En la Zona Cero no hay acero. No es el reino del hormigón y sí el de las hormigas. El sinsentido de la civilización ha dado paso a mujeres y hombres civilizados como los animales. La desesperanza del desbarajuste climático se ha transformado en la dicha del ajuste empático. Todos hacia la Armonía y la Armonía hacia todos. Un cambio con sentido consentido por la Humanidad renacida desde los últimos chispazos de la tecnología. La vuelta a la supervivencia. El saborear las vivencias del prójimo como si fueran propias. Dejando a la Naturaleza hacerse cargo de los ritmos diarios, para tranquilizar los nocturnos. Dando a todas y todos lo que merecen del fruto de la felicidad. En la Zona Cero se vive con esmero. En la Zona Cero nadie ni nada es más que nadie ni nada. Todo trasciende, todo importa, todo es racional y razonado. La Utopía se ha hecho realidad, y nadie piensa en lo que vendrá sino en lo que es. Para experimentar cada milisegundo de lo que, en otros tiempos, llamaban Gloria. Ya ha sido reseteada la memoria de los habitantes de la Zona Cero. No hay sitio, pues, para la desesperanza. En la Zona Cero, el mundo es, por fin, un feliz mundo, para todos, por todos, hacia todos.
Las evasivas de la vida. Las dádivas evitadas. Las misiones abortadas. Las fricciones fraccionadas. Las invasiones de la envidia. Las esquirlas anquilosadas.
Las virtudes postergadas. Las vicisitudes visitadas. Las acciones emocionadas. La supremacía superada.
Imaginémonos, por un momento, que la Historia de la Humanidad se hubiera escrito de otra manera: Los accidentes geográficos no han creado fronteras naturales entre agrupaciones de humanos y todos los habitantes del planeta son parte de una gran comunidad global, por lo que no existen naciones, ni estados, ni culturas diferenciadas, ni religiones, ni lenguas distintas. Todo está unificado y el desarrollo intelectual, científico y económico de la Humanidad no ha creado diferencias entre los integrantes de la especie humana, salvo su raza y su forma de protegerse ante las inclemencias naturales. No habría poderes que lucharan por crear diferencias y no existiría la soberbia ni la supremacía, no habría guerras porque toda la tierra y el agua de la Tierra sería de todos y para todos. Esta es la Utopía de la Hermanad Humana. Pero es eso, una utopía. La realidad es que la Historia ha creado diferencias entre nosotros y se ha desarrollado graciasa, o pese a, esas diferencias entre nosotros. Se necesitan los filósofos, científicos, economistas y políticos para dirigir el caos que supondría no ejercer algún tipo de regla integrada en la libertad, la justicia y la dignidad humana. Se necesitan hombres que unifiquen a los integrantes de comunidades de individuos que creen en distintas divinidades. Se necesitan intelectuales, maestros y artistas que impulsen las capacidades creativas que todo ser humano lleva dentro. Y se necesitan personas que hagan que las personas entiendan todos los contenidos escritos y verbales en los que las distintas sociedades han volcado sus conocimientos para hacer evolucionar sociedades, tribus, naciones y estados: Los intérpretes y traductores, que aúnan los entendimientos entre humanos. Los párrafos anteriores tienen como finalidad el incidir en la necesidad de preservar el derecho a la diversidad cultural y lingüística de las naciones, y de las comunidades diferenciadas dentro de esas naciones. Debería estar recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el derecho a poder manifestar las ideas en el propio idioma y que estas puedan ser difundidas en los idiomas existentes distintos del propio para el buen entendimiento entre pueblos en aras de mantener la armonía, la paz y la concordia entre las naciones. Si así fuera entendido por todos los integrantes de la sociedad, verían que las personas que promueven y ayudan a que se haga realidad este propósito merecen todo el respeto que se merecen. Todo el colectivo de profesiones y vocaciones, que trabajan en aras de este entendimiento, juegan un papel capital en la conservación y en el futuro del patrimonio inmaterial de la palabra pensada y hablada. Es por ello que deben ser valorados en su justa medida, como personas y como artífices de una parte importante del progreso y evolución de la Humanidad. Que gobiernos nacionales o regionales promuevan el derecho a ser entendidas las ideas, conceptos y hechos, es un avance primordial para borrar distanciamientos entre los pueblos, para eliminar discrepancias entre colectivos, para llevar a buen puerto la estructuración del desarrollo de sus territorios. Porque recuerden: Esta es la realidad. Las utopías son solo proyectos con improbabilidad de que sucedan.
