No se trata de huir del planeta dejándolos abandonados a su suerte, a su mala suerte.
Se trata de quedarse y enfrentar las próximas desdichas con ellos.

No se trata de huir del planeta dejándolos abandonados a su suerte, a su mala suerte.
Se trata de quedarse y enfrentar las próximas desdichas con ellos.

El equilibrio exacto.
Donde las extremidades juegan con el vacío.
Donde la lengua demora en zafarse de las necedades.
El equilibrio deseado.
Cuando uno logra mirar y juzgar desde la distancia.
Cuando se es testigo de la esperanza perdida y recuperada.
Y la respiración no se entrecorta sino que fluye como un manantial invisible de lucidez.
Y la dispersión de la memoria, antes de hacerse líquida e inalcanzable.

Sobrevivo en una sociedad que intenta imponerme normas que no acepto.
Me adapto rápidamente a las personas y a sus creencias y sueños.
Trabajo, desde antes que salga el sol hasta después de que se ponga, realizando labores que no me hacen feliz, salvo en puntuales momentos de autorrealización.
No hay ningún sistema político, religioso o económico que me satisfaga, y aquí estoy, dejándome llevar por ellos hasta que pueda cambiarlos, haciendo que
mi mente y mi corazón se centren en el aprendizaje y creación de nuevos modos de evolución hacia un mundo mejor.
Soy, ante todo, un superviviente.

VIDA EN MARTE (Música: David Bowie / Letra versión en español: Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito»)
Tanta vida queriendo huir.
Preparándome en subsistir.
Luchando contra la razón.
Agarrándome a la intuición.
Sin saber qué me ocurrirá,
estoy dejando todo atrás.
Y mi mente es una explosión
que transforma la realidad.
Pero esto se ha de arreglar
y a todos tengo que gritar
que no hay otra oportunidad
y tenéis que saber que…
(Chorus)
En mis sueños había vida en Marte,
sueños que me llenan de ilusión.
Soy un explorador.
Dime si soy un hombre
libre que se asombra
o que va llorando de emoción
con Bowie en esta canción.
Is there life on Mars?
Falló toda Revolución,
las promesas, la Humanidad.
Error del Sistema fatal
que al humano quiso salvar.
Y por eso he de decir
que mi misión he de cumplir.
Una llamada de atención
y te pido tengas valor.
Porque esto se ha de arreglar
y a todos tengo que gritar
que no hay otra oportunidad
y tenéis que saber que…
(Chorus)
En mis sueños había vida en Marte,
sueños que me llenan de ilusión.
Soy un explorador.
Dime si soy un hombre
libre que se asombra
o que va llorando de emoción
con Bowie en esta canción.
Is there life on Mars?

Trompetas, que lo petas
y no respetas.
Violines, jolines,
y no opines.
Y el saxo, sin retraso,
no hagas caxo.
Mas la guitarra, esa cimitarra,
no seas bandarra.
Escucha, no más,
la música celestial
que anuncia, sin más,
el jamás.


En la insaciable eternidad, en su utópica búsqueda, andamos inmersos para no deshonrar nuestra propia memoria, nuestros próximos recuerdos no fraguados. Liberando energía constructiva en el intento de no ser abandonados en la nada, clausurando puertas para que la amnesia no invada nuestro santoral de vivencias.
Elucubrando, durante toda una vida, sobre la perennidad de nuestras huellas, esforzándonos en la esperanza continua de un legado en proyecto.
Tramando y tratando vivencias comunes con nuestros prójimos para que ellos prolonguen nuestra presencia en el mundo sin nuestra existencia.
Con el temor y el terror a lo fútil de nuestras experiencias.
Jesús Fernández de Zayas
¿Por qué no damos opiniones sinceras sobre muchos temas?
Siempre se dice aquello de «en público no hables ni de religión ni de política ni de fútbol». Yo añado que ni de sexo ni de alimentación.
Pero bueno, nos autocensuramos para no caer en el bucle infinito de la controversia, la polémica, la discusión. Para no ser señalados a nuestro paso por las conciencias cobardes que prefieren el conformismo. Para que nuestras ideas, sobre cualquier tema, no influyan en nuestro trabajo, en nuestras relaciones sociales cotidianas.
¡Y así nos va! Tenemos que esperar cuatro años (oficialmente, en España) para dar a conocer nuestra opinión y de tratar de imponerla a los demás con el rito del voto en unas elecciones políticas.
¿Y si ninguna opción te representa? ¿Te quedas callado y aguantas los embates del borreguismo humano?
Yo me niego. Me niego a censurarme y a que me censuren.
Aunque me encerraran en una cárcel, aislado a cien kilómetros bajo tierra, y tiraran la llave, amordazado y sin luz ni agua ni alimentos, mi mente seguiría siendo libre, y mi conciencia, y pensaría en mi derecho a ser auténtico conmigo mismo, a no traicionarme ni anularme.
Por