Jugador

Debimos haberte eliminado hace tiempo porque no eres más que un agente en discordia, inválido para nuestros propósitos, que no son otros que la búsqueda de la armonía unificada en esta parte del Universo.

Es erróneo que pienses huir porque, aunque logres burlar todas nuestras medidas de seguridad, las balizas, insertadas en ti, nos mostrarán tus posiciones exactas. Tu posición espaciotemporal y tu posición en el nivel de juego de tu vida actual.

 

dark-beings-2-1556935

Anuncios

La Revo

La emoción de transgredir las normas.

Las de la familia, las del trabajo, las de la sociedad que las envolvía a ambas.

La adrenalina que se disparaba al hacerlo.

Y mantenerlo en secreto añadía valor a su osadía.

Y el miedo a que la descubrieran.

Actuando tan poquito a poco que, a veces, se olvidaba de que estaba cambiado el mundo.

 

mysterious-woman-1436808

Abducido

Ya fui abducido hace tiempo, justo cuando me implantaron nódulos neurológicos de alta prestación para que se imbricaran con los ejes de mis neuronas, aunque creo que erraron en la apreciación de que mi cerebro extralimita su velocidad en relación con mis constantes fisiológicas, o sea, pienso más rápido de lo que hablo y es por ello que, a veces, me trabo en mis disquisiciones.

 

alien-1572176

Pionero

Vuelvo a estar solo otra vez.

Casado y con hijos, pero solo otra vez. 

Con amigos, pocos y escogidos, y cientos de conocidos, pero solo otra vez.

Echando de menos el contacto humano.

Queriendo salir y abrazar. Queriendo conversar y, sobre todo, escuchar.

Solo, siempre solo. 

Y cuando me entra el bajón, me pregunto, después de secarme las lágrimas, que a veces no puedo controlar: 

¿De qué vale la fama?

¿De qué vale ser un pionero?

¿De qué vale vivir algo extraordinario?

Si, al final, estoy solo.

(Diario Personal, clave a69X8THRE3, Mars Mission Dome/ Cúpula Misión Marte)

 

mars1

Restitución

Los paseos dejaron de ser relajantes. Miraba siempre hacia atrás, porque en la senda de grava escuchaba sus pisadas, que me herían por su inoportunidad. Pero no había nunca nadie a quien acusar. Solo mi paranoia. Y el demente jamás confiesa su locura. Ahora lo hago, porque me curaste, pero antes estaba demasiado imbuido en la idea de mi genialidad autodestructiva.

Un día, en una calurosa mañana de invierno, mi sistema asociativo se derrumbó.

Falsas recurrencias magicolúdicas de mi atormentado complejo de inferioridad para el que ser el centro del Universo se concretaba en que alguien se fijara en mí, que fuera yo el núcleo de sus obsesiones amatorias o de potestad sobre los demás.

Estar solo y creer que miles de pares de ojos te observan para juzgar lo que haces. Cualquier sonido era sospechoso. Y al fin, un charco en el que te miras y junto a tu testa, la de tu musa. Un respiro de reacción y, girando la cabeza, sin nadie al lado. Pero, en esa ocasión, la sensación de verme acompañado fue hiperreal porque sentí su aliento.

Creí que alguien se estaba burlando de mí, por lo que pudiera haber sabido a través de mi propio contar anecdotario. Anduve con zancadas más largas y a mayor velocidad, para que la fantasma se despegara y se quedara tirada en alguna cuneta de mi itinerario.

Y el calor me empezó a estrangular. El de la fricción continua de la soledad se había apagado con el batir del corazón nervioso, acelerado por los últimos acontecimientos: No creía que pudiera ser quien yo creía. Habían pasado demasiados años, y los rostros cambian.

Quizás, pero no las miradas. Pueden ser alegres, iracundas, o afectadas por algún mal de ánimo, mas las que te rasgan con su profundidad se mantienen, aun con aquellos disfraces, imperturbables.

¡Basta! Ella no existía. Aunque aquella noche soñaría con ella y con su sonrisa, inaugurando mi mortificación.

 

portrait-of-a-lady-1437314

Esperad noticias

Queridos amigos que algún día podáis leer esto:

   Parece mentira. He logrado llegar a Barajas a las nueve y media de la mañana. Y aquí me tenéis, escribiendo después de complicarme un poco la vida. Me refiero a que lo de ser vegetariano me trae algún problemilla que otro.

   Mis amigos expedicionarios se olvidaron mencionar ese detalle tan tonto respecto a mí y, claro, cuando lo digo en los mostradores en que me dan la tarjeta de embarque ¡plaf! no voy a poder comer a mi modo desde Madrid a Chryse Planitia. Tendré que escoger secciones comestibles para mí de entre el menú poco variado que me ofrezcan. Han tardado en atenderme más de lo normal porque, además, a petición mía, se han molestado en intentar reservarme mi nutrición especial en el transcurso del vuelo de vuelta. Son unas ricuras estas chicas.

