Regresó

 

Regresó a la cueva de la que procedía, donde se escuchaba su voz más alta, donde su espíritu inspirador eclipsaba el desánimo que le embargaba fuera de ella, donde la oscuridad no era más que luz en su memoria. Donde volvía a ser libre porque no era ya él. Donde su ego, ensalzado por los demás allá afuera, dejaba de tener sentido allí dentro, cuando no escuchaba su propio corazón porque allí , en el núcleo de la verdad, no lo necesitaba. Y durmió, para no volver a despertar, o para despertar para siempre.

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Con los sonidos

Con el sonido lejano del violín desafinado mis manos dibujan ondas en el aire.

Con el sonido cercano de tu voz apasionada mis latidos componen una melodía enamorada.

Con el sonido de la brisa en la tarde luminosa mi mente dibuja paisajes de paraísos cercanos.

Con tantos sonidos que creo escuchar, los de mis lágrimas cayendo sobre mi regazo son los únicos que me recuerdan que estoy solo en este planeta.

 

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Cinco dedos

Tus cinco dedos abiertos que van a marcar mi rostro con tu odio. Aunque lo enmascares con algo que dices que es amor.

Y cuando el paso del tiempo borre las huellas de tu insulto, éste quedará indeleble en mi corazón.

Cierro los ojos y aguanto la embestida de mis lágrimas, para que me veas fuerte, para que creas que no me importa.

Y luego volverás, como siempre, a pedirme perdón.

Y tendré que claudicar, autoconvenciéndome de que mi amor curará las heridas, insuflándome ánimos con la esperanza de que algún día cambiarás.

Consolándome, porque creo que nunca llegarás a matarme.

 

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De Amor y Des Amor

Siempre escribiendo sobre el Amor y me olvido de que ya no amo.

Me he olvidado del desamor para escribir qué es lo que amo.

Aún con el corazón vacío del sentimiento, bombeando sangre helada, alimentando una vida rota, tan desesperadamente larga cuando es tan corta.

Necesitando volver a amar para no escribir sobre ello, para no tener tiempo de hacerlo.

Para no escribir y sí decir uno o miles te amo.

 

roses-on-my-grand-piano-1310847(Fotografía: Roses on my gran piano, de Am Y.)

Desolada

Risueña. Feliz.

O eso creían ver los que la conocían por primera vez. O eso pretendía mostrar a los demás para que tuvieran esa imagen de ella por primera vez, o para siempre.

Pero, en el fondo, ni estaba risueña, porque era una mueca de disgusto disimulado, ni era feliz, porque su odio al prójimo impedía que lo fuera.

Deseaba la muerte o, en su falta, la desgracia, a todo ser vivo que osara cruzarse en su camino, e imaginaba, en su sadismo, las truculentas formas en que esto podía ser llevado a cabo.

Y sonreía, de nuevo, mirándote fijamente a los ojos.

 

 

Dedicado a Monami, que siempre está risueña… o no

 

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Desvaríos y todo lo demás también. Por Davo García

Caminar requiere de dos condiciones. Como los buenos gurús afirman, la voluntad y el poder del deseo.

Tú la viste bailando. Yo escribo. Todo sucede de noche y abre un camino, que a la luz del día afirma que ya nada será lo mismo.

Y es que toda acción abre un camino. Ella bailando choca contigo y camina hacia otro punto en su destino. Te arrastra con ella.

Yo escribo de noche, el mundo está más silencioso. El mundo baila también a estas horas, pero en esa danza susurrada, tan sensual como primitiva, crece una planta o cae un deseo fracturado. Ella baila sobre los pedazos, tú la observas desde la barra y no te das cuenta de da la sangre de sus rodillas a sus pies y el destino te sonríe, desde su sonrisa.

Yo estoy en el escenario mientras ella baila. Yo en silencio y tú atronador, saltas sobre el fuego a su alrededor. El camino se ensancha cuando ella te toca, un canal, un cañón horadado y humeante en tu futuro. Yo lo describo en un murmullo iluminado por la televisión.

Ella desea, y al desearte dobla tu voluntad, y entonces ves la sangre a sus pies, y los trozos de noche entre el ruido ensordecedor de las alarmas, que es música interpretada.

Soy yo el que escribe, el que interpreta su danza. Tú recorres la sílaba que lleva a la palabra, ella la boca que pronuncia la frase.

El mundo nunca se detiene, siempre gira elegante. Tú caminas sin saber las condiciones, ella no camina, ella brinca y salta y tú aceptas su beso quemando el silencio y el olvido de caminos que nunca has conocido, y que ya no conocerás.

Escribir es como caminar inmóvil, en silencio, inventando un recuerdo, en el que ella baila y tú observas, giras, marchitas tus máscaras, muerdes su huella, firmas tu bandera blanca.

