Zelia

Mis lectores sabéis que no suelo publicar textos de otros autores, pues casi todos tienen los medios para difundir sus obras, más aún con las omnipresentes redes sociales de hoy en día.
Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, pido permiso a algún escritor o escritora para difundir una pequeña muestra de su obra en mi blog.
Pues bien, hoy quiero presentaros a Zelia, una persona talentosa e implicada con la cultura y los movimientos sociales.
El texto que sigue lo escuché leído de su propia boca en el último Micrófono Abierto de la Asociación Cultural La Brecha, de Aranjuez, y me impactó.
Es por ello que espero que sus  mensajes, el directo y el subliminal, os lleguen al intelecto, al corazón y a la rabia tal como me han llegado a mí.
Con vosotras y vosotros, Zelia.

¿por qué cargo con esto?
¿porque arrastro con las miradas de los que quieren cambiar mi cuerpo?
en las entrañas tengo sangre hecha bola, nudo que ni con agua se deshace, los coágulos espesos que encima llevan muertes aunque no tengan cuerpo
tengo las palmas de los pies roídas, llenas de callos y pieles secas por el peso que carga mi cuerpo
uso los pelos para tapar marcas que no quiero que se vean, las manos que en el recuerdo me ahogan, las bocas que no son eliminables, salivas que recorren caminos por los que nunca tuvieron permiso de entrada

en los vestidos está mi cuerpo para la exposición del resto, la tela apretada me deja desnuda en ojos por los que no quiero ser desnudada, está la presión de que no existan pliegues en el vientre, mírate de perfil mil veces y mete la tripa, disimula la curva que hay de ésta hasta el coño, solo hay un tipo de coño, tiene que ser plano sin pelo sin bulto con todo para adento, el coño de una niña, solo hay un tipo de coño

en los tirantes está la espalda demasiado ancha, poco fina para ser femenina, poco fina para ser mujer, creo que no lo soy
en los tirantes están los pliegues de grasa que juntan a mí pecho con los brazos, brazos que no son delgados, uso mi mano para medir su grosor, no me dan los dedos para rodearlo entero, cuando me hago una foto de perfil lo separo un poco del cuerpo para disimularlo

en el corto del vestido están mis piernas coartadas de movimiento, están los muslos apretados uno contra otro provocando roce herida y sangre, más sangre, no hay movimiento, están las estrías y la celulitis, están las voces de los anuncios que enseñan piernas lisas sin una marca, piernas de muñeca de maniquí de niña, siempre de niña

en mis manos y mi boca está el tacto y el gusto de trozos de piel que no quise haber tocado ni saboreado
en la memoria corporal está el recuerdo que me causa ganas de limpiarme, está el rechazo y el asco, están los kilos de cuerpo que alguna vez estuvieron encima mía o debajo pero sus manos me impedian, en algunos de esos cuerpos están las identidades de cuerpos que sin ser mujeres también sufrimos lo que es ser vistas en ellos

en mi culo y mis tetas están las miradas de los no conocidos desde que las propias tetas ni forma tenían

                                                                        Zelia



Distopía no tan distópica

¡Qué bien peinados están todos! Afeitaditos y con su traje impoluto. Lo malo es que no saben hacerse bien el nudo de la corbata y eso les desprestigia frente a las miradas de los puretas. Pero no pasa nada. Al menos, no tienen ningún rastro de caspa en los hombros y la zona de la cremallera no está abultada, y es como si no tuvieran genitales. Ángeles uniformados. Menudo lujo.

¡Qué estilazos llevan ellas! Sin manchas de carmín en los dientes, sin mostrar escote, sin insinuaciones de curvas corporales. Sin cruzar las piernas y sin estar continuamente mirándose las uñas ni tocándose el cabello. Recatadas, femeninas e, incluso, feministas algunas. Pero no pasa nada. Seguirán siendo ninguneadas y silenciadas. Y creerán que algo está cambiando, pero el patriarcado nunca da pistas de su extinción, y los pensamientos y murmullos de revolución son silenciados por los piropos de los maleducados.

¡No te acerques a mí, mísero trabajador que te levantas todos los días a las cinco de la mañana para desplazarte a tu puesto de trabajo! ¡Ni se te ocurra mirarme, indigente que me tiende la mano abierta, no para saludarme, sino para gorronearme unas monedas! ¡No me dirijas la palabra, estúpida camarera de habitación, que aún tienes la desfachatez de sonreírme y darme los buenos días cuando salgo de mi suite!

