Equivocado

A veces me causa una sensación de irrealidad el estar viviendo en un año y en un siglo que no se corresponde con las expectativas que tenía cuando era más joven.
Creía que en esta época todos los miembros de la especie humana serían totalmente libres de actos y de pensamientos y que viviríamos en total armonía con el resto de los habitantes del planeta.
¡Cuán equivocado estaba!
Que tengamos que sufrir las consecuencias extremas del patriarcado y del machismo. Que sigamos conviviendo con todas las fobias que cortan nuestras libertades de expresión, de pensamiento y de sentimiento. Que sigamos sufriendo las consecuencias de la existencia de los ejércitos y de los líderes mundiales megalómanos y descerebrados. Que sigamos creyéndonos superiores a las demás especies. Que sigamos siendo profundamente egoístas y que ese egoísmo esté llevándonos a la autodestrucción.

Me queda esa sensación perenne de estar viviendo cada día el mismo día porque pocas cosas avanzan en mejorar el Sistema creado por nosotros mismos, que nos engulle tan descaradamente, y que lo aceptemos porque a cambio nos ofrezca momentos de felicidad artificial.

Aún así, tengo confianza en que un día despertaré de este mal sueño transitorio  porque, irónicamente, sigo teniendo esperanza en la Humanidad

Contra

Ahora soy yo el que tiene que explicar por qué llevo mascarilla.

Es curioso que la gente no está acostumbrada a alguien que se salga de la norma.
Yo lo hago en el pensar, en el hablar, en el vestir, en el votar.
No sigo las modas, no me fío de las normas, sigo las leyes respetuosamente pero me pregunto por qué lo hago, miro a la gente y me resulta chocante que sigan suicidándose involuntariamente y cuando alguien les avisa de su error te miran como si estuvieran viendo un espectro o un ser venido de otro mundo, y se burlan creyendo que tienen la razón. 
Soy yo el que tiene que explicar por qué soy vegano cuando yo no pregunto por qué los demás comen cadáveres o explotan otras especies.
Soy yo al que tratan extraño por trabajar como un poseso para llegar a fin de mes.
Soy yo el que pierdo amistades cuando no alabo su mediocridad.
Soy el que tiene que actuar ante la indiferencia o parsimonia de los demás cuando maltratan a una mujer, o a un anciano o a un niño o a un animal.
Soy yo el que se queda observando a los demás cuando ellos no levantan sus ojos del móvil.
Soy el que no ríe por peloteo ni diplomacia.
Soy yo el que se sorprende cuando los demás no se creen que hagas las cosas con un interés oculto o manifiesto.
Soy yo el que mira a una mujer o a un hombre sin trasfondo sexual.

Soy yo el que no regala flores cortadas que morirán.

Soy el que se queda callado y meditabundo si no tengo nada que decir.

Por eso, callo mi lápiz ahora, para que no crean, las y los que me leen, que intento convencerlas y convencerlos de que me creo en posesión de la verdad o que todo es fruto de mi egocentrismo.

A tope

Parecer ser que, según avanza el día de actividad de una persona, la energía va menguando hasta acabar en mínimos.
No sé si en esto también soy rarito pero a mí me ocurre lo contrario.
Suelo despertar en un nuevo día con el ánimo renovado y, según haya tenido un sueño agradable y reparador o una pesadilla (generalmente relacionadas con mi trabajo, me imagino porque mi subconsciente sigue alterado con el estrés del día anterior), puede que mis amaneceres sean radiantes de alegría o, por el contrario, apagados como mis ganas de levantarme de la cama.
Pero, sea como sea, me obligo a empezar mi actividad «con lo puesto».
Y, según avanza el día, me voy positivizando hasta ver las cosas de otra forma, con pensamientos más constructivos.
Haya empezado mi jornada superanimado o, por el contrario, superdepresivo, las experiencias profesionales y personales que  vaya teniendo a lo largo del día me van recargando las baterías de la mente y el corazón.
Realizar mi trabajo con una buena actitud y una mejor aptitud.  Relacionarme con nuevas personas cada día. Relajarme y expandirme escribiendo o actuando. Todo esto, y mucho más, hace que esté con el ánimo y la mente en un estado exponecialmente ascendente en positivismo que me hace desear, a veces, que el día tenga treintaiseis horas o más.
Pero sigo estando en el Planeta Tierra y aquí los días tienen veinticuatro horas y siempre hay que desconectar un poco para recargarnos en el sueño, ese apagado momentáneo.

