3, 2, 1


Cuando escuchó la detonación, no pensó que hubiera sido tan cerca. Pero, aún así, corrió y corrió sin mirar atrás, por si le alcanzaba la mala suerte. 

Cuando, a su paso, otras explosiones fueron concatenándose a ambos lados de la calle por la que estaba dejando su aliento y sudor, pensó que ya era una cuestión de casualidades ajenas a su persona.

Siguió avanzando a grandes zancadas, las que le permitían su juventud y su estatura, ansioso de guarecerse en el aparcamiento subterráneo del centro comercial que se encontraba a tres manzanas de su ubicación, y empezó a preguntarse por qué no escuchaba gritos ni sirenas y por qué no había gente huyendo con él ni animales saliendo despavoridos en todas direcciones.

Creyó estar dentro de un mal sueño y que cuando despertara lo haría sudoroso y con falta de aire y, consolado con esa perspectiva, siguió sorteando los cascotes de los edificios estallados.

Y llegó al humo denso e irrespirable cayendo al suelo por la asfixia, cerrando los ojos por sentirlos arder, tapándose los oídos para escuchar su propia respiración, pues del exterior ya no escuchaba más que un pitido continuo y lacerante que eclipsada sus otros sentidos. Rogando que el polvo que estaba en suspensión, y que le iba cubriendo mientras que adoptaba una posición fetal, se convirtiera en purpurina de colores de fiesta y que el radiodespertador lo sustrajera de la desesperanza que estaba invadiendo su psiquis descontrolada.

Y empezó a sentir cómo se ralentizaban sus latidos, cómo su lengua se convertía en un tapón de carne pastosa que no le dejaba tragar la poca saliva que embalsaba en la boca sellada por labios resecos y sangrantes.

Levantó, por última vez, los párpados, antes de apagarse, y no vio más que oscuridad.

Ciego y sordo. Muriendo poco a poco.

Sin poder llorar o gritar.

Tres, dos, uno.

Licras, mallas, calzas, leggins

Veo que te acercas y te plantas frente a mí esperando que te pregunte qué quieres. 

Te observo de arriba abajo y te sientes aludida por mi descaro y desfachatez. 

Qué hago mirando directamente tus muslos ceñidos por mallas de colores extravagantes. 

Qué hago mirando directamente el contorno de tus pechos marcado en tu jersey de cuello alto.

Qué hago mirando directamente tus labios carnosos. 

Te equivocas, como siempre.

Mi intención no es sexualizarte sino fijarme en tus piernas para adivinar si son robustas y te sostendrán cuando te dé la noticia, fijarme en tu pecho para adivinar si tienes buenos pulmones para gritarme cuando llenes tu cabeza de insultos, fijarme en tu boca para lograr vislumbrar la saliva que puede contener antes de que me escupas.

Y es que no sé cómo vas a reaccionar cuando te diga que ya no te quiero.

 

1 de enero

Tengo siempre una sensación extraña al comenzar un nuevo año. La inercia del año anterior no me hace sentir la frontera temporal entre uno y otro. Me planteo un nuevo año no cuando lo dice el calendario sino mi propio aniversario de vida.
No me planteo nuevos proyectos sino que los dejo fluir, siendo fiel a mi espíritu de improvisación.
Sintiendo felicidad si salen bien pero no agobiándome ni negativizándome si salen mal o no salen como yo hubiera querido.
Dejar fluir todo, sin forzar ni mi cuerpo ni mi mente para no malgastar energías que necesitaré para lo próximo que venga.
Pero aún así, necesito unos días de reestructuración interna para seguir adelante.
«Año nuevo vida nueva» no suele ir conmigo. Todo se dará, todo llegará, y si no, me reiré y reiré, para no perder la buena costumbre.
                               1 de enero de 2021.
                   Jesús Fernández de Zayas
                                         «Archimaldito»

Moonwalk

Ésta es una primera edición en español de la autobiografía de Michael Jackson, Moonwalk, publicada en 1988. Recuerdo haberla leído con avidez porque, después de mi familia, Michael era una de las personas más importantes en mi vida. Recuerdo que se publicó después de la gira Bad, a la que también pude acudir en su concierto español en el estadio de fútbol Vicente Calderón.

Este fin de semana fui a casa de mis padres, y allí estaba, en un estante de libros de mi hermano Gerardo, y volví a tocar sus páginas y leer escritas las palabras de Michael que quedan como constancia de su humanidad. Y sentí mucha añoranza. De mis padres y hermanos, de Michael, de mis adolescencia y juventud.

Recordé mis momentos álgidos de jacksonmaniaco, la música que escuchaba, que se centralizaba en torno a él (hasta que conocí a Prince), mis momentos bajos (que él curaba con su música) y toda la gente que he conocido que fuera fan de Michael.

Recuerdo mi emoción al poder colaborar, por primera vez, con mi timidez innata, en lo mínimo que pudiera y me dejaran, en su organización en España de Heal The World For Children, para poder poner mi granito de arena en su misión humanitaria en el mundo.

Todo lo que hago actualmente como artista, o proyecto de artista, tiene algún guiño a Michael (en mi vestimenta, por ejemplo, como sombreros, o guantes de lentejuelas, o gafas de sol, o en mi forma de bailar, etc).

