Pareja

Tampoco hoy.

Tampoco mañana.

Como tampoco fue en el pasado nunca.

Asumir que tengo tan poco que dar a nadie.

Ni mi corazón lo ofrece ni mi mente está por intentarlo.

Me tildan de egoísta.

Yo me aplico el sambenito de lobo solitario.

Que ronda por la vida sin necesitar a nadie y que la acabará sin echar de menos a nadie.

Me describen como un ser amargado. Y no les quito la razón, pues me amarga la misma existencia, a la que mis padres me lanzaron sin pensarlo, sin reflexionar sobre mi futuro cuando ellos me faltaran.

Él.

 

Los trazos de amargura se difuminaban en su alma ilusionada. No cabían en ella nuevas pretensiones que sabía incumplidas de antemano. Germinaban, sin embargo, los pellizcos de emociones hasta entonces desconocidas. Y haber conocido a esa persona que había logrado hacerle olvidar sus desórdenes internos, más del corazón que de la mente.

 

Cuando me digas que me quieres.

Cuando me hables de nuestros recuerdos.

Cuando me toques y yo te deje hacerlo.

Cuando me mires, sin reírte, o sin llorar.

Yo te preguntaré cuándo.

Sobre vivir, te hablaré mientras sobrevivo.

Ella.

Pareja

 

 

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Cíclico

Se quedaba mirando el paisaje del cuadro durante horas.

Buscando los recuerdos reconocibles. Recorriendo las pinceladas e intentando reiniciarlas con el movimiento de los ojos.

Abstrayéndose en los colores y comparándolos con los de la realidad tergiversada por el paso del tiempo.

Contando las veces que había visto el marco cambiado a la par con las modas efímeras.

Y esta vez una imperceptible sonrisa cambió su semblante, al visualizar, en segundos, los rostros de todos sus dueños, a través de las generaciones de la familia que lo había adoptado.

Y frunció el ceño para cumplir el ritual de conocer a su nuevo propietario, el que se haría cargo de él hasta su muerte.

Giró sobre sí mismo, enfrentando sus ojos, para decir, como otras tantas incontables veces.

-Me da igual que me sustituyas. Me da igual que prefieras a otro. Pero si prescindes de mí, déjame llevarme esta pintura a mi próximo destino. La podrás recuperar cuando me retiren. O quizás tus descendientes.

El niño señaló más allá de su espalda, para incitarlo a volver la vista.

-¡Qué maravilla! ¡Mira que sol tan azul!

 

sol azul

Excéntrico

Paciente. Pletórico. Capaz. 
Con ganas de ir a por todas. Enfundándose el mono multicolor para no dejar de estar a la moda y para que las cámaras no lo perdieran de vista.
Asomándose a la escotilla y mirando hacia abajo y a todos lados, porque el vacío lo rodeaba. 
Sabía que el salto iba a salir perfecto, porque los simulacros así se lo habían anticipado.
Ya no había perturbaciones que pudieran echar al traste tantos años de entrenamiento. Ni cuánticas ni mentales.
Y en la Tierra, allá abajo, veía el punto de luz que debía alcanzar en tiempo récord. Solo faltaba que el trampolín lo situara a los cinco metros estipulados de la carcasa de la nave, que desde control terrestre detuvieran la caída en picado de ésta, y que él dispusiera ambos brazos a lo largo de su tronco, con el casco iridiscente apuntando en sentido contrario al Sol.
Y la inercia haría el resto. 
Y el calor infernal de la entrada en la atmósfera. 
Y su hermoso traje, y su egocéntrica banalidad, y sus tediosas riquezas, se fundirían en un abrazo irreversible entre su profunda cobardía y la muerte, alimentando la última de sus insaciables excentricidades.

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Así es ella

Pizpireta, anacleta.

A veces profeta de una vida multidesgraciada.

Seguidora de unas normas endulzadas

que la corrompen en la tribu ensimismada,

esa horda que dice que no hay leyes,

esa que grita que no hay reyes

mientras distribuyen el derecho de pernada.

La individua revolucionada y la revolucionaria,

la apática y la estratégica,

la exigida y la restringida,

la aplaudida y la temida.

Esa señora que te mira y no te mira.

Esa ilusa que se ríe de tus gracias y con tus desgracias.

La liberadora de pasiones

y la presa de los besos presos.

La señora de la incertidumbre,

la aprovechada de la mansedumbre.

Así es ella y no se queja.

Así es ella en privado y en público.

Y así lo escribo, de ella enamorado

de su leyenda y sus miradas,

de su tacto y de su lengua intrépida,

que no se calla, que no me acalla.

Que no me quiere ni me ama,

pero que adora ser mi dueña y mi ama.

Ama, ama.

