Un día más

Un día más. Un día triste más. Conmigo misma y sin nadie más. Tan desmoronada como siempre, cuando el siempre ya no tiene sentido pues cada segundo se repite. En esta interminable órbita los víveres se van agotando y mi final está más claro que nunca, a pesar de que me dejé engañar en el reclutamiento. Sé que mis compañeros de misión nunca volverán porque a ellos también los engañaron y allí abajo no hay nada ni nadie. Desde hace un mes que no recibo sus constantes vitales y mi esperanza en volverlos a ver, sonriendo frente a mí, ha desaparecido. También sé que mis señales de auxilio nunca llegarán a su hipotético destino. Afuera, el Universo se detiene cada vez que cierro los ojos rendida, consternada, con una alta erosión en mi mente. Ya no me importa que las uñas y pelo me crezcan a una velocidad desmesurada. Me da igual mi aspecto pues hasta de mí estoy cansada. Pongamos que un amanecer impreciso de un día cualquiera las células de energía de esta nave se agotan y que caigo en espiral precipitándome contra la superficie de este maldito planeta. Pongamos que sobrevivo al impacto, algo físicamente imposible. Pongamos que soy una ilusa y creo que sus supuestos habitantes, hasta ahora invisibles, me rescatan. La falta de oxígeno me está empezando a afectar. Mejor hago que el Universo se detenga para siempre. Para que no haya un día más.

space-halo-5-1626966

Sala de espera

El lanzamiento había transcurrido sin demasiadas novedades, después del acostumbrado retraso en el encendido de motores. 
La liberación de la gravedad había sido tal y como habían experimentado en los interminables simulacros.
Y después, el vacío, el sonoro y el visual.

Y los corazones acompasados bombeando sangre al ritmo previsto. 
Debían prepararse para el largo viaje. Debían dormir para aguantar los antojos imprevistos de sus organismos. Debían acomodarse a las exigencias del hiperespacio y dejarse llevar hasta el infinito, en busca del nuevo mundo prometido para empezar una nueva vida anhelada.

Y cuando estaban a punto de entrar en el agujero de gusano, la implosión inesperada los borró del Universo Material Conocido.

Y noté el espasmo en mi alma.

Sin saber lo sucedido, me detuve en el intercambio de anécdotas con mis allegados, los que habían decidido acompañarme en el que podría haber sido uno de los momentos más felices de mi vida. Debió ser entonces cuando el director de la misión, cabizbajo, con labios temblorosos y con los ojos humedecidos, se decidió a entrar en la sala de espera. Y antes de que pronunciara palabra alguna, me derrumbé con el corazón exhausto, pues intuí lo que me iba a decir.

-Tus padres no lo han logrado. Pero no pierdas la esperanza. Se han marchado sin ti, pero esperan que vayas, estén donde estén ahora.

pink-galaxy-digital-art-niverse-1634428

Colonizador 000001

El borde afilado de la plataforma central estaba clavado en el suelo. Las dos bandejas de transporte que la flanqueaban estaban en vilo y cubiertas sus superficies de las pisadas fijas de las botas de gala. Los pies que se las enfundaban, con los talones juntos y las puntas separadas por un ángulo de cincuenta grados. Las piernas rectas sostenían los cuerpos embutidos en los monos bicolores de giselo. Las manos desnudas se cruzaban a la altura de las pelvis, y los ojos perdidos en la formación que se les enfrentaba.

Silencio, que se rompió por pasos acompasados y risas espontáneas. Ojeó las castrenses hileras de ambos lados. Sonrió para sí y terminó abrazando al capitán, que le había animado a que bajara sin precauciones por la superficie de aspecto resbaladizo.

A una señal de su comandante, las estatuas que adornaban su paseo, genuflexionaron en acto de reverencia al solemne huésped que les abandonaba. Tocó suelo y enfiló sus pasos hacia la fila derecha, y no con poco esfuerzo, pues tenía que erguirse sobre la punta de sus pies, apretó las manos de los que le reverenciaban.

-Gracias. Gracias. Gracias. Gracias…

No esperaba respuesta. Repitió la operación con los del otro lado.

-¡Ojalá el destino tuviera a bien unirnos en otras circunstancias! ¡Hasta pronto!

El capitán le demostró un último afecto y retrocedió dejándolo sobre el firme del planeta.

Colonizador 000001 alejó su figura unas pocas decenas de metros, los suficientes para que el campo magnético de la nave no le alcanzara. Se quedó estático observando cómo se elevaban hasta ser un punto negro contra el naranja del cielo y cómo partían vertiginosamente hacia el punto de origen, La Tierra.

Colonizador000001