No bebo alcohol. Nunca he fumado en mi vida ni he probado ningún tipo de droga. No tengo ninguna adicción salvo escuchar las voces y las risas de mi familia. Disfruto de mi trabajo y me consideran, y me considero, un buen profesional. No tengo nada de lo que alguien me pueda recriminar. Soy sincero en extremo y no tengo ningún miedo conocido. Abandoné, hace algunos años, el sentido del ridículo. Amo la libertad, la justicia y la dignidad humana y no humana. Lo mío es actuar en vez de hablar.
Pero últimamente el estar encima de un escenario me ha hecho descubrime un poco más a mí mismo.
Que nadie ni nada me quite ese placer.
P.D.: Amaré a Elvis, Michael y Prince hasta el día en que me muera. Y si hay algo más allá de la muerte, seguiré amándolos.
1. Una gitana dijo a mi madre: «De ti nacerá un varón. Estarás orgulloso, mami. Será un tipo vacilón.
Conquistará a bellas mujeres. Las hará bailar y gozar.» Así que el mundo conocerá de lo que trata esta canción.
CHORUS ¿No ves que estoy aquí? ¡Nooo te podrás resistir! Soy el hoochie-coochie man que muy bien te hace sentir.
2. Tengo una pata de conejo. Mi amuleto es el mejor. Me voy a enrollar con las que quiera. Soy un ligón como James Bond.
¿Aún no sabéis quién es? Chicas, ¡hacéis bien! La tentación llegó Es el hoochie-coochie man
CHORUS ¿No ves que estoy aquí? ¡Nooo te podrás resistir! Soy el hoochie-coochie man que muy bien te hace sentir.
3. En la séptima hora del día 7 es. En el séptimo mes siete doctores ven
Quién nació para triunfar Y así tú verás que cabalgo en el dólar No me vayas a vacilar.
CHORUS ¿No ves que estoy aquí? ¡Nooo te podrás resistir! Soy el hoochie-coochie man que muy bien te hace sentir.
Letra Versión en español, escrita por Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito», de la canción “Hoochie Coochie Man» (titulada originalmente «I’m Your Hoochie Cooche Man»), blues standard escrito por Willie Dixon y grabado, por primera vez, por Muddy Waters en 1954.
En 2020 la Pandemia estaba haciendo estragos en la Cultura viva en España. Se clausuraban salas, se cancelaban conciertos y los artistas tenían que adaptarse, a marchas forzadas, a los nuevos tiempos para sobrevivir. Yo sufría por la situación y apoyaba, con actos presenciales y online, a las salas de conciertos en Madrid. Estas no tenían casi ingresos porque la gente no acudía a ellas, aun sabiendo que se cumplían las estrictas normas de seguridad sanitaria. El cantautor Curro Rumbao me pidió, en octubre de 2020, apoyo para el Open Mic que coordinaba en el Teatro de las Aguas. Dándole vueltas a la cabeza, me di cuenta que la difusión en las redes sociales no era suficiente y pensé en Dan Millson. Dan Millson es un reputado cantautor inglés afincado en Madrid y su valía como artista es, y era desde hacía tiempo, sobradamente conocida. Su maestría en el lenguaje musical, su carisma como artista y su amabilidad y educación como persona, me habían acercado a él desde hacía años antes. Él era coordinador de algunas de las mejores salas y micrófonos abiertos de Madrid y su figura era reconocida públicamente. Pero es un líder, aunque no es inalcanzable. Le iba a proponer que acudiera en apoyo del Micrófono Abierto del Teatro de las Aguas y se lo conté a Curro Rumbao, que no podía creer que Millson estuviera dispuesto a hacerlo. Pero Dan no es de los que habla por hablar sino de los que actúan y dan ejemplo. Y accedió. ¡Vaya si accedió! No todas las personas son egoístas y se miran su propio ombligo sin importarle los demás. No todos los artistas son mitos inaccesibles. Algunos son líderes innatos, que con sus acciones ejemplares, nos enseñan, a los demás, a tocar el suelo y vivir y sobrevivir en la realidad. Seguro que Dan Millson se convertirá, como ya lo está haciendo, en una estrella, pero aquel acto de humildad me hará recordar siempre que, efectivamente, es una de las tantas estrellas que irradian luz y buenas energías entre sus semejantes.
Es algo increíble y no sé cómo explicarlo. Seguro que los que se acercan a mi situación, o están en ella, lo comprenden, pero para mí es algo que va a más. No bebo alcohol, no fumo ni he fumado nunca, y tampoco he probado ninguna droga en mi vida. Según la Wikipedia, que es mi enciclopedia Larousse del siglo 21, el síndrome de abstinencia es la unión de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona deja de consumir sustancias a las que es adicta. Como he escrito al principio, no puedo ser adicto a sustancias que nunca he consumido, pero en mí existe un síndrome de abstinencia que se manifiesta en reacciones psicológicas como la apatía, la depresión y la sensación de mecanicidad en la consecución de mis actos diarios. No es que me encuentre en esa situación todo el día ni todos los días, pero me asaltan los síntomas cuando menos me lo espero. Y es que me entra el «mono» cada vez más a menudo cuando pasan los días sin poder actuar. La cura es rápida y contundente: Me subo a un escenario y me siento feliz, animado, vibrante. Mi cerebro se activa en una nueva dimensión, mis piernas y brazos se desentumecen, mis células se regeneran, mi piel se vuelve tersa y suave y la comisura de mis labios se tensan para dibujar una sonrisa de satisfacción extrema. Soy feliz con mi pareja, con mi familia y amigos y con mi trabajo, y conmigo mismo, pero, de vez en cuando, tengo este «síndrome de abstinencia».