Luego habrá un destello, algún espejismo en el rabillo del ojo, y una pequeña angustia a lo desconocido, y la noche se acabará con su baile, y a la luz del día ya nada será lo mismo.

Caminar es como bailar, solo requiere de dos condiciones dispuestas a ello.

Si escucho muy atentamente el silencio dormido, también sueño con llegar a comprenderlo.

Davo García

 

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Todos somos seres únicos e incomparables. Y todos tenemos nuestras pasiones y sabemos cómo vivirlas más o menos intensamente.

A veces encuentras a personas que viven su pasión a niveles que sobrepasan lo espiritual o lo sencillamente emocional. En vidas aletargadas y sumisas en que la norma es ser cumplidor y manejable, las personalidades libres irradian luz con una simple sonrisa, y Davo García no para de sonreír.

Músico de profesión, Davo siente en sus dedos la magia de la creación cuando acaricia las cuerdas de sus guitarras. Y se concentra en cada nota de lo que otros han escrito en un pentagrama. Y a veces convierte en palabras la música que tiene en su cabeza, y esas palabras se sienten como música en nuestro intelecto. Y es entonces cuando la creación se deja bañar por su creatividad, por su alto nivel de creatividad.

Yo admiro su talante, su sonrisa indeleble, su arte musical, sus palabras escritas cuando se convierten en Magia.

Adeldran. El comienzo

Aeterna Lux.

No servía de nada el fuego cruzado de sus miradas, pues la estaba sintiendo con la mano enguantada. Los sensores moleculares ubicados en las yemas de sus dedos la estaban estudiando, explorando, juzgando. Y no necesitaba más que tres nanosegundos para decidir la sentencia: Ella sería perdonada. No se abriría ni una de sus mil puertas. Para que tomara confianza.

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Amigo lector:

Desde que publiqué mi novela corta Luztragaluz, en el año 2002, dentro de un volumen titulado Sempiterno (Dos historias, dos mutaciones, dos claves), donde compartía páginas con otra de mis novelas cortas de ciencia ficción, Sacro y Craso, he estado pensando en que algún día debía de escribir una segunda parte. Creo que éste podría ser el comienzo de ese proyecto: Adeldran.

 

¡Mancha!

Me paso horas mirando la punta del lápiz. Girándolo con los dedos de mi mano derecha. Acariciándolo con su pulgar.

Lo froto de abajo arriba, de arriba abajo, como si creyera que algún genio fuera a salir de él, manifestando una creatividad oculta que yo desconozco.

Y de todas estas horas, ni un segundo es apoyada sobre el papel que tengo frente a mi barriga. Éste sigue inmaculado. Aburrido de mi desidia. Observándome como un gran ojo blanco.

Desenfocado, pues mi objetivo visual es la punta del lápiz, me lo imagino riéndose por lo bajinis. Acuciando a las demás hojas que tiene por debajo.

Incitándolas a la rebelión: O son manchadas o se van.

 

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Refunfuñando

 

No conseguía escuchar el tic tac del reloj. Algo lógico cuando se daba cuenta de que era un reloj digital el que pesaba en su muñeca izquierda. Y refunfuñaba. Echaba de menos dar cuerda por la noche al reloj que había heredado de su abuelo, que en paz descansara.

No conseguía encontrar, discernir, ningún olor en la casa. Totalmente inodora. Y refunfuñaba. Echaba de menos el pestazo de los callos que cocinaba la abuela. Y echaba de menos las reuniones familiares en torno a la mesa, para comérselos.

No escuchaba maullidos ni ladridos ni alboroto de niños, como antaño. Y echaba de menos las correrías con sus primos, y los mordiscos del pequeñajo Petronio. Y la risa le sobrevenía con la ocurrencia del nombrecito para el perro del Tío José. Pero ahora todo era silencio. Sepulcral. Y refunfuñaba para escuchar sus propios bufidos de desdicha.

Y con cada paso crujían los listones de madera bajo sus pies, con miedo a que alguno se quebrara y cayera todo su orondo peso al vacío del primer piso, clausurado por la plaga de carcoma.

Refunfuñaba, refunfuñaba y refunfuñaba. Hasta que decidió calmarse porque dedujo que con la mala sangre no perjudicaba a nadie salvo a él mismo.

Y aún no sabía qué hacía recorriendo las habitaciones de la casa de su infancia.

Y aún no sabía qué hacía martirizándose pensando en esa vida que nunca volvería.

Y aún no sabía qué mal había hecho para merecer ese castigo. Ese castigo eterno.

 

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Los comienzos y mi LEDLI

 

Queridos amigos lectores:

Ésta es la única crítica que existe sobre el primer relato que me publicaron en mi vida, en la Antología Visiones 1999, de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT). Por lo menos es la única de la que tengo constancia.

Aparece en la página web http://www.archivodenessus.net

 

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