¡Ay, la pena negra de la bella Yerma! ¡Ay, el Camborio de mis azucenas! No sé si es cante o es poema, pero es jondo. Ay, que tenía que haber dejado que me dejaran ser quien era. No hay peor desesperación que la piedad bien hecha. Que si a quién amo, a quién escribo, a quién engaño con mi obra maltrecha. Soy Federico, señor, el de Fuente Vaqueros, no tenga la mirada estrecha. Sepa que he escrito lloros, poesía y dramas de amplia cosecha. Pero nadie sabe dónde estoy desde que decidieron que debía irme de las tierras de vino y arte, de cante y luna libre, de la sangre el caballo y el toro. ¡Ay, Ignacio Sanchez Mejías, si hubiera sabido que te seguiría allá donde fuiste! ¡Ay, que quiero ser uno de los sueños de mi Dalí! ¡Ay, Salvador, sálvame de su incultura!
Salvador Dalí y Federico García Lorca, Turó Parc, Barcelona, 1925
Mi nombre es Jesús Fernández de Zayas, y soy conocido artísticamente como “Archimaldito”.
Perdone mi atrevimiento, pero dado que abandoné las redes sociales hace casi un año, cuando cumplí los 57, no tengo otra forma de dirigirme a usted.
Conozco y disfruto de su música desde mi infancia, pues mis padres, emigrados en los años 60 a Francia, reproducían, una y otra vez, en un “pickup”, sus sencillos.
Empecé a cantar meses después de que falleciera mi padre, en el año 2016, para salir de la depresión en la que me sumí por este hecho, y sin saber si se iba a convertir en algo más que un puro entretenimiento, para evadir las penas personales y los estreses laborales.
Pero poco a poco, animado por el público de las “jam sessions” y micrófonos abiertos a los que acudía, me di cuenta que podía cantar todo tipo de canciones y que podía moverme en el escenario con soltura.
Los cantantes a los que más he homenajeado con mis interpretaciones han sido Prince, Elvis Presley y usted, intentando respetar su espíritu en cada una de mis intervenciones sobre un escenario.
Ayer, día 12 de septiembre, actué en una sala de Madrid llamada Thundercat, en la que, otra vez, me invitaron a cantar su archiconocida “Mi Gran Noche”, y al terminar, los músicos coordinadores del evento me indicaron que toda la sala, con casi 100 personas, se enfervoreció con mi “performance”.
Cuando regresaba a casa, sumido en mis pensamientos, me di cuenta del éxito que he estado cosechando durante estos años, homenajeándole a usted reinterpretando algunos de sus mayores éxitos, pero me entristeció darme cuenta que, al no ser yo un profesional de la música, todo el entusiasmo del público, y el mío propio, era efímero, y que la realidad de la cotidianidad me volvería a envolver, positivamente, al día siguiente, hasta mi próxima actuación.
Y pensé en las veces que, cuando estaba en las redes sociales, usted o, con casi total seguridad, alguno de sus colaboradores, habían visto alguno de esos momentos de homenaje hacia usted, y habían agradecido y engrandecido, en cierta manera, como es habitual ahora en la nueva era tecnológica en la que vivimos, con el susodicho “me gusta” o “corazoncito” de las plataformas al uso.
Y pensé, como conclusión, en escribirle esta carta, porque a la edad que tengo, me apetece hacer las cosas que siento, siempre con respeto y dignidad y, por ello, quisiera transmitirle mis deseos de conocerle en persona y estrechar su mano para agradecerle todos los años de felicidad que he tenido con su música.
Cuando hace unos años estuve con mi madre, hiperfan suya (desde que le conoció en Sevilla en persona hace casi 70 años), en su concierto en el WiZink Center, no podía suponer que, pasado ese tiempo, ella adquiriría la fatal enfermedad de Alzheimer, y ahora me recuerda, como es normal en esa enfermedad, aquellas veces que le vio, y yo, para animarla, le canto alguna canción suya o le envío alguna grabación que me han enviado amigos del público de mis actuaciones. Y en su inocencia y candidez me pregunta si voy a cantar alguna vez con usted. Obviamente le respondo “Todo se andará, Mamá, todo se andará”, para mantener su sonrisa.
El tiempo pasa, pero la ilusión permanece, y ella es la que nos mantiene vivos. Tener sueños y proyectos mantienen las ganas de vivir. A ello me sumo todos los días, con esperanza.
Reciba un cordial saludo.