   Terminé todo el papeleo en un cuarto de hora. Hasta tuve que pasar por R-X mi equipaje al confesar que no sabía lo que Elizabeth me ha legado para que entregue a su hermana y que resultó ser una batidora. Y ahora, mientras escribo con esta maravillosa pluma que me regaló Armando, estoy dejando pasar la hora que falta hasta mi embarque. Salgo a las 11:25 AM pero debo estar en la lanzadera a las 10:45 AM.

   Me he propuesto absorber todo lo que ocurra a mi alrededor y concentrarme en mis objetivos a realizar. Necesito dejar de pensar, hasta donde resista, en todo lo que dejo aquí. La ilusión de volver con nuevos ánimos vitales me ayuda a no obsesionarme con lo que me espera a la vuelta.

   Y justamente lo que me ha estado martirizando durante estos últimos días es muy distinto a lo que, en un principio, cuando me planteé el viaje, concentraba mis pensamientos: Converger todo mi amor en una persona determinada en vez de buscar el conocimiento.

   Me iniciaré magistralmente en el arte de aprender, aprender de mí mismo y de los demás.

   Esperad noticias.

 

mars-1475728

La Búsqueda

esfera-2-1056315

   No llegué al sueño en todo el resto de la travesía.

   Realicé lo rutinario en cualquier vehículo espacial dirigido que estuviera a punto de entrar en nueva atmósfera: La asepsia integral, la desintegración de las vestimentas y calzado utilizados en el viaje, y la esterilización de los complementos insustituibles, así como la incorporación de un atavío unisex de un único uso que estuviera de acuerdo con la moda del planeta en el que iba a ingresar, compuesto por un vestuario de riguroso estreno, y en tal caso, con los gérmenes propios del mundo en cuestión.

   Completado esto, anduve, sin demasiada prisa, por el corredor, dirigiéndome al portón de salida. La antigravitación me depositó sobre un deslizador uniplaza que tenía ya asignado un domicilio en la memoria de su orientador electromagnético. 

   Durante la carrera, dejé a los lados avenidas rancias de lujo, con luminotecnia que sobraba, que se hacía barroca en las formas y en los usos, pues con el día que estaba reiniciando, se aportaban demasiados brillos a los metales de las calzadas, de los edificios, de las alturas surcadas. La privacidad de los acontecimientos que contenían aquellas interminables sucesiones de rascacielos, que conferían monotonía en la línea paisajística, se hacía redundante con las placas de fibras traslúcidas. Los habitantes de aquella no debían de amar las sorpresas, la variedad, la inconstancia.

   No pude adivinar ninguna huella de creatividad, pues se había olvidado la presencia de la pasión, del equilibrio entre lo racional y lo sentimental, para dominar con la lógica incolora y pragmática. Además, iba a demasiada velocidad para permitirme degustar los aromas, sonidos y colores de las escasas pausas llenas de Naturaleza.

   El deslizador fue desacelerando a medida que iba rozando las altas hierbas del prado violeta surcado por la senda de aproximación, señalada a ambos lados por dos hileras de enhiestos frutales, y finalmente se detuvo.

   Pisé el suelo y subí las escaleras pulimentadas sin ayuda de ningún automatismo. Raramente se veía aquello, pero así era en aquel planeta: los usuarios debían subir los peldaños luchando contra sus propios pesos activando sus aparatos locomotores. No se consideraba arcaico, sino elitista.

   La cima estaba coronada por una pileta de roca artísticamente labrada y, tras ésta, un portal ciclópeo que escondía mi próxima soledad.

   Una gran baldosa metálica resaltaba de entre las demás pétreas, y sobre ella me situé, siendo analizada mi identificación. Y escuché una voz dentro de mi cabeza.

   “”No luche demasiado. A veces, no vale la pena.””

   La mirada perdida en un punto fijo imaginario. Dejé pasar los pensamientos que me desolaban y repelí lo que me servían de consuelo, dejando la mente en blanco, evacuándola de todo su contenido, pero siempre teniendo dominio sobre ese vaciado. E ignorándolo todo.

   Me olvidé de mí mismo, siendo menos que nada, y ese era el escarmiento que me merecía y el que había estado buscando cuando me planteé viajar hasta ese planeta, pues, aunque había soportado años de voluntaria penitencia, de castigos psicofísicos incontables e incomparables por su severidad, no había logrado borrar mi angustia de omnipecador. Había soportado la carga, el peso continuo, y la flama incombustible en mi corazón, con la expectativa de que algún día se hiciera cenizas, para que pudieran volar y repartirse en el ciclo constructivo del quizás volver a ser.

   Y allí, encima de aquella gran baldosa metálica, me llegó la Iluminación:

   “”De todo existen dos caras, dos polos. Si considero que estoy inmerso en el Bien, debo considerar que el Reflejo de ese Bien es el Mal. Y yo nunca he actuado al otro lado del Espejo.”