Mechón

El mechón rubio tapaba su ojo derecho. Durante un tiempo lo dejó caer sobre ese lado de la cara porque decía que así iba a la moda. Pero se dio cuenta que lo que se llevaba en ese momento era la indiferencia, el egoísmo, la soberbia. De los demás ante ella. De ella ante los demás. Y con su desprecio llegó la decisión de dejar caer todo el flequillo sobre la cara, ocultando ambos ojos, para que cuando los observara a través de la cortina de pelo no vieran su mirada punzante, embajadora del odio que hervía en sus entrañas.

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Pareja

Tampoco hoy.

Tampoco mañana.

Como tampoco fue en el pasado nunca.

Asumir que tengo tan poco que dar a nadie.

Ni mi corazón lo ofrece ni mi mente está por intentarlo.

Me tildan de egoísta.

Yo me aplico el sambenito de lobo solitario.

Que ronda por la vida sin necesitar a nadie y que la acabará sin echar de menos a nadie.

Me describen como un ser amargado. Y no les quito la razón, pues me amarga la misma existencia, a la que mis padres me lanzaron sin pensarlo, sin reflexionar sobre mi futuro cuando ellos me faltaran.

Él.

 

Los trazos de amargura se difuminaban en su alma ilusionada. No cabían en ella nuevas pretensiones que sabía incumplidas de antemano. Germinaban, sin embargo, los pellizcos de emociones hasta entonces desconocidas. Y haber conocido a esa persona que había logrado hacerle olvidar sus desórdenes internos, más del corazón que de la mente.

 

Cuando me digas que me quieres.

Cuando me hables de nuestros recuerdos.

Cuando me toques y yo te deje hacerlo.

Cuando me mires, sin reírte, o sin llorar.

Yo te preguntaré cuándo.

Sobre vivir, te hablaré mientras sobrevivo.

Ella.

Pareja