Siempre raphaelista.
Jesús “Archimaldito”
Postal con autógrafo de Raphael, propiedad de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»
Llevo dándole vueltas en la cabeza, pensando profundamente, deshaciendo malentendidos internos, clarificando ideas y hechos. La muerte de mi padre fue el comienzo de mi vida artística como alguien que se sube a un escenario a evadir sus dolores, sus penas, e intensificar sus alegrías. Desde el 2016 he agradecido, privada y públicamente, la oportunidad de hacerlo a muchas personas, que me impulsaron y apoyaron en seguir un sueño truncado en mi juventud. Muchas veces me autorizo a mí mismo a decir quemi hijo Iván, conocido como el artista multidisciplinar Rev Silver, es quien es gracias a mi apoyo y amor. Él lo ha llegado a admitir alguna que otra vez también. Pero ahora soy yo el que debe decir, y así lo haré a partir de ahora, que más allá de todos los artistas, presentadores, coordinadores artísticos, etc, la primera persona que me dio el empujón, y el apoyo, para subirme a un escenario, fue mi hijo Iván, Rev Silver, porque si él no me hubiera llevado aquella primera vez, hace nueve años, a una jam session en la sala Honky Tonk, de Madrid, para que saliera, durante unas horas, de la tristeza y la depresión por la muerte de su Abuelo Jesús, nunca hubiera salido a flote aquel artista dormido que habitaba en mí. Y, sobre todo, fue el que me permitió empezar a cantar, haciendo los coros en sus covers de Marc Bolan. Si aquello no hubiera pasado, quizás el artista Archimaldito no hubiera expandido sus alas más allá de la Literatura, su otra gran pasión. Por eso, quiero darle las gracias por darme la auténtica primera oportunidad de ser yo mismo como artista o proyecto de artista. Te amo, Rev Silver. Te adoro, Iván.
Había llegado a creer que los viajeros no le engañaban, pues se habían traído consigo pruebas irrefutables de que el salto hacia atrás era posible, pero a él no le seducía recoger esas pruebas y darse a conocer en la comunidad científica. Prefería investigar, por su cuenta y riesgo, cómo podía desplazarse a un momento exacto de la Historia.
– ¡A riesgo de preservar un sistema podrido por la corrupción, doy el primer paso y me muestro ante vosotros, enemigos de la justicia visible, para desestabilizar el tejido social y hacerme con el poder sin pensar en leyes ni normas impuestas!
– ¿Sabes? Te hemos descubierto. En definitiva, y a pesar de todos tus intentos de pasar desapercibido, la verdad es que eres un bastardo de la luz, ¡un maldito Bastardo de la Luz!
Le vi, como a unos diez metros de distancia, cuando me dirigía a mi puesto de trabajo en el Westin Palace, en el año que fui jefe de medios audiovisuales de este hotel, allá sobre el año 1999. Me impresionó su porte y elegancia, y su cabello encanecido, y me hubiera gustado decirle que yo era admirador de su talento y su obra, pero no tenía permitido hablar con los clientes, a no ser que fuera por asuntos relacionados con mis funciones profesionales. Él era el Sr. Vargas Llosa.
Antes y después de ese momento, inolvidable para mí, he estado leyendo, y coleccionando, sus obras, y he debatido, con mis parientes y amigos peruanos, la conveniencia de su presidencia, siempre utópica, en ese país andino al que me unen tantos sentimientos y vivencias.
Recuerdo, con cariño, la lectura de sus memorias «El pez en el agua», y mi ritual mañanero de acercarme al kiosco para comprar, durante una semana, los ejemplares del periódico El País, que contenía su «Diario de Irak», publicado desde el 3 al 9 de agosto de 2003, por estar convencido de que él era el único cronista objetivo que me merecía la pena leer en aquella época tan convulsa nacional e internacionalmente.
El 17 de marzo de 2019 escribí, en mi blog literario, sobre una de sus obras:
«Quien me conoce sabe que, en la medida de lo posible, soy una persona objetiva y que, para valorar algo, intento desarraigarme de mis ideas y sentimientos para opinar sobre algo o alguien.
Esto que escribo viene a cuento porque el escritor, cuyo libro recomiendo hoy, está muy lejos de mí en cuanto a ideales políticos y socioeconómicos y, sin embargo, es uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos: Mario Vargas Llosa.
