Feo

Siempre me he creído un hombre feo.
Hasta que llegó el momento de no importarme mi físico.
Y ahora estoy contento con lo que soy y cómo soy.
Y ya no me veo tan feo. Porque la belleza siempre está en otro sitio.
Y aunque en esta foto estoy muy serio, lo que más me gusta es sonreír y que me sonrían. Porque la sonrisa, y la risa, son un tipo de luz en nuestras vidas.

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Como persona, como artista, como profesional

Es tiempo de pensar en mi evolución. Como persona. Como artista. Como profesional.
Haciéndome ver, a mí mismo, que sigo sin ver, que estoy ciego o muy miope en lo que al autoconocimiento respecta.
Que cada vez que levanto los párpados, cada mañana al despertar, se muestra otro nuevo mundo externo a mí, que no estaba ahí antes, porque antes yo también era distinto, que mi mundo interno acaba de resurgir desde la negrura de mi conciencia apagada durante unas horas. ¡Qué equivocado estoy siempre! ¡Qué iluso soy siempre!
Y por ello vuelvo a pensar en el renacimiento durante lo que me queda de día, durante lo que me queda de vida, en esta vida, y sonrío, por si no fuera la última.

 

Fotos: Archimaldito.
Los mundos que caen y vuelven a caer, o que resurgen desde la oscuridad del desencanto.

Pinturas: Archimaldito.
Pintura en spray negro mate sobre madera blanca.

Dedoslargos

Golpeó unas cuantas veces en la cara, con el puño cerrado, para provocar que reaccionara, pero no lo consiguió. Sin embargo, las percusiones incrementaron el dolor del tirón del cuello y, solo por eso, se detuvo.

Se lo masajeó mientras observaba, esperando que abriera los ojos en cualquier momento. En vano.

Sentado en el suelo, junto con el cuerpo inerte del otro, temiendo que alguien pudiera aparecer y que el callejón dejara de ser un lugar solitario. Temiendo que el que apareciera lo tomara por autor del presunto crimen.

Y se observó los nudillos de su mano derecha, huesuda, alargada y fina, y se dijo que los pianistas no deberían realizar aquellos trabajos sucios.

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Quiéreme

¡Mírame!

¿Por qué?

Solo quiero que me mires.

 

¡Sonríeme!

¿Por qué?

Solo quiero que me sonrías.

 

¡Bésame!

¿Por qué?

Solo quiero que me beses.

 

Y así, poco a poco, haciendo caso de la imagen que estaba al otro lado del espejo, empezó a quererse.

Y así, paso a paso, empezó a recuperar su estado de felicidad.

 

 

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Cíclico

Se quedaba mirando el paisaje del cuadro durante horas.

Buscando los recuerdos reconocibles. Recorriendo las pinceladas e intentando reiniciarlas con el movimiento de los ojos.

Abstrayéndose en los colores y comparándolos con los de la realidad tergiversada por el paso del tiempo.

Contando las veces que había visto el marco cambiado a la par con las modas efímeras.

Y esta vez una imperceptible sonrisa cambió su semblante, al visualizar, en segundos, los rostros de todos sus dueños, a través de las generaciones de la familia que lo había adoptado.

Y frunció el ceño para cumplir el ritual de conocer a su nuevo propietario, el que se haría cargo de él hasta su muerte.

Giró sobre sí mismo, enfrentando sus ojos, para decir, como otras tantas incontables veces.

-Me da igual que me sustituyas. Me da igual que prefieras a otro. Pero si prescindes de mí, déjame llevarme esta pintura a mi próximo destino. La podrás recuperar cuando me retiren. O quizás tus descendientes.

El niño señaló más allá de su espalda, para incitarlo a volver la vista.

-¡Qué maravilla! ¡Mira que sol tan azul!

 

sol azul

Trémulos

Temblar para dejarse acariciar.

Acariciar para hacer temblar.

Siempre con los ojos cerrados,

si hay luz.

Siempre con los ojos fijos en un punto,

si está oscuro.

Notando cómo me atropella tu calor.

Atropellando tus oídos con mis susurros.

Sudando y temblando al unísono.

Con un único sonido en tu garganta.

Incomprensible pero cierto.

Proveniente de eso que llaman Amor.

 

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