor.

Atropellando tus oídos con mis susurros.

Sudando y temblando al unísono.

Con un único sonido en tu garganta.

Incomprensible pero cierto.

Proveniente de eso que llaman Amor.

 

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Sin Cyrano

¡Hermosa mía! Te tengo dicho, muchas veces, que el narizota no está conmigo y que entonces no me siento obligado a escribirte bellas palabras. Ni tampoco a decírtelas. Para qué. Si es al final mi peculio lo que te convence. Más que mi bella cara o mi prominente masculinidad. Tampoco tienes tú ni verbo ni labia. Ni herencia ni dote. Ni sapiencia ni lujuria. ¡Vayamos pues al tema! El frenesí instantáneo bien lo merece.

 

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De primer plato

 

Pásame la receta de tu amor,

que con su sabrosura estoy entusiasmado.

Explícame tus trucos, 

que con tus salsas quiero hacer un mano a mano.

Déjame que pruebe cómo me cocinas.

Pídeme poner al fuego 

un minuto de mi tiempo.

Enciende mi horno.

Y prueba, con tu cucharita,

si estoy en mi punto…  

                                                            … para  comerte.

 

Tasting

¡Qué suerte!

¡Qué suerte poder reflejarme en tus ojos!

¡Qué suerte poder entrelazar mis dedos con los tuyos!

¡Qué suerte poder rozar nuestras pieles!

¡Qué suerte poder reír con tu risa!

¡Qué suerte poder llorar con tu llanto!

¡Qué suerte poder estrecharnos en un abrazo!

¡Qué suerte poder oler nuestros cabellos!

¡Qué suerte poder intercambiar nuestros alientos!

¡Qué suerte poder poner al rojo vivo nuestros labios!

¡Qué suerte poder electrizarnos con nuestros sexos!

¡Qué suerte poder amarnos hasta el infinito!

Pero sobre todo, qué suerte,

¡Qué suerte ser tuyo!

Hermafromicro

Creo que un reto para el escritor es hacer reír, tanto como hacer llorar. Y otro reto, bien distinto, es sugerir todo lo concebible sobre las relaciones sexuales, sin caer en la vulgaridad de la simple descripción del acto sexual o en el atajo fácil del relato pornográfico.

El erotismo, que ensalza la sensualidad, la sexualidad y las capacidades de atracción entre los seres humanos es, en sí, un Arte, en todas las concepciones posibles de este término. Y en la Literatura, el artista, el creador, el autor, que hilvana palabras para llevarnos a la trascendencia, aporta toda su sabiduría para lograrlo.

Carme Barba es una gran escritora de Literatura Erótica, y yo, en mi osadía de confabularme con ella para fundir mis fotomicrorrelatos con su sapiencia en el manejo de la sugerencia sensual, le propuse una colaboración.

Y la colaboración es fructífera pues el HERMAFROMICRO (término de nueva creación salido de la explosica creatividad de Carme) alcanza el corazón, la mente y el sexo de nuestros lectores.

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