Mindundi

Basta de ser un apocado.
Basta de ser un mindundi.
Basta de ser un alienado. Y de acatar sin acotar la verdad ni acortar los poderes asfixiantes que nos oprimen.
Basta de callar sin sonreír, y basta de reír sin pensar.
Llevemos la lucha de las ideas a la catarsis.
Celebremos el desamparo de los que se creen privilegiados ante las leyes, porque se ven intocables por ellas. Miremos hacia adelante dejando atrás lo que no funciona, en pos del bien común.
Basta de no mirar o de hacerlo hacia otro lado cuando el mal actúa.
Basta de no querer hablar para no atragantarnos con la vehemencia de las palabras no dichas por miedo a la censura.
Basta de no querer escuchar por no querer molestar.
¡Molestemos para que se despierten las conciencias!
Seamos libres y liberemos.
Seamos justos y traigamos justicia.
Y hagamos todo en paz para que la mayoría destinataria del bien común seamos todos, sin excepción.

Mansos

La muchedumbre gritaba, clamaba, arremetía contra los que provocaban las injusticias más infames.
Y, mientras, la mansedumbre aplaudía, acataba, ensalzaba a los que oprimían a los justos, a los que hurtaban las libertades de los humildes, a los que socavaban la Armonía de lo cotidiano.

Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay

Encima de un escenario

Encima de un escenario, las luces, los movimientos, las palpitaciones, los sudores, las ansiedades y desenfrenos de la irrealidad efímera muestran todo su esplendor y quebranto.
Quizás haya que eternizar esos momentos para que se marquen en mi piel y se dulcifiquen los desánimos de mi existencia cotidiana.

Ni nadie ni nada


No bebo alcohol.
Nunca he fumado en mi vida ni he probado ningún tipo de droga.
No tengo ninguna adicción salvo escuchar las voces y las risas de mi familia.
Disfruto de mi trabajo y me consideran, y me considero, un buen profesional.
No tengo nada de lo que alguien me pueda recriminar.
Soy sincero en extremo y no tengo ningún miedo conocido.
Abandoné, hace algunos años, el sentido del ridículo.
Amo la libertad, la justicia y la dignidad humana y no humana.
Lo mío es actuar en vez de hablar.

Pero últimamente el estar encima de un escenario me ha hecho descubrime un poco más a mí mismo.

Que nadie ni nada me quite ese placer.

P.D.: Amaré a Elvis, Michael y Prince hasta el día en que me muera. Y si hay algo más allá de la muerte, seguiré amándolos.


Neodictadura

En el tumulto de las sospechas ajenas, los liberados imaginan un mundo de inocencia sana, proclive a resucitar los corazones primigenios, los que habitaban la dicha planetaria de antaño, cuando la evolución había permitido que los humanoides comenzaran a pensar en algo más que en la supervivencia salvaje.
Los que aún deben ser despertados deambulan entre codazos y zancadillas estériles, preponderadas en la intrusión del sensacionalismo y del egocentrismo exacerbado, con la parálisis de la intuición, con la anulación de la creatividad, a punto de caer siempre por el abismo de la apatía, resbalando aceleradamente hacia la negrura del vacío que trae la desesperanza.
Y es entonces cuando triunfa la ignominia, el despotismo, la barbarie, la indignidad, la locura.

Crucial

Tengo poco tiempo.

He de pertrecharme.

Ha comenzado la invasión mundial.

El Nuevo Orden en el Nuevo Orden.

Tengo que defender a la familia, a los derechos humanos, a mí mismo.

Es crucial prepararme para un futuro incierto.

¡Libertad, Acción, Justicia!

Olvido

A veces, olvido el dolor.
Ese martilleo incesante en mis palpitaciones.
Ese ruido de fondo que me bloquea en mi apreciación del entorno.
Mas cuando está conmigo, me preparo para curar las heridas del prójimo, cuando estas no son sangrantes sino lacerantes.
Pues el dolor me hace empático, y el ardor en mis ojos, y en el estómago, me hace adivinar las raíces de los sufrimientos que traen consigo las injusticias y las necedades de los que oprimen.

Fotografía de Miguel Ángel Delgado Olmo