Siento el dolor.
Siento el calor.
Siento el temor.
Y aún así, me mantengo firme.
Sin ganas de irme.
Sin lograr que te vayas.
Y cuando menos me lo espere,
sentiré la plenitud.
Dejaré de sucumbir a la barbarie de los daños de lo gris, de lo insulso, de lo estancado y negativo.
Y estarás aún conmigo.
Apoyándome en la lucha por avanzar.
Por estremecer las desarmonías del prójimo.
Vitalizando el derrame de lo eterno,
la victoria de lo sencillo.
Aclamando y celebrando la actitud del cambio.
Desarmando la aptitud de lo mediocre, de lo oscuro y anodino.
Volviendo al origen de lo lumínico, radiante y brillante.
Para vivificarnos y darnos nuestra razón de ser,
del como tiene que ser.
Porque alguien, con más poder que nosotros, lo dijo y lo predijo.
Y ahora, aunque estemos amparados en la esperanza,
seguimos vibrando en los colores de
la Armonía.
Seguimos amando en la esencia de lo bello e imperfecto.
Tú y yo, y la Luz.