Levantarse cada mañana con ánimo para llevar a cabo todos los proyectos personales y profesionales. Por muy temprano que sea, por muy oscuro que sea el panorama, por muchos obstáculos que me pongan en el camino… sigo adelante. Por un día de brillo y color continuo. Seguro que mañana volveré a sonreír.
No bebo alcohol. Nunca he fumado en mi vida ni he probado ningún tipo de droga. No tengo ninguna adicción salvo escuchar las voces y las risas de mi familia. Disfruto de mi trabajo y me consideran, y me considero, un buen profesional. No tengo nada de lo que alguien me pueda recriminar. Soy sincero en extremo y no tengo ningún miedo conocido. Abandoné, hace algunos años, el sentido del ridículo. Amo la libertad, la justicia y la dignidad humana y no humana. Lo mío es actuar en vez de hablar.
Pero últimamente el estar encima de un escenario me ha hecho descubrime un poco más a mí mismo.
Que nadie ni nada me quite ese placer.
P.D.: Amaré a Elvis, Michael y Prince hasta el día en que me muera. Y si hay algo más allá de la muerte, seguiré amándolos.
Es importante ser un buen profesional. Es importante ser un buen ciudadano. Es importante ser un buen contribuyente. Es importante ser un buen amigo. Es importante ser un buen esposo, o padre o hijo.
Pero, sobre todo, es importante ser una buena persona.
No se trata de admirar a una persona por su talento, ni por su personalidad, ni por su belleza. No es admiración por parte de una persona, mi persona, que cree que ningún ser humano es más que otro, a no ser que demuestre que es necesario o imprescindible para desarrollar y conservar la armonía del mundo en el que viven las demás personas. Se trata de apoyar los sueños del prójimo, y de que, cuando estos se están haciendo realidad, mantener viva la llama de su ilusión, de su emoción, de su felicidad por lograrlos. Y una manera de conseguirlo es difundir los actos, las obras bien realizadas, de esos seres humanos (o colectivos) con un entusiasmo imperecedero. Solo eso me mueve.
Bien por ti, porque, estando hundido en la más profunda de las miserias, siempre sonríes a la vida. Bien por ti, porque creyendo que los demás son tan inocentes e ilusos como tú, confías plenamente en ellos. Bien por ti, porque tienes sueños e ilusiones que no podrás hacer realidad jamás, pero las cuentas como si ya formaran parte de tu vida. Bien por ti, porque lloras cuando ves una injusticia. Bien por ti, porque no estás apegado a nada ni a nadie y aún así amas todo y a todos. Bien por ti, porque crees que no existe un paraíso en la otra vida pero realizas actos continuos para merecerlo. Bien por ti, porque te crees todo lo que te cuentan y no haces jamás ninguna crítica. Bien por ti, porque sin ser bello ni elegante, reluces entre todos los demás. Bien por ti, porque crees lo que los demás dejaron de creer hace mucho tiempo. Bien por ti, porque jamás haces las cosas a cambio de algo. Bien por ti, porque nunca has perdido la esperanza de que alguien te ame. Bien por ti, porque tu corazón aún sigue entusiasmado con tu infancia lejana. Bien por ti, porque te he mirado a los ojos y no he visto remordimiento ni culpa en ellos. Bien por ti. Bien por ti. Bien por ti, porque, sin conocerme, me has brindado tu ayuda.