Pareja

Tampoco hoy.

Tampoco mañana.

Como tampoco fue en el pasado nunca.

Asumir que tengo tan poco que dar a nadie.

Ni mi corazón lo ofrece ni mi mente está por intentarlo.

Me tildan de egoísta.

Yo me aplico el sambenito de lobo solitario.

Que ronda por la vida sin necesitar a nadie y que la acabará sin echar de menos a nadie.

Me describen como un ser amargado. Y no les quito la razón, pues me amarga la misma existencia, a la que mis padres me lanzaron sin pensarlo, sin reflexionar sobre mi futuro cuando ellos me faltaran.

Él.

 

Los trazos de amargura se difuminaban en su alma ilusionada. No cabían en ella nuevas pretensiones que sabía incumplidas de antemano. Germinaban, sin embargo, los pellizcos de emociones hasta entonces desconocidas. Y haber conocido a esa persona que había logrado hacerle olvidar sus desórdenes internos, más del corazón que de la mente.

 

Cuando me digas que me quieres.

Cuando me hables de nuestros recuerdos.

Cuando me toques y yo te deje hacerlo.

Cuando me mires, sin reírte, o sin llorar.

Yo te preguntaré cuándo.

Sobre vivir, te hablaré mientras sobrevivo.

Ella.

Pareja

 

 

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Así es ella

Pizpireta, anacleta.

A veces profeta de una vida multidesgraciada.

Seguidora de unas normas endulzadas

que la corrompen en la tribu ensimismada,

esa horda que dice que no hay leyes,

esa que grita que no hay reyes

mientras distribuyen el derecho de pernada.

La individua revolucionada y la revolucionaria,

la apática y la estratégica,

la exigida y la restringida,

la aplaudida y la temida.

Esa señora que te mira y no te mira.

Esa ilusa que se ríe de tus gracias y con tus desgracias.

La liberadora de pasiones

y la presa de los besos presos.

La señora de la incertidumbre,

la aprovechada de la mansedumbre.

Así es ella y no se queja.

Así es ella en privado y en público.

Y así lo escribo, de ella enamorado

de su leyenda y sus miradas,

de su tacto y de su lengua intrépida,

que no se calla, que no me acalla.

Que no me quiere ni me ama,

pero que adora ser mi dueña y mi ama.

Ama, ama.

 

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No hago poesía

Pronto, loco, pronto.

No desesperes.

Loco, pronto, pero poco.

No te excedas ni antecedas.

No me desampares,

no me abandones

pues estoy contigo

en éste, éstas y aquéllas.

Pronto, falta poco,

juntos,

mutuos,

míos,

tuyos,

todo.

Pero siempre poco.

Y demasiado pronto

 

 

¿Qué esperas de mí?

¿Qué no esperas de mí?

¿Qué quieres que te dé?

¿Qué pretendes recibir sin ofrecer?

¿Amor, dolor, sopor, temor, amor,

amor, amor, amor?

¿O no?

No.

Será que no.

La espera se te hará larga.

Disfruta de lo que no vas a conseguir.

De mí.

Sin mí.

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Y lo siguiente

 

Y lo siguiente, ¿qué sería?

¿La humillación, por no poder tenerla nunca?

¿La transgresión, para luchar por su amor?

¿El desamparo, el azote de la soledad?

¿La invasión de los miedos?

¿La inapetencia, la depresión, el abandono de sí mismo, la huida?

¿El no ser por no ser de ella?

¿El no querer ser de nadie más?

 

Y lo siguiente(Fotografía: © Jesús Fdez. de Zayas “Archimaldito”)

 

Huesitos

Tro me observó un rato sin decidirse a morderme. No sabía si obtendría algún beneficio con ello. Me husmeaba sin que le llegara olor alguno. Y seguro que temía, con absoluta certeza, que quebraría sus colmillos si intentaba atenazarme con ellos.
Me puse en cuclillas y acaricié su cabeza.
Mecánicamente, pues no sentía su piel con mis yemas. Y gruñó.

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Ombligo

Escapo del infierno de tus ojos para caer en las arenas movedizas de tu boca.

No es que seas una trampa, es que eres un peligro para mis sentidos, pues al final caigo voluntariamente en tus excesos, los de personalidad, los de hermosura, los de tu inquietante ternura.

Y, sin embargo, tú me sigues mirando insultante, creyendo que acaparas el mundo porque te crees su ombligo. Me desprecias y me desesperas a partes iguales, porque has asumido que te amo y que puedes ningunearme a tu antojo, pero he de decirte que aún no he asumido mi papel de esclavo reprimido. Mi ama. Ama.

Ámame tú también.

 

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De Amor y Des Amor

Siempre escribiendo sobre el Amor y me olvido de que ya no amo.

Me he olvidado del desamor para escribir qué es lo que amo.

Aún con el corazón vacío del sentimiento, bombeando sangre helada, alimentando una vida rota, tan desesperadamente larga cuando es tan corta.

Necesitando volver a amar para no escribir sobre ello, para no tener tiempo de hacerlo.

Para no escribir y sí decir uno o miles te amo.

 

roses-on-my-grand-piano-1310847(Fotografía: Roses on my gran piano, de Am Y.)