A tope

Parecer ser que, según avanza el día de actividad de una persona, la energía va menguando hasta acabar en mínimos.
No sé si en esto también soy rarito pero a mí me ocurre lo contrario.
Suelo despertar en un nuevo día con el ánimo renovado y, según haya tenido un sueño agradable y reparador o una pesadilla (generalmente relacionadas con mi trabajo, me imagino porque mi subconsciente sigue alterado con el estrés del día anterior), puede que mis amaneceres sean radiantes de alegría o, por el contrario, apagados como mis ganas de levantarme de la cama.
Pero, sea como sea, me obligo a empezar mi actividad «con lo puesto».
Y, según avanza el día, me voy positivizando hasta ver las cosas de otra forma, con pensamientos más constructivos.
Haya empezado mi jornada superanimado o, por el contrario, superdepresivo, las experiencias profesionales y personales que  vaya teniendo a lo largo del día me van recargando las baterías de la mente y el corazón.
Realizar mi trabajo con una buena actitud y una mejor aptitud.  Relacionarme con nuevas personas cada día. Relajarme y expandirme escribiendo o actuando. Todo esto, y mucho más, hace que esté con el ánimo y la mente en un estado exponecialmente ascendente en positivismo que me hace desear, a veces, que el día tenga treintaiseis horas o más.
Pero sigo estando en el Planeta Tierra y aquí los días tienen veinticuatro horas y siempre hay que desconectar un poco para recargarnos en el sueño, ese apagado momentáneo.

Critica, critica

La crítica gratuita, destructiva e infructuosa está al orden del día.
Si hubiera hecho caso a todas las personas que han intentado hundirme con comentarios despectivos o, lo que casi es aún peor, con la indiferencia o con la mirada por encima del hombro, no hubiera llegado a lo que soy hoy: una persona feliz.
Al principio eran mis pintas, después mi forma poco ortodoxa de cantar, luego que si la gracia la tenía en el culo o si no era un cantautor pues solo versionaba, y mal, canciones que nadie conocía o, por el contrario, manidas, pero, fuera como fuera,  nunca al gusto de todos.

Hasta que llegó el día de hacer oídos sordos a los comentarios y ojos ciegos a los malos gestos y decidí hacer, literalmente, LO QUE ME DABA LA GANA.

Y así empecé a ser considerado como una figura underground, original, dentro de mi poca originalidad, y sorpresiva. Y Archimaldito empezó a ser echado en cuenta y a ser, como he escrito al principio, feliz.

Pero feliz, no por ver alimentado mi supuesto egocentrismo, sino porque me di cuenta que daba felicidad, aunque fuera a unos pocos.

247

El sistema en el que estamos inmersos, donde prima la productividad sobre la persona que produce, que está inmerso en un estado materialista agudizado por los nuevos paradigmas personales en los que triunfan el egoísmo y el «sálvese quien pueda».
El estado de las cosas en que se trata al ser humano como una máquina de hacer dinero, en el que el engranaje del beneficio inmediato hace olvidar que el prójimo no es un robot sin sentimientos, ni pasiones,  ni vida propia.
Los nuevos medios de comunicación, que han reducido drásticamente la duración de los contenidos para que todos sean de consumo inmediato, porque las audiencias no tienen tiempo que perder y así el tiempo que les sobra sigan consumiendo otros contenidos audiovisuales o para que sigan invirtiendo dinero en el sistema que los envuelve, gastando en comida y artículos de consumo.
Todo es intentar llenar una vida en el que el tiempo pasa rápido, en la que, algunas veces, la vaciedad la llena toda.
Por eso, y mucho más, se están despersonalizando las relaciones.
Eres un robot con disponibilidad 24 horas 7 días a la semana, no tienes familia, ni altibajos emocionales ni físicos. Tienes que estar disponible, dispuesto y sonriente.
Las desdichas del prójimo te la «refanfinflan» porque es el prójimo el que tiene que escuchar tus miserias.
Ese egoísmo se traslada al nivel profesional donde solo vale hacer caja, o conseguir poder, para sentirte importante y para sobrevivir pisando a los demás.
Con lo fácil que es tratar a los demás como quieres que te traten a ti.
Pero es una fórmula, para la felicidad,  tan sencilla, que no parece real y, por eso, muchos la desestiman.
Si has llegado hasta aquí leyendo es que te importa lo que opinan los demás y no eres de los que se miran su propio ombligo pensando en que has perdido el tiempo absorbiendo la sabiduría de los demás en vez de hacerte un «selfie» que te lleve a tener más seguidores en cualquiera de esas redes sociales que engrandecen el individualismo.

