Palabrotas

Palabrotéame hasta que diga basta.

Susúrrame palabras sucias para excitarme, palabras necias para incitarme.

Y luego chisquéame para llamarme la atención, ningunéame para liberar mi explosión.

Palabrotéame, que te quitaré la vergüenza y me quitaré la desdicha.

Palabrotéame, que tomaré nota de tus palabras, no de tus palabrotas.

 

the-secret-1313741

Anuncios

No sigas

   Mírame, ¿a quién crees que engañas?

   Cogiste el bolígrafo de tinta verde y escribiste palabras sueltas en un folio color crema, como si creyeras que me importaba lo guay que podrías llegar a ser.

   Pero no me importa. ¿A quién crees que engañas?

   He conocido a muchos fracasados como tú, vacíos por dentro y por fuera. Tan llenos de podredumbre, inoculada desde pequeños por una familia insulsa, larga como las sagas.

   No sigas escribiendo porque no te leeré. Pon el capuchón al boli y guárdalo en el cajón. En ese cajón sin fondo que, adivino, es tu alma.

 

_20160501_141744

(Fotografía:©Jesús Fdez. de Zayas “archimaldito”, con “archimaldito”)

Falso fulgor

 

Fui directamente a mi mesa escritorio y entresaqué de mis papeles un cuento que había escrito meses atrás. Aún no le había puesto título. La verdad es que me había resultado imposible encontrar una palabra que resumiera todo el contenido del manuscrito. Pero tras la visión de mí mismo envilecido por la mecanicidad robótica de mis musas anteriores, concentré todos mis esfuerzos en inaugurar mi nueva ambición vital con la búsqueda de un nombre para mi redescubierta historia.

“Falso Sol” se transformaría en el orientador de mi rumbo literario. Desde aquél se desplegaban todas mis ilusiones, todos mis anhelos, y cada uno de mis sinsabores.

El cuento se fue transformando en una novela donde la narrativa dejó paso al aguijón de la pericia en la utilización del lenguaje, al buen oficio de hilvanar diferentes historias en una sola que condujera a los potenciales lectores al placer de la inmersión en otras pieles, con otros ojos, sobre diferentes suelos.

Al parecer, desde mi perspectiva actual, creó que no me entregué lo suficiente en la seducción de palabras envolventes, sino que fui directamente al meollo de la historia, para abrirme de par en par ante los pretendidos anhelos de las mentes, acompañadas de sus respectivos sentimientos, que pudieran integrarse en mi proyecto de búsqueda del propio conocimiento.

“Falso Sol” intentaba narrar, repito, desde mi rocambolesca concepción de la vida, la historia de un ser humano abatido por las circunstancias de esa vida y por los efectos que sus acciones desarrollaban en la de los demás. En cierto sentido, mi cuento-novela-confesión de un desconocido era un círculo vicioso, una cadena interminable de casualidades con el mundo real.

Nunca pensé que “Falso Sol” llegara alguna vez a ser publicado. Pero debía cumplirse esa suerte de oferta-demanda espiritual y anímica y tuve que plegarme ante la exteriorización de mi creación y la preparación ante el shock de la comprensión o aborrecimiento de los demás.

Mis expectativas fueron superadas con creces. Recibí elogios y rechazos a partes iguales. Incondicionales de mi estilo y exabruptos directos con referencias a mis objetivos literarios. De todo un poco, aquí y allá. Aunque poca gente entendió el mensaje auténtico que tuve en mente transmitir cuando rematé los últimos capítulos, plenamente parabólicos.

Mi editor estaba pletórico. Un trabajo de novel no se había destacado tanto como el mío, y aunque nunca fue un superventas, se distribuyeron un par de ediciones. Esto le animó a seguir creyendo en mi capacidad literaria por algún tiempo.

Compartía yo con él parte del no poder creérmelo, al principio. Inmerso, como siempre, en el mar de dudas, acabé por plegarme a la realidad de que era leído con esperanzas varias, y aquellos lectores me daban, con su anonimato, nuevas fuerzas para seguir intentando el resurgir de mi propio existir, recién estrenado. Mas cometí un error, imperdonable confianza en lo desapercibido de la amalgama de mis miserias: Fue un error pensar que los lectores no serían cómplices de mis experiencias, y no llegué nunca a sospechar que hubiera alguien que pudiera sentirse totalmente absorbido por la historia, pero he aquí que alguien se sintió identificado con ella, con la mía propia, sin él saberlo.

Los sueños pueden ser avisos. Pronósticos de lo inimaginable. Pero, más que eso, pueden ser reflejos de lo extrañado, de lo reciclado por nuestras neuronas, de lo rozado por la realidad de la vigilia. Y quizás en algún instante, sin estar persuadido, había dejado que mis córneas fueran atravesadas por la luz reflejada por la imagen de lo inverosímil, y aquello se quedó grabado en mi subconsciente. Y en los sueños nocturnos, los que antaño me permitían la evasión de lo inaceptable, afloró el elemento de la pesadilla. Y los espejos cortantes me devolvían mi recuerdo sangrante, y con él convivo desde su vuelta.

Soñé con Vladis, y con Vladis llegó la angustia del perseguido.

Yo, víctima de mi propia monstruosidad.

 

holding-the-sun-1543827

Sinceramente, tuyo

Me olvidé decir que a menudo me cuesta olvidar que digo. Sobre todo incoherencias que te sulfuran. Con mi verborrea incontrolada con la que ¡digo tanto de nada!

Por ello te pido perdón. Y te ofrezco mi promesa de escucharte más y de madurar tus silencios sin intentar avasallarlos con mi vehemencia.

Te respeto. Te quiero.

Y ahora te dejo, para que no me olvides.

 

Image

 

(Texto presentado, y seleccionado, en el I Concurso de Cartas Breves “Me olvidé de decir”, año 2014, convocado por Letras con Arte.)

Estratega

  En la ducha, mientras las hirvientes gotas laceraban su incipiente calva, daba vueltas y más vueltas a la estrategia a seguir.

   Cómo utilizar las palabras exactas. Colocando las pausas en el momento adecuado. Realizando malabarismos gestuales para transmitir la petición subliminal de misericordia.

   Ya llevaba un buen rato en el cuarto de baño, que se había convertido en una sauna, y pensaba que debería ir acabando pues el enemigo, que le estaba esperando, sospecharía. De todas formas, no había logrado relajarse y eso, quizás, le delataría.

   Pulsó el mando del grifo, y suspiró.

   Alargando la mano, en medio del vaho, alcanzó la toalla y se enfundó en ella. Volvió a suspirar.

   Pensó que la suerte estaba echada. Lo que tuviera que ser, que fuera. Y fuera lo que fuera, lo que fue lo había disfrutado.

   Salió del plato y se aseguró de no resbalar con los primeros pasos dentro de las chanclas. Sonrió por la dichosa Ley de Murphy, imaginando librarse del inminente enfrentamiento gracias a una proverbial rotura de cuello.

   Con la mano hizo un movimiento de limpiaparabrisas para descubrir su imagen enrojecida, en piel y ojos.

   Se guiñó el ojo derecho y escupió en el lavabo. Una masa verde proveniente de su garganta más profunda.

   Y giró el picaporte.

   -¡Hola, querida!

   Y una hora de ducha tirada por el sumidero. Literalmente.                               -Sé que te vas a enfadar pero tengo que decirte que… te engaño con tu hermana.

   Image