La ilusión de la alusión a los esperados desesperados, a los que no confían y porfían.
A los que buscan y rebuscan en las circunstancias circundantes de la desidia.
Provoca evoca convoca a los espíritus desesperados que creen que la muerte queda lejos, que creen que la vida es un suspiro y que se contradicen viviendo aceleradamente.
Solo vive y deja vivir, dicen, y, cuando lo hacen, suspiro, porque poseo demasiada empatía, algo que maldicen los que no lo ven necesario.
Tampoco es necesario apocar a los que ya son débiles de nacimiento. Como tampoco lo es encumbrar a los privilegiados de cuna y raigambre.
Estoy aquí acá y acullá para evocar, convocar y provocar la Revolución Absoluta. La que acabará con la Absolutidad en las ideas, las censuras en los actos, la sinrazón de los creen estar en posesión de la verdad.
Trastocar tras tocar los hilos de poder, para desestabilizar lo que nunca fue estable.
Defenestrar a los malvados, volatilizar las bases de la sociedad perdida en la maleabilidad de los pensamientos.
Invocar a la Libertad, a la Paz y a la Justicia, para que sean los únicos reinos que gobiernen en la globalidad planetaria.
Sanar el juicio enfermo de la Humanidad.
La Revolución incruenta y aceptada. Asimilada y practicada. Regenerada y eternizada.
Evocar, provocar, abocar, invocar, convocar la Bondad humana.
¿De veras crees que me puedo permitir fallar en la Revolución?
¡Ay, la pena negra de la bella Yerma! ¡Ay, el Camborio de mis azucenas! No sé si es cante o es poema, pero es jondo. Ay, que tenía que haber dejado que me dejaran ser quien era. No hay peor desesperación que la piedad bien hecha. Que si a quién amo, a quién escribo, a quién engaño con mi obra maltrecha. Soy Federico, señor, el de Fuente Vaqueros, no tenga la mirada estrecha. Sepa que he escrito lloros, poesía y dramas de amplia cosecha. Pero nadie sabe dónde estoy desde que decidieron que debía irme de las tierras de vino y arte, de cante y luna libre, de la sangre el caballo y el toro. ¡Ay, Ignacio Sanchez Mejías, si hubiera sabido que te seguiría allá donde fuiste! ¡Ay, que quiero ser uno de los sueños de mi Dalí! ¡Ay, Salvador, sálvame de su incultura!
Salvador Dalí y Federico García Lorca, Turó Parc, Barcelona, 1925
Mis lectores sabéis que no suelo publicar textos de otros autores, pues casi todos tienen los medios para difundir sus obras, más aún con las omnipresentes redes sociales de hoy en día. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, pido permiso a algún escritor o escritora para difundir una pequeña muestra de su obra en mi blog. Pues bien, hoy quiero presentaros a Zelia, una persona talentosa e implicada con la cultura y los movimientos sociales. El texto que sigue lo escuché leído de su propia boca en el último Micrófono Abierto de la Asociación Cultural La Brecha, de Aranjuez, y me impactó. Es por ello que espero que sus mensajes, el directo y el subliminal, os lleguen al intelecto, al corazón y a la rabia tal como me han llegado a mí. Con vosotras y vosotros, Zelia.
¿por qué cargo con esto? ¿porque arrastro con las miradas de los que quieren cambiar mi cuerpo? en las entrañas tengo sangre hecha bola, nudo que ni con agua se deshace, los coágulos espesos que encima llevan muertes aunque no tengan cuerpo tengo las palmas de los pies roídas, llenas de callos y pieles secas por el peso que carga mi cuerpo uso los pelos para tapar marcas que no quiero que se vean, las manos que en el recuerdo me ahogan, las bocas que no son eliminables, salivas que recorren caminos por los que nunca tuvieron permiso de entrada
en los vestidos está mi cuerpo para la exposición del resto, la tela apretada me deja desnuda en ojos por los que no quiero ser desnudada, está la presión de que no existan pliegues en el vientre, mírate de perfil mil veces y mete la tripa, disimula la curva que hay de ésta hasta el coño, solo hay un tipo de coño, tiene que ser plano sin pelo sin bulto con todo para adento, el coño de una niña, solo hay un tipo de coño
en los tirantes está la espalda demasiado ancha, poco fina para ser femenina, poco fina para ser mujer, creo que no lo soy en los tirantes están los pliegues de grasa que juntan a mí pecho con los brazos, brazos que no son delgados, uso mi mano para medir su grosor, no me dan los dedos para rodearlo entero, cuando me hago una foto de perfil lo separo un poco del cuerpo para disimularlo
en el corto del vestido están mis piernas coartadas de movimiento, están los muslos apretados uno contra otro provocando roce herida y sangre, más sangre, no hay movimiento, están las estrías y la celulitis, están las voces de los anuncios que enseñan piernas lisas sin una marca, piernas de muñeca de maniquí de niña, siempre de niña
en mis manos y mi boca está el tacto y el gusto de trozos de piel que no quise haber tocado ni saboreado en la memoria corporal está el recuerdo que me causa ganas de limpiarme, está el rechazo y el asco, están los kilos de cuerpo que alguna vez estuvieron encima mía o debajo pero sus manos me impedian, en algunos de esos cuerpos están las identidades de cuerpos que sin ser mujeres también sufrimos lo que es ser vistas en ellos
en mi culo y mis tetas están las miradas de los no conocidos desde que las propias tetas ni forma tenían
Es imposible mirar hacia otro lado sin sentir remordimientos por ser todo lo egoísta que te permite el instinto depredador, el canalla que llevas dentro. Es imposible ser transigente con todo tipo de pecados, magnánimo con toda suerte de debilidades, preciso en discernir la línea divisoria entre lo malo y lo peor, sin críticas moralistas que solo envilecen las cicatrices, que solo dulcifican los arrebatos existencialistas.
