¡Ay, la pena negra de la bella Yerma!
¡Ay, el Camborio de mis azucenas!
No sé si es cante o es poema, pero es jondo.
Ay, que tenía que haber dejado que me dejaran ser quien era.
No hay peor desesperación que la piedad bien hecha.
Que si a quién amo, a quién escribo, a quién engaño con mi obra maltrecha.
Soy Federico, señor, el de Fuente Vaqueros, no tenga la mirada estrecha.
Sepa que he escrito lloros, poesía y dramas de amplia cosecha.
Pero nadie sabe dónde estoy desde que decidieron que debía irme de las tierras de vino y arte, de cante y luna libre, de la sangre el caballo y el toro.
¡Ay, Ignacio Sanchez Mejías, si hubiera sabido que te seguiría allá donde fuiste!
¡Ay, que quiero ser uno de los sueños de mi Dalí! ¡Ay, Salvador, sálvame de su incultura!

Turó Parc, Barcelona, 1925








