Desorientado

 

El laberinto de mis emociones

tiene un trazado más complicado que

el laberinto de mis pensamientos.

 

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Abducido

Ya fui abducido hace tiempo, justo cuando me implantaron nódulos neurológicos de alta prestación para que se imbricaran con los ejes de mis neuronas, aunque creo que erraron en la apreciación de que mi cerebro extralimita su velocidad en relación con mis constantes fisiológicas, o sea, pienso más rápido de lo que hablo y es por ello que, a veces, me trabo en mis disquisiciones.

 

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Dice un viejo refrán

Dice un viejo refrán: Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Significado: El paso de los años aporta un gran número de conocimientos.
Aumentando mis conocimientos día a día lo que no tengo tan claro es que mi sabiduría aumente, pues cada uno de esos días me comporto como un niño. No sé si me falta madurez o es que mi osadía ante la vida no tiene remedio.
Por si acaso, de vez en cuando me dejo disfrazar de diablillo.
Por si acaso.

📷 (Por supuesto) Monami

Dos obsesiones

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(Fotografía: Monami)

Dos de mis obsesiones resumidas en una foto: Adolf Hitler y Star Trek.
Los que me conocen saben bien que mis ideas políticas son radicalmente opuestas al Nacionalsocialismo, pero el personaje Adolf Hitler siempre me ha obsesionado. Su biografía, su ideario, la corrupción de lo que pudo haber sido una genialidad y que degeneró en lo que, desgraciadamente, ya sabemos, etc, etc, etc. Lo peor de todo es que el ser humano no aprende de los errores y, de vez en cuando, deja que se desarrollen ideas y personajes que siguen atentando contra la dignidad humana.
Y la contradicción de la foto está en que lo radicalmente distinto es la utopía mostrada en la serie de TV (y posteriores películas) de Star Trek. Una sociedad humana en concordia, unida, en perfecta evolución constructiva, que solamente tiene que luchar contra las especies que quieren desequilibrar la armonía del Universo conocido. 
Si Adolf Hitler hubiera sido trekkie…
¡Larga vida y prosperidad!
Langes Leben und Wohlstand!

Alfileres

Voy dejando atrás los momentos amargos de mi vida, insuflándome positivismo, aceptando de buena gana lo bueno que me encuentro en el camino, aceptando con esperanza lo malo que me asalta de vez en cuando, porque creo que hasta de lo malo se aprende para superarse a uno mismo.
Y las personas, los lugares, las cosas, las circunstancias, que quisieron lastimarme, son expulsadas de mi espíritu y me abandonan dejando una estela que desaparecerá en la nada, una estela de agujas que ya no pinchan, que ya no hacen daño… porque soy otro.

 

(Autorretrato con alfileres)

Guapamente

Buenamente guapamente demente. Y nada arrepentido​ por ser una condición irreversible de mi naturaleza. Con implosiones de conocimiento. Con explosiones de creatividad. Algunas veces con el ánimo por el suelo pero, las más, con la mente más allá de las nubes. Visualizando la magia extrema de la creación cósmica. Trazando líneas imaginarias entre mis infinitos puntos de lucidez. Y actuando. Siempre actuando con golpes continuos de misericordia hacia el mundo egoísta en que me ha tocado vivir. Lleno de habitantes cuerdos. De gentes hipnotizadas con los reflejos escasos de una libertad inexistente. 
Y yo soy el loco…

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(Fotografía: sofamonkez)

Performer

Escribo tanto que no tengo tiempo a publicarlo y, mientras, lo guardo en notas en papel dispersadas por la casa o en mi lugar de trabajo, y allí, como hojas caídas en otoño, aplastadas entre libros o cuadernos releídos, dejan madurar sus palabras, con la intención de que las ideas expresadas provoquen efervescencia en mi psiquis que valga de aviso para volver a rescatarlas.

Y mientras me quedo con los vacíos llenos de mecanicismo laboral, llenos de actos de supervivencia. Deseando que me sobrevenga el estado de dependencia creativa.

Y los ojos, con su punto de visión dirigido a objetos inexistentes. Y las olas de voltaje sensorial que rompen en mi muro mental, tan proclive a ser derribado, me horrorizan y me embaucan a partes iguales, disimulando las pequeñas implosiones con la percepción de la obra de otros artistas, mientras las absorbo y las mimetizo con mi propia percepción de las cosas y de las no cosas.

Y siempre, el agobio continuo por no poder detener el tiempo, que es siempre tan veloz que me siento desamparado ante la idea de que nada sea eterno.

No quisiera tomar nunca como propias las palabras que escuché el otro día de un “performer” o interpretador de la vida y del arte encerrado en esa vida: “No soy un artista, soy un poeta”.

Esas palabras no me valen, pero aun teniendo claro que no me las puedo, ni quiero, aplicar, me hieren demasiado. Y cuando deje de escribir ahora, dentro de un instante, volveré a rebuscar mis hojas caídas de otoño. Volveré a rescatar aquellas palabras escondidas para hacerlas visibles a otros ojos, para que ellos las llenen de sentido y hagan que mi vida tenga, otra vez, sentido.

 

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(Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas “Archimaldito”)

De nadie. De nada.

Escruto la apatía. 
Siembro la discordia contra la ignorancia.  Contra la disciplina incoherente. Contra la hipocresía asentada y asumida y seguida y aplaudida. Y hiervo.
Es entonces cuando estilizo mi derredor. Para proceder a la selección natural de la conciencia.  De hecho la más buscada.
Para asumir la genialidad de algunos individuos. Para dejarme cegar por el brillo de sus mentes. Para absorber el sobrante de su desbordamiento espiritual.  Para aprender y ser cada vez más libre.
Pero aclarando la idea primordial: Seguidor de nadie soy.

(Dedicado a Bunbury)

 

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