Recuerdo uno de los momentos tristes de mi vida, su muerte, y la depresión que me dio (hasta hace poco no lo he asumido) y los mensajes de condolencia que me enviaron algunos amigos, como si se hubiera muerto alguien de mi familia, porque así consideraban esas personas que era, por lo imbricada que estaba mi vida con la suya (aunque él no lo hubiera sabido nunca).

Ahora no escucho su música, obviamente, tanto como antes, porque siento tristeza. Pero sigo al tanto de todo lo que ha acontecido desde que no está entre nosotros, aunque ya no estoy interesado en su familia, ni en sus discos póstumos, ni en los documentales que siguen intentando denigrar su persona y su legado, ni en los cotilleos.

Solo respeto todo lo que hizo en vida. Como este libro.

Rompecabezas

Mis pulmones funcionan a pleno rendimiento y mi corazón percute con latidos acompasados pero que se vuelven frenéticos cuando mis pensamientos, sentimientos y hechos claman libertad.

Tengo razones para pensar que aún no soy libre y que los embaucadores digitales están aprisionando mi intelecto mientras intentan llevarme por los derroteros del colectivo alienado.

Hay demasiadas señales de desasosiego que me alarman sobre los próximos precipicios. Pero es tan larga la lista de las cosas que tengo que cumplir para mi propia supervivencia que me desentiendo de ellos. Y cuando estoy estable, vuelo, en sueños, o en otras realidades, como la que me hace creer que puedo ser artista o que puedo aportar algo al ingenio humano.

Mientras que llegan las respuestas, grito.

Mientras que llegan las respuestas, respiro controlando el final de otro ciclo, el de la madurez.

Mientras que me hago más preguntas, suavizo los altibajos emocionales con los intentos de resolver el rompecabezas en el que me estoy convirtiendo.

Ocho soles

El primero, demasiado cerca. Tanto que pudo achicharrarnos. La nave casi no resistió.

Después, la hibernación, para llegar al siguiente.

El segundo pasó de largo, pues aún no habíamos despertado. Dio igual. No era nuestro objetivo.

En el tercero, ¡ya el tercero!, tuvimos tiempo de pasearnos por cubierta mientras el equipo científico descubría un par de planetas que podrían albergar vida. Fantástico. Volveríamos. No sabíamos cuándo, pero volveríamos.

Y vuelta a dormir.

Cuando las máquinas nos despertaron del segundo sueño, no todos pudimos volver a nuestros camarotes, pues muchos no sobrevivieron, y estando en órbita alrededor del cuarto decidí estar despierto un par de años durante nuestro trayecto al quinto. Me alegró la vida poder observarte durmiendo, imaginando que te acariciaba el pelo, mientras me iba cansando y perdiendo la esperanza de encontrar otras especies fuera de la Tierra. Demasiado tiempo desde que nos embarcamos para recorrer el Universo.

Decidí dormir los casi doscientos años que nos llevará llegar al sexto. Demasiado tiempo para que me esperes si decides despertar antes. Ahora no sé en qué fase me encuentro, ni sé si los demás han aguantado tanto trasiego corporal, ni sé si sigues tan bella como cuando reíste a carcajadas mi ocurrencia de pedirte mano en el Gran Hall de la Academia diciéndote algo que me repito, en mi subconsciencia, con cada latido ralentizado:

-¡Me gustas siete soles y te daré ocho si lo deseas!

Extracto de SOL

Se despertó de madrugada y fue entonces cuando escuchó los alaridos. Provenientes de los otros adosados. Y ruidos de carreras por la calle. Gritos y gente corriendo descontrolada. Como si les fuera la vida en ello. No se decidió a salir hasta que pareció llegar, de nuevo, el silencio. Pero cuando se dirigía a su coche, para revisar si tenía desperfectos por posibles vandalismos, cayó al suelo por un violento empujón. Y, aunque las farolas no funcionaban, pudo ver la cara, la media cara de su asaltante.

La Multitud

 

Esta vez mi paciencia ha sobrepasado su límite.

Esta vez he conducido un centenar de kilómetros para llegar hasta aquí, al culo del mundo, donde nadie me vea, donde no exista gloria ni alarma en lo que voy a hacer. Donde nadie ni nada, salvo el viento, intente detenerme y me haga repensar mi decisión.

Esta vez el borde del acantilado está a mis pies, en la semioscuridad, con las olas allá abajo, adivinadas por el sonido relajante de sus rompientes.

Esta vez he saltado.

Y el pitido del aire acelerado ensordece mis sentidos, cerrando los párpados, notando la presión de la velocidad en mi cuerpo que cae descontrolado.

Esperando el impacto. Esperando el click del apagado.

Y los segundos se hacen eternidad. Y otra vez estoy empezando a impacientarme.

Pienso, demasiado tarde, que voy a aplastar a algún habitante de las rocas, o a varios, con el guiñapo en el que me voy a convertir.

Y creyendo que ya está aquí el silencio, un murmullo gratificante me sorprende.

Pero, ¿qué hace aquí tanta gente?

 

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La Flor

Me cardo el pelo.
Maquillo mis decenas de arrugas mal distribuidas y me convenzo de que soy hermoso.
No hace falta que nadie me eche flores pues ya estoy en la edad del pasotismo social.
Aún así, me enfundo mi vestido más ceñido para llamar la atención. Y me pinto los labios.
Tiento la suerte y me atrevo a bajar a la calle para mostrar mi palmito.
Y a mi paso se alzan las mariposas del planeta, y ligo. Hoy, por fin, ligo.