¿Cuántas veces más?

Acabo de despertar. He dormido, otra vez, boca abajo y he vuelto a encharcar la sábana, a la altura de mi cara, en dos zonas. Uno de los rastros corresponde a mi saliva, que dejo escapar con la relajación de los músculos de la boca. El otro, por ahora, lo desconozco, aunque, si me esfuerzo, puedo recordar algún fragmento de lo que he estado soñando.

Unos zapatos brillantes de charol en unos pies de niño que avanzan, apresuradamente, por una calle gris y mojada y el sentimiento de preocupación porque se lleguen a manchar con barro. Y los dedos, también de niño, que acomodan los calcetines de punto blanco, para que no bajen a los tobillos. El ruido de los tacones sobre el suelo, allá abajo, porque el campo de visión es otro, hacia adelante, hacia un portón de madera pintada de marrón chocolate.

El rechinar de los goznes cuando se abre la puerta empujada por las manos infantiles, y la pituitaria que asume el gozo del pan recién hecho, con la masa esponjosa de su miga aún caliente.

Y desde la perspectiva visual de alguien demasiado bajito, la impresión de los traseros alineados, pertenecientes a cuerpos apoyados en el mostrador, que esperan su turno para ser atendidos.

Y, de pronto, el cambio radical de imagen.

La cara sonriente, muy cerca, tanto que se puede adivinar el sentimiento de franqueza, inherente a la confianza extrema en las palabras del señor que las emite, con su voz grave y melodiosa.

– ¡Susito! ¡Hijo! Ya creía que te habías perdido. Menos mal que llegaste a tiempo para ayudarme con el recado de tu abuela.

Ya sé. El agua se ha escapado de mis ojos. La añoranza ha provocado el estallido del dolor por la pérdida del ser amado.

Le he vuelto a echar de menos y el asalto de los recuerdos ha dejado testimonio en mis devaneos oníricos. Demasiado reales a veces.

¿Cuántas veces más mojaré la cama? Con mis lágrimas.

¿Padre?

¿Papá?

 

Con papa

Rev Silver, mi hijo, en Facebook

No sé qué decir ante esto. Prince forma parte de mi vida desde que tengo conciencia. Es como hablar de alguien de mi familia, porque así es. He escuchado y escucho su música desde que tengo conciencia. Es imposible enumerar los miles de momentos en los que él está presente. Prince es una de mis mayores influencias artísticas. Es un ídolo innovador y genio en lo que hace. Llevó la música a otro nivel, y su legado no tiene fin. Pero sobretodo, y lo que más quiero destacar ahora, es que es el ídolo de todos los tiempos de mi padre. Él fue quien ha hecho formar parte de mi familia a este genio. Él si que lo está pasando mal ahora, porque Prince es la banda sonora de su vida. No tengo forma de describir lo que significa Prince para él, y para mi familia. Significa baladas de amor que bailó con mi madre. Significa fiesta, celebración y positivismo. Se que mi padre está feliz cuando pone Prince a todo volumen en casa. Tiene su cuarto lleno de imágenes de Prince, desde sus discos, vinilos, el póster de su gira “Nude Tour” que muestra como trofeo…

Esta foto la tomó una de las veces que le pudo ver en concierto, tan cerca de él… No te preocupes padre. Estos momentos no se olvidarán nunca. Su música vivirá con nosotros.

LEAD Technologies Inc. V1.01

(Fotografía por © Jesús Fdez. de Zayas ARCHIMALDITO)