No

No soy queer, no soy gay, no soy bisexual, no soy heterosexual.

Soy humano.

No me clasifiques en nada. No me juzgues. No me ignores.

Mis actos y mis pensamientos me hacen grande.

Vuestros actos y vuestros pensamientos os hacen grandes.

Muchapepper, con la genialidad de Patax y mi adorada Pepper Solana ponen voz a lo que muchos deseamos: el fin de los prejuicios.

#diversidad #pluralidad #libertad #noalosprejuicios

Fundido en neg

Se puede decir aquello de «hasta luego» pero ¿y si es un adiós definitivo?

Total, ¿quién soy yo?

¿Quién creo ser?

Quizás una gota de nada.

Uno se cansa. No se deprime, pero se cansa.

Y lo intenta para nada.

Se puede decir aquello de «hasta luego» pero ¿y si es un adiós definitivo?

Y ahora, fundido en neg…

Pantallazo en negro | El Correo

Demencia

Ya ha empezado la desmemoria global.

Ya se están empezando a olvidar de los muertos por el Virus Covid-19.

Ya se están empezando a olvidar del hundimiento de la economía y de la sociedad.

Vuelven los egoístas para intentar rememorar y volver a aplicar las costumbres y vicios y modas de la Era Pre-Covid, queriendo disimularlas con un falso e hipócrita lavado de cara, creyendo que por llamarlas Nueva Normalidad han acabado con la Vieja o Antigua Normalidad.

Vuelve el mirarse el propio ombligo y no preocuparse por los demás. Vuelve la destrucción del Planeta Tierra, que se había paralizado, momentáneamente, durante el momento más álgido del Confinamiento.

Vuelve el trabajar sin solidaridad por los demás.

Vuelven los gobiernos a estar bajo el yugo de las grandes multinacionales y de los bancos, porque las vidas no importan, solo los beneficios.

Vuelven las farmacéuticas, las industrias energéticas, los partidos políticos, a sacar tajada de las crisis.

Vuelve mi desesperanza en la especie humana. Vuelve mi deseo de exterminio para la Humanidad.

Quizás la próxima vez aprendan. Pero será demasiado tarde.

Sé tú mismo

Si el egocentrismo es el disfraz de la inseguridad, el aceptarse a uno mismo es el principal paso para quitarse ese disfraz y mostrarse a los demás con las ideas y las acciones claras, sin ofrecer ocasión a los malentendidos, a las hipocresías, a los engaños. Todo claro, con contundente sinceridad, con amplios, por ilimitados, horizontes de autoconocimiento. Con conciencia de la autoconsideración y autoconfianza.
Dando pasos gigantescos hacia la libertad.

1 de enero

Tengo siempre una sensación extraña al comenzar un nuevo año. La inercia del año anterior no me hace sentir la frontera temporal entre uno y otro. Me planteo un nuevo año no cuando lo dice el calendario sino mi propio aniversario de vida.
No me planteo nuevos proyectos sino que los dejo fluir, siendo fiel a mi espíritu de improvisación.
Sintiendo felicidad si salen bien pero no agobiándome ni negativizándome si salen mal o no salen como yo hubiera querido.
Dejar fluir todo, sin forzar ni mi cuerpo ni mi mente para no malgastar energías que necesitaré para lo próximo que venga.
Pero aún así, necesito unos días de reestructuración interna para seguir adelante.
«Año nuevo vida nueva» no suele ir conmigo. Todo se dará, todo llegará, y si no, me reiré y reiré, para no perder la buena costumbre.
                               1 de enero de 2021.
                   Jesús Fernández de Zayas
                                         «Archimaldito»

Rompecabezas

Mis pulmones funcionan a pleno rendimiento y mi corazón percute con latidos acompasados pero que se vuelven frenéticos cuando mis pensamientos, sentimientos y hechos claman libertad.

Tengo razones para pensar que aún no soy libre y que los embaucadores digitales están aprisionando mi intelecto mientras intentan llevarme por los derroteros del colectivo alienado.

Hay demasiadas señales de desasosiego que me alarman sobre los próximos precipicios. Pero es tan larga la lista de las cosas que tengo que cumplir para mi propia supervivencia que me desentiendo de ellos. Y cuando estoy estable, vuelo, en sueños, o en otras realidades, como la que me hace creer que puedo ser artista o que puedo aportar algo al ingenio humano.

Mientras que llegan las respuestas, grito.

Mientras que llegan las respuestas, respiro controlando el final de otro ciclo, el de la madurez.

Mientras que me hago más preguntas, suavizo los altibajos emocionales con los intentos de resolver el rompecabezas en el que me estoy convirtiendo.