¡Desvergonzados todos!

Imagen de Ernie A. Stephens en Pixabay

Sobre vivir

Sobrevivo en una sociedad que intenta imponerme normas que no acepto.
Me adapto rápidamente a las personas y a sus creencias y sueños.

Trabajo, desde antes que salga el sol hasta después de que se ponga, realizando labores que no me hacen feliz, salvo en puntuales momentos de autorrealización.

No hay ningún sistema político, religioso o económico que me satisfaga, y aquí estoy, dejándome llevar por ellos hasta que pueda cambiarlos, haciendo que
mi mente y mi corazón se centren en el aprendizaje y creación de nuevos modos de evolución hacia un mundo mejor.

Soy, ante todo, un superviviente.

La fragua

Tan remotamente cerca. Tan lúcido como escéptico. Tan irreal como consecuente. Al menos con la intención de sobrevivir y hacer el esfuerzo de no avasallar con una humildad hipócrita. Rivalizando con los que tienen deseos impuros, con los que abusan de mentes retorcidas. Con los que fanfarronean de intachables virtudes que no son más que defectos destructivos.

Tan profundamente lejos. No solo en la distancia sino en el olvido. No solo en el tiempo sino en el vacío. Ése que no es rellenable ni con la libertad ni con la verdad.

Me asomo para caer. Y caigo para no levantarme. Al menos hasta que tenga la suficiente desfachatez para fraguar una venganza. Una fría y cruel venganza. Sobre mi falta de entereza ante las discordias. Sobre mi falta de lucidez ante el engaño. Sobre mí mismo.

Los viejos tiempos

Las lavanderas felices en la orilla del río, contaminándolo solo un poquito, canturreaban sobre el amor y el desamor, y cuando hacían una pausa era para enlazar habladurías, una tras otra, sobre la vida del vecindario, sobre los amores y desamores de sus amados y de sus odiados.

Las-Lavanderas-de-La-Varenne

(Las Lavanderas de La Varenne. Oleo sobre lienzo, 1865. Martín Rico Ortega)

Consejo al que no harás caso

   Veo que te esfuerzas demasiado en comprobar que las cosas que te enseñan son una realidad palpable. Y no es así.

   Ellos, los que enseñan, meten en tu cerebro una serie de conocimientos que no sirven para nada. Lo importante es vivir con las intuiciones, las que te han sido dadas al venir a este mundo. Solo debes confiar en ellas. Todo lo demás se hace para encontrar el placer, el del sexo o el del poder, y son múltiples los caminos que llevan a él.

   Si sabes más, estás más cualificado en la sociedad y, por ello, realizas una función dada por un trabajo para el cual se te ha preparado. Este trabajo tiene como finalidad el conseguir dinero, dinero para sobrevivir o dinero para alimentar vicios distintos. Y para conseguir mujeres u hombres, si se está en la edad, o para conseguir poder, por no estar en la edad para conseguirlos por ti mismo.

   Yo te aconsejo, pues, que no caigas en esta degradación. ¡No aprendas!

 

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Año 2014, la revolución del mundo llegará

   Por supuesto que el año 2014 va a ser el año del resurgimiento. Y con el año del resurgimiento, Élites varias como los políticos gobernantes y no gobernantes, la aristocracia privilegiada por una vida no merecida pero sí heredada, y los bancos defraudadores del pueblo pero amantes del capitalismo más acérrimo y sangrante, buscarán que con la vuelta a la búsqueda del empleo casi pleno nos olvidemos de sus tropelías y volvamos a poner la confianza en nuestros votos, en nuestros símbolos obsoletamente medievales y en los depósitos bancarios, para que en la vorágine de la vuelta al inexistente Estado de Bienestar suframos la amnesia que deberíamos tener ahora y puedan volver a sus fueros para seguir viviendo a costa de la sangre incolora, inodora e insípida de sus súbditos, nosotros, la plebe exterminable. Pero se olvidan que la memoria histórica sí existe y el ansia de lo justo nunca morirá y así, de algún modo, que tenemos que vislumbrar en la penumbra de los pensamientos anestesiados, la revolución del mundo llegará. 

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