Este libro del 2000 es una obra maestra. Todos los de Vargas Llosa lo son, pero lo que me ha hecho inclinarme por La fiesta del Chivo es su absoluta maestría en la descripción de personajes y acciones. Sobre todo sus descripciones explícitas de los hechos que, anecdóticamente, me hicieron revolver, como nunca, las entrañas, sintiendo arcadas y entrando, literalmente, en estado de shock, algo que nunca me ha ocurrido con otro libro. Estuve muy enganchado a su trama y, después de su lectura, quise saber más sobre los hechos históricos que narra: El auge y caída de la dictadura de Trujillo, que marcó la historia oscura de la República Dominicana.»
Gracias a él, y a Asimov, soy el escritor que soy, pues sus estilos narrativos me inspiraron, e inspiran, muchos de mis textos, y sus vidas, dedicadas a la literatura, me animaron siempre a seguir un sueño, por ahora, inalcanzable, pero no abandonado.
Gracias a Mario Don Mario (así titulé uno de mis microrrelatos archimalditos), se aclararon mis infinitas dudas y conseguí salir de mis vaivenes y convulsiones literarias, tras la lectura de sus «Cartas a un joven novelista».
Nunca tuve la oportunidad de hablar con él en persona y siempre tuve mi fantasía personal de estar dándole un apretón afectuoso de mano mientras le susurraba, observando su prominente sonrisa, un «encantado de conocerle… y gracias por todo, Sr. Presidente».
Dicen, cuando alguien fallece, aquello de «descanse en paz». Quizás ahora, esté donde esté, haya logrado llegar a un espacio-tiempo donde la Paz, que tanto deseó para el Mundo, sea algo más que una palabra vacua y de realidad inalcanzable.
Allá, donde esté, si es que algo está o algo queda, quizás descanse, o no, el Escribidor y el Hablador Don Mario.
El violín rasgaba el aire con su melancólica tonada. El piano repiqueteaba, con cada nota grave, en mi intelecto. Pero fue la voz de ella la que me recorrió el espinazo con una corriente eléctrica imparable que estalló en chispas invisibles en el frontal de mi cerebro. Y lloré de alegría, de felicidad inmensa, ante el descubrimiento de la belleza. Aquella belleza que no podía ver con mis ojos, pero que podía sentir con el corazón.
Nota: Quiero dedicar este texto a todas mis amigas cantantes, que me llenan de felicidad cuando manifiestan, a través de su voz, su Arte y su talento inmenso.
Hacía pocos meses que había cumplido los doce años y estaba comenzando mi vehemente búsqueda de conocimientos y se estaba fraguando mi personal visión del mundo. La educación recibida se complementaba con mi absorción cultural a través de la Literatura, el Cine y la Música. Y en la radio sonó Blame It On The Boogie y quedé impactado por las voces de aquellos jóvenes, a los que vería, meses después, en la televisión, cuando se emitió, en la única cadena que existía, el vídeo de la canción. Y me quedé con ganas de saber más de ellos. Fue entonces, en el año 1978, cuando el brillo de Michael Jackson llegó hasta mí y nunca dejaría de deslumbrarme hasta el día de hoy. Cuando murió, se quebró algo dentro de mí. Lo echo muchísimo de menos. Hoy, 29 de Agosto de 2022, Michael cumpliría 64 años de edad. Y quiero rendirle homenaje con mi voz.
Kitai es, sin duda, una de las mejores bandas de este país. Tengo, a mis espaldas, muchos años de escuchar música en la radio, en discos de vinilo, en cintas abiertas y en cintas de cassette, en CD y en formatos digitales, y de ver y escuchar, en directo, a much@s artistas, algun@s de ellos grandes iconos de la cultura universal. Mis gustos, subjetivos, mandan en mis consideraciones estéticas, pero no siempre juegan un papel importante en mis elecciones, sino los contenidos, los objetivos subliminales de las obras, y esos nanosegundos de felicidad absoluta que, a veces, acaban estallando en un clímax emocional profundo que pueden llegar a prolongarse horas, días, incluso una vida entera. Puedo contar, con los dedos de mi cuerpo, los artistas que logran llevarme a ese estado. No los voy a nombrar aquí, para no herir susceptibilidades de los que no estén en ese grupo de nominados. Solo puedo decir que Kitai son unos de ellos. Está cercana la fecha del lanzamiento de su nuevo proyecto y creo que, cuando lo asimile en mi conciencia, me daré cuenta de que no me desdiré de nada de lo que he escrito anteriormente.