Detrás de mí, uno de los mejores músicos que conozco: Alberto Palacios Anaut.
En mi juventud quise estudiar Arte Dramático pero mi padre prefirió pagarme estudios universitarios en dos carreras que nunca terminé. Mi amor por la interpretación y la música me han llevado, más de treinta años después, a hacer convivir esta vocación con la de escritor literario, en mis apariciones en más de treinta salas de Madrid, realizando uno o dos números musicales acompañados por mi teatralidad cómica, por mi vestuario fuera de normas estéticas, y por mi voz y bailes inesperados, reinterpretando, a mi manera, algunos clásicos de la música moderna, o leyendo poesías o microrrelatos propios en algunos epicentros de la literatura en Madrid. Aparezco en ellos cuando menos se espera y nadie sabe nunca qué voy a hacer encima del escenario.
Yo, como artista underground, siendo más preartista y postartista que actor, o cantante, o escritor, o rapsoda o performer conocido en el maistream, tengo mis inquietudes y saben los que me han visto, y sufrido, actuando, que publico una pequeñísima parte de todo lo que hago, para no saturar al personal (debido a esa enfermedad que tengo llamada hipercreatividad, de la que no quiero curarme nunca). Mi profesión no me permite dedicar todo el tiempo que quiero a mi vocación artística, pero no desisto en vivirla con muchas emociones, por si acaso salta la liebre y me descubre un productor de Hollywood o de Málaga. Soy Archimaldito.
El 31 de julio de 2024 descubrí a Tiny Tim. Desde entonces, estoy obsesionado con esta figura musical y performativa, al nivel que siempre me obsesionaron Michael Jackson, Marlon Brando, Prince, Adolf Hitler, Andy Kaufman o Stromae. Mi esposa sabe de mis obsesiones y tiene que sufrirlas. Soy la pesadez humanizada en esa faceta de mi personalidad y eso, a veces, harta a los demás. Debido a ello, en las relaciones sociales, suelo ser un individuo callado, tímido e introvertido. Nada que ver con mi alter ego, Archimaldito.
Trompetas, que lo petas y no respetas. Violines, jolines, y no opines. Y el saxo, sin retraso, no hagas caxo. Mas la guitarra, esa cimitarra, no seas bandarra. Escucha, no más, la música celestial que anuncia, sin más, el jamás.
Kilos, kilómetros, kolokómetros, la ruta del desastre, a la que todos se apuntan sin pensar en la consecuencias, que suelen ser irreversibles e irremediables. Tanto kolomolo que te como lo que quieras porque quedan pocos días de vida y estos pasan muy rápido, ultrarrápido, que me echo a la nariz todo lo que pille, al gaznate todo lo que no atragante y a las venas todo lo que no sea rastreable. Pumba pumba chaka chaka, que no me des la chapa, que si no puedes seguir mi ritmo quédate panza arriba bajo el sol viéndolas venir, que yo sigo noche tras noche, que paqué dormir si cuando duermo me lo pierdo todo. Que qué música, que qué pibón, que qué buenos colegas que me pasan el costo, que para la meta mejor con tíos y tías no conocidos, que todos nos conocemos y se nos va la lengua. Que vomites te digo pameterte más, que nunca es suficiente y cuando el travelo se dé cuenta que se ha dejado manosear por una escoria como tú me va a venir a dar el cante y amenazarme con contárselo a mi niña de fijo. Que me da igual quedarme sordo que lo que mola es la vibración de los pulmones y el estómago, que lo de la pilila que no se te levante ya habrá remedio cuando te pase el mono. Y no pienses en volverte para casa y que te pillen los maderos y a lo que les digas con las pupilas dilatadas no se van a creer lo que les cuentes y encima se van a querer quedar, decomisar dicen ellos, con todo el material pa colocarse en sus ratos libres que son muchos. Suda sudadera que me la suda que pases de mí para darles picos a todos los machos del lugar que para eso tengo resistencia para tres o cuatro días más sin dormir, que para eso no curro y me despabilo pronto con un rezbul pa seguir pribando. Que me queman los ojos pero lo importante es no cerrarlos para ver luces innecesarias, que hoy estoy aquí contigo que mañana no sé dónde estaré, a lo peor en gayumbos y con un tatuaje de más o sin cartera y sin manera de volver a casa a no ser que sea andando o tirando de dedo, que fijo que no me coge nadie. Venga, pásame el chunda chunda chunga jajajá que me parto el esternón. Que no sé pa qué me estás gritando si con esta música tan disparada no me entero. ¡Sigue bailando o saltando o arrastrándote por el suelo que da igual que todos son colegas y hacen lo mismo esmirriao!
El violín rasgaba el aire con su melancólica tonada. El piano repiqueteaba, con cada nota grave, en mi intelecto. Pero fue la voz de ella la que me recorrió el espinazo con una corriente eléctrica imparable que estalló en chispas invisibles en el frontal de mi cerebro. Y lloré de alegría, de felicidad inmensa, ante el descubrimiento de la belleza. Aquella belleza que no podía ver con mis ojos, pero que podía sentir con el corazón.
Nota: Quiero dedicar este texto a todas mis amigas cantantes, que me llenan de felicidad cuando manifiestan, a través de su voz, su Arte y su talento inmenso.