La muchedumbre gritaba, clamaba, arremetía contra los que provocaban las injusticias más infames. Y, mientras, la mansedumbre aplaudía, acataba, ensalzaba a los que oprimían a los justos, a los que hurtaban las libertades de los humildes, a los que socavaban la Armonía de lo cotidiano.
No tengo derecho a tocarte. No tengo derecho a mirarte a los ojos ni, menos aún, a recorrer tu cuerpo con mi imaginación. No tengo derecho a hablarte ni, menos aún, a susurrarte palabras que considero hermosas. No tengo derecho a creer que eres mía. Tengo el deber de respetarte, de echarte de menos cuando no estás conmigo, de liberarte de tus miedos y ansiedades, de protegerte y cuidarte. Pero no porque hayas decidido acompañarme en el camino de la vida, sino porque, contrariamente a lo que tú pudieras creer, la verdad es que adoro la soberbia de tus matices.
Siento el dolor. Siento el calor. Siento el temor. Y aún así, me mantengo firme. Sin ganas de irme. Sin lograr que te vayas. Y cuando menos me lo espere, sentiré la plenitud. Dejaré de sucumbir a la barbarie de los daños de lo gris, de lo insulso, de lo estancado y negativo. Y estarás aún conmigo. Apoyándome en la lucha por avanzar. Por estremecer las desarmonías del prójimo. Vitalizando el derrame de lo eterno, la victoria de lo sencillo. Aclamando y celebrandola actitud del cambio. Desarmando la aptitud de lo mediocre, de lo oscuro y anodino. Volviendo al origen de lo lumínico, radiante y brillante. Para vivificarnos y darnos nuestra razón de ser, del como tiene que ser. Porque alguien, con más poder que nosotros, lo dijo y lo predijo. Y ahora, aunque estemos amparados en la esperanza, seguimos vibrando en los colores de la Armonía. Seguimos amando en la esencia de lo bello e imperfecto. Tú y yo, y la Luz.
En mayo del año 2016, mi hija, que por aquel entonces tenía 13 años, me pidió que la acompañara a la Expomamanga de Madrid. La condición para poder pasar gratis era ir caracterizado como algún personaje del universo Manga. Yo, ajeno a ese mundo, acepté la sugerencia de ser Nobita, porque no quería esforzarme mucho, ni artística ni económicamente, para conseguir los complementos para la transformación en este personaje. Y la aceptación, cuando recorría los pasillos del pabellón de IFEMA donde tuvo lugar el encuentro, fue espectacular. Cada dos por tres, los orientales que visitaban el lugar querían fotografiarse conmigo, un fotógrafo profesional, que resultó trabajar para Getty Images, me inmortalizó para siempre, las chicas y chicos alucinaban conmigo y, de paso, acompañaba a mi hija en el conocimiento de este universo paralelo. Quién me iba a decir a mí que aquella ocurrencia, con mis cuarenta y nueve años, se iba a prolongar en el tiempo a base de grabaciones de vídeos y fotografías para las redes sociales. Ahora, cuando estoy escribiendo esto, tengo cincuenta y cinco años, y estoy a punto de prolongar en el tiempo, la leyenda de Archinobita.
Debería quejarme menos y escribir más. Dejar de llenar mi boca de palabras insulsas, sin sentido, cuya única finalidad es el quedar bien ante los demás, y armarme de paciencia, talento y rebeldía para atacar al Sistema y a todos los que adoran sus templos de intelectualidad y basura mediática. El mundo se merece un revulsivo para seguir evolucionando, y cuando me refiero al mundo me refiero al planeta, a la Tierra que nos ve nacer y morir cíclicamente, y también me refiero a la masa de humanos que corrompen la armonía del Universo. Debería llenar hojas y hojas y hojas con palabras hirientes, que invocaran la conciencia de la especie primigenia, antes de que sea demasiado tarde y los quejumbrosos habitantes de las civilizaciones fallidas se hundan en la miseria ética y moral, antes de que desaparezca el inmerecido estado de bienestar que idolatran todos los que sabotean las leyes del amor, respeto y tolerancia hacia lo ajeno. Debería mandar a paseo a los gurús económicos y financieros, a los políticos calentadores de poltronas, a los medios de comunicación incomunicadores, a los falsos profetas de lo perennemente bello. Debería escribir y dejar de quejarme a los oídos sordos, a las voluntades inconexas, a la barbarie de la desidia. Tengo tiempo. Toda una vida y las siguientes en las que no creo. Y después de escribir las palabras, las gritaré. Y las actuaré.
Levantarse cada mañana con ánimo para llevar a cabo todos los proyectos personales y profesionales. Por muy temprano que sea, por muy oscuro que sea el panorama, por muchos obstáculos que me pongan en el camino… sigo adelante. Por un día de brillo y color continuo. Seguro que mañana volveré a sonreír.
Buscando recovecos insospechados en los que presumir de intimidad. Ese otro mundo sin descubrir. Cuando creí que lo tenía a mi alcance, cambié de rumbo.
Israel, estado genocida, es boicoteado, aunque de manera poco contundente, porque sus gobernantes asesinos no atienden ni a razones ni a palabras ni a gestos. Boicoteado por el gobierno español, no asistiendo a actos culturales globales como Eurovisión, o permitiendo actos violentos o desestabilizadores contra sus participantes en eventos deportivos como la Vuelta Ciclista a España. Todo ello permitido, aplaudido y ensalzado por las llamadas corrientes y fuerzas progresistas españolas. Los gobernantes de Estados Unidos de América han atacado, también, ilegalmente, naciones soberanas como Venezuela e Irán, y amenazado la perjudicada y tambaleante paz mundial con probables, o posibles, invasiones a otros estados y naciones soberanas. El Campeonato Mundial de Fútbol se llevará a cabo en junio de 2026 en Estados Unidos de América, Canadá y México. ¿Por qué no se boicotea, de igual manera, o de forma más contundente aún, a los EE. UU.? El dinero, los lobis de diferente ámbito y color político presionan para que no se haga nada al respecto.