Te amo

No soy mucho de hablar de mi vida privada en público o en las redes sociales. Bueno, ni mucho ni poco: nada.

Pero hoy me ha dado por dedicar esta publicación a la persona que lleva conmigo 28 años.

No es su cumpleaños ni es nuestro aniversario de boda.
Simplemente quiero manifestar que la amo.

Ella es, sin duda, mi mejor amiga, porque quién sino aguantaría mis altibajos emocionales, mis dudas existenciales, mis eternas niñerías.
Quizás, sino hubiera estado con ella en este camino de vida, no habría aflorado Archimaldito porque…

… ella aguanta mis excentricidades.

… ella me apoya en mis locuras.

… ella participa en mis pasiones.

… , aunque no coincidida conmigo en muchos ideales, creencias y acciones, con ella me siento libre.

Te amo, Sofía Isabel Claudet.


Nota: Sofía es la camerawoman de este vídeo. Ella no sabía para qué lo estaba grabando.





A mis lectores

A todos mis lectores, disculpadme.

Disculpadme por mi inactividad en el blog.

Mi vida ha cambiado últimamente y urge sobrevivir y buscar a dónde agarrarse para no hundirse en el abismo de los pensamientos oscuros.

Pero no creáis que no sigo escribiendo. Claro que sí.

Ese es uno de los motivos por los que he ralentizado mis publicaciones en archimaldito.com.

Me estoy dedicando a escribir, cuando mi vida laboral y familiar me lo permiten, participando en concursos literarios cuyo premio sea económico. Como una de las normas es que el texto, o los textos, no estén publicados, previamente, ni en formato físico ni en Internet, pues entonces lo que escribo no puede estar en mi blog.

Estoy publicando, muy poco a poco, los relatos que no lo han logrado, o sea, que no han sido premiados ni mencionados.

Pero bueno, cuando la inspiración me deje no ceñirme a las bases de estos certámenes, publicaré alguna cosa.

Saludos, en el más estricto sentido de la palabra, pues eso es lo que os deseo, mucha salud en este tiempo de Pandemia.

Sed buenos.

                    Jesús Fernández de Zayas
                                          «Archimaldito»

Flama

Photo by Dean McClelland from FreeImages

Llama. A no ser que veas lances continuos entre extraños.
Bebisteis de manera compulsiva, y perdisteis la vergüenza y la memoria.
Llama y grita, a ver si alguien te escucha.
Tropezaste tantas veces que los cardenales eran parte de tu piel, que no maquillabas para no parecer simple.
Gira sobre ti misma, abriendo los brazos como si volaras.
Luego, llama. Pero no llores, no vaya a ser que caigas en un bucle continuo de ahogo premeditado,  pues ya sabes que dicen que el suicidio no está permitido y serías mal vista hasta que mueras por causas naturales.
Hártate de disciplina y lee un poco cada día, para descubrir mensajes ocultos en libros de hojas amarillentas, que están siempre descatalogados.
Y después, bueno, no hay después.
Hayas o no hayas aprendido la lección, quítate el peso de encima,  que para eso te has vacunado contra la desesperación.
Gracias. Pero llama. A mí o a quien sea.

Año

Como casi siempre, pienso que lo mejor que puedo hacer es expresarme por escrito, sin interrupción alguna, sin comentarios o críticas a lo que diga.
No soy capaz de transmitir mejor que por escrito, sin que se tergiverse algún tono de voz o una mirada mal posada. Y lo siento.
No soy feliz desaprovechando años.
Y este año no es distinto.
Yo, que vivo obsesionado con el tiempo, veo que no aprovecho bien el tiempo de vida que tengo.
Y eso me frustra.
Y, por circunstancias varias, el cumplir años no me supone ningún adelanto en ese sentido.
No me gusta mi trabajo y tengo problemas económicos, familiares y afectivos. Obviamente, no me siento pleno conmigo mismo.
Poseo una alta incapacidad para concentrarme en otra cosa que no sea vivir automáticamente, a la zaga, teniendo que hacer malabarismos mentales para no perder la cordura y no caer en la depresión más absoluta.
Y en el vivir automáticamente está el efecto de desatender lo que de verdad me importa en esta vida.
Soy, o eso creo, optimista por naturaleza porque, en caso contrario, hace tiempo que hubiera sucumbido a desaparecer de este planeta,  desconectándome voluntariamente.
Pero mi incapacidad para llevar una vida centrada ha salpicado la vida de otras personas, las que me importan: mi familia.
Y el último dolor provocado es el que más daño me está haciendo: el provocado a mi propia hija.
No sé cuánto tiempo tendrá que pasar para que ella me perdone todo el mal que le he causado.
Y ése es el peor dolor, que trasciende los demás dolores físicos y mentales que puedo o pueda tener durante los años que van a transcurrir hasta mi muerte.

Los niños

Los niños gritaban y lloraban bajo un sol ardiente confinados en un contenedor al que le faltaba la parte superior que valiera de techo.

Me acerqué a ver qué ocurría con ellos en aquella situación y me salieron varios hombres armados al paso, desdentados, sudorosos y embriagados, amenazándome para que no me acercara más.

En una caseta contigua, un par de mujeres asiáticas tiraban comida a los niños, desde arriba, como si estos fueran animales, y dos de ellas sujetaban a uno de los niños mientras un viejo de barriga hinchada y pústulas por todo el cuerpo se masturbaba delante del niño al que habían desnudado completamente, mientras hacían fuerza para que el niño no se zafara.
No pude soportar la visión de aquella perversión y, olvidando los avisos de los vigilantes borrachos, ingresé a toda velocidad en la caseta y molí a palos al viejo asqueroso y a las mujeres perversas mientras que agarraba al niño y huía de allí a toda la velocidad que me permitían mis piernas y la fuerza de mis brazos que soportaban el peso del chaval , que estaba como drogado.

Este texto fue escrito nada más despertar, tras haber visualizado lo que en él se narra en una pesadilla exprés e inacabada. Mi subconsciente debe de estar enviándome mensajes.

Todos los viernes

La amistad que los unía iba más allá del tiempo y del espacio, como se decían mutuamente cada vez que se separaban.
Mientras que estaban juntos, disfrutaban cada segundo de sus risas, de sus barrabasadas, de sus lloros de tristeza, de sus desaires a los que les rodeaban.
Se recordaban continuamente la primera vez que se encontraron, que se miraron, que se enzarzaron a manotazos, que los reprendieron en público por su comportamiento, y reían, reían a carcajadas al recordar el momento exacto en que se juraron amistad eterna, fueran cuales fueran los obstáculos en sus vidas, las pruebas a las que les sometieran en sus trayectorias familiares, sociales y profesionales.
Y aquel viernes, como todos lo viernes, volverían a jurarse amor incondicional, esperando no olvidarse el uno del otro durante el fin de semana, y que nada ni nadie les distrajera de su objetivo de volver a encontrarse al siguiente lunes, cuando sus respectivos abuelos los entregaran a su cuidador en la puerta de la guardería.

Reto literario propuesto por Rubén Romero Lozano.