 

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Perturbación

Inundaba la estancia con su presencia, y los que en ella estaban acababan emocionados por ser testigos del prodigio, por tener el privilegio de estar junto a él y no caer fulminados. Y si no acababan cegados por la luz que irradiaba, enmudecían para siempre para no ser tachados de locos, pues si consiguieran desprenderse de su atracción, no tendrían palabras para contar el fenómeno inexplicable.
Y extendía su efecto perturbador hasta quebrar las mentes de los que osaban rozarlo, siquiera mirarlo, siquiera intuirlo. Añadiendo un pálpito divino a sus movimientos, a sus ademanes, sin ser necesario que pronunciara palabra, pues todo se le entendía.

 

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Por el mundo

Voy a viajar por el mundo creyendo que hay mundo y que no me lo han robado junto con los sueños.

Voy a trasladarme de un sitio a otro con el pensamiento, sin escalas.

Sin equipajes que me anclen, sin desesperación, sin conformismo, sin engaños.

Convencido de tener un destino que no es el vacío en el que navegan otros sin rumbo.

Sin que nadie me acompañe, porque así no hay desencantos.

Dejándome llevar por el viento de las ideas, sin dejar que cicatricen en mi cerebro.

Sin amedrentarme ante el fulgor de las estrellas, porque éste es siempre pasajero.

Enviando las señales de humo que son mis palabras, las cantadas y las susurradas.

Anhelando encontrarte para no sentirme perdido.

Voy a viajar por el mundo, antes de que tu mundo no viaje por mí.

 

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Equilibrio

En todas las ocasiones esperaba un milagro que siempre llegaba.

En todos los milagros, inexplicables para los otros, que no confiaban en la suerte extraña, la que aturdía las mentes demasiado asentadas, él se erigía en el descubridor de unas experiencias inexplicables y efímeras, pero tangibles, palpables y, sobre todo, profundamente liberadoras.

Y buscaba no ser el único. No sentirse desplazado por la discordia ajena. Encontrar a alguien con el que compartir su eficacia exploratoria y su perspicacia indagatoria. Las que contribuían a discernir entre la charlatanería y la presunta divinidad.

Sentir un apoyo que le evitara perder el equilibrio.

 

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Abducido

Ya fui abducido hace tiempo, justo cuando me implantaron nódulos neurológicos de alta prestación para que se imbricaran con los ejes de mis neuronas, aunque creo que erraron en la apreciación de que mi cerebro extralimita su velocidad en relación con mis constantes fisiológicas, o sea, pienso más rápido de lo que hablo y es por ello que, a veces, me trabo en mis disquisiciones.

 

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Marchita

se paseaba contoneándose ridícula por la acera mirando si la miraban para luego despreciar a los que lo hacían y sentirse insultada por los que no con una máscara por cara llena de colores mal distribuidos que envolvían una sonrisa amarillenta dedicada a los que intentaban filtrear con ella deteniéndose cuando pasaba algún perro por temor al mordisco cambiándose de acera cuando veía acercarse a algún hombre que no tuviera la piel blanca intentando no caerse desde la altura que le daban unos tacones tan afilados y jactándose de estar envuelta y abrigada por pieles muertas que brillaban bajo un sol marchito de vez en cuando hacía como si hablara por el teléfono móvil para sentirse importante para que creyeran los demás que era una persona muy ocupada cada día recorriendo las manzanas de un barrio distinto buscando alguna víctima que no conociera su fama con la que olvidar momentáneamente la soledad provocada por su mala educación por su desfachatez por su insultante soberbia y se decía a sí misma que a estas alturas no cambiaría no le valía la pena empezar desde cero creyendo que con su hermosura ya decrépita lograría tener una vejez soportable en una casa que ahora estaba insoportablemente vacía y solitaria y cuando la llave volvía a escurrirse entre sus dedos arrugados para abrir la oscuridad en su vida mojaba el almohadón frío con sus lágrimas desesperadas esperando que el sueño fuera eterno y que no tuviera que despertar a un nuevo día para volver a contonearse ridícula por las calles mirando si la miraban

marchita

Ombligo

Escapo del infierno de tus ojos para caer en las arenas movedizas de tu boca.

No es que seas una trampa, es que eres un peligro para mis sentidos, pues al final caigo voluntariamente en tus excesos, los de personalidad, los de hermosura, los de tu inquietante ternura.

Y, sin embargo, tú me sigues mirando insultante, creyendo que acaparas el mundo porque te crees su ombligo. Me desprecias y me desesperas a partes iguales, porque has asumido que te amo y que puedes ningunearme a tu antojo, pero he de decirte que aún no he asumido mi papel de esclavo reprimido. Mi ama. Ama.

Ámame tú también.

 

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