¿Quieres saber quién puede absorber tu cerebro y quitarte las ideas más rápido que nadie?
¿Quieres saber quién puede absorber el agua de tu cuerpo y quitarte la vida más rápido que nadie?
En los sueños están las respuestas, mientras queesperas la noche con calma y con la extensión de tu raciocinio perenne.
En los sueños se esclarecen tus miedos diarios, tus traumas vitales, tus obsesiones más recónditas. Se magnifican tus defectos, tus virtudes, y tus pecados más secretos se transparentan.
Golpeó varias veces la mesa, con las manos muy abiertas, hasta hacerse daño, pero los alumnos seguían sin callarse.
Consideraba que ya estaba muy harta de desgañitarse para nada, así que, desde la segunda mitad del curso, optó por golpear la mesa con alguna regla, que acababa rota, con algún libro, que acababa deshojado o, como hacía últimamente, con las manos, a riesgo de romperse algún hueso.
Es un renglón torcido. Es un repicar interminable de campanas. Es una disputa que trae el consabido delirio. La sensación del vacío, de la inacción. El habla sin sonido, el gesto sin significado. Es la rabia sin espuma en la boca ni lágrimas ardientes en las mejillas. El golpear de la palma abierta en la mesa frágil. Son las luces que se apagan sin que nadie accione el interruptor. Es la osadía de tu mirada. La rotura de tus uñas cuando atacan mi rostro. El crepital del fuego cuando es alimentado con gasolina y no con amor. Es el esperar horas y horas en las colas interminables de la desazón y la desesperanza. Son los exabruptos injustificados. Pero, sobre todo, sobre todo, son mis cortocircuitos neuronales, mis ataques de ira seguidos de la frialdad y desinterés casi inhumanos, mis renglones perdidos, mis palabras vacías, mi lenguaje simulado.
0:00 0:00 es 0:00. Y yo soy 0. 0 y 0 suman 0. 0 o 0. 00:00:01 es el abismo. 00:00:01. Ya. Está. Bien. Ya está. Está bien. Bien. Bondad. Bueno. Bon dad. Dad. Lo único importante. Aunque sea 00:00:02, bien dad.
Recuerdo a aquel niño que susurraba al bueno de Bruce Willis aquello de «a veces veo muertos». Pues bien, yo tengo aún dentro de mí a mi niño interior que me susurra continuamente «a veces veo tuertos». ¿O es que los que me rodean no se dan cuenta que tienen ante sí un problema y no lo ven en su auténtica y completa crueldad? Soy actor y tengo la osadía de decirte que, dentro de poco, todos los que son como yo no existirán. Mi carne y mis huesos, mis pensamientos, mis lágrimas y mis carcajadas ya no serán mías. Como tampoco serán suyas las palabras de los que escriben mis personajes y las encumbran hacia tu cerebro para que los escuches y los veas como reales. Ni nadie real registrará mis movimientos, mis gestos, mis liberaciones en un grito de exaltación o dolor eterno, ni habrá nadie que les dé sentido en la concatenación de experiencias de los que me acompañen en la aventura. No seré yo ni serán ellos porque los tuertos han decidido mirar con un solo ojo, sin saber que más adelante quedarán ciegos por la osadía de confiarlo todo a unas entelequias sin estómago, que no lloran ni ríen ni, menos aún, sienten pinchazos de desesperanza en el corazón, porque no lo tienen. Y estarán ciegos, aunque crean que ven, porque lo que contemplen no será parte de este maravilloso mundo real. Mis personajes no tendrán parte de mí ni serán parte de mí, porque lo más seguro es que no sea yo… a quien veas en la pantalla.