Sandeces

Voy a creer, a partir de ahora, todo lo que me dices.

Como cuando me cuentas que has visto a la gente sonreír sin miedo al qué dirán.

Como cuando crees haber visto a un par de parejas besándose en plena calle, sin pudor alguno.

Como cuando te atreves a sugerirme que seríamos más felices si pasáramos más tiempo juntos.

Y al escucharte decir todas esas sandeces me preguntaré cuántas más te atreverás a contarme para llamar mi atención, y para mantenerla viva.

 

Sandeces

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Alguien y nadie

A veces, alguien se sorprende de seguir siendo alguien, de contar los segundos para ser nadie.

 El mundo sigue siendo esa desesperanza casual que ilumina nuestros actos y, sin embargo, el desánimo corrompe las expectativas del esperanzado.

   A menudo, muy a menudo, eres alguien siendo nada.

   Si eres capaz de permanecer impertérrito ante la mirada extraña, estás pleno de personalidad inquebrantable, pues son siempre los rostros ajenos los que causan desdicha al culpable de pusilanimidad.

   Y, sin embargo, éste es el ciclo de la sandez, éste es el ciclo de la sordidez.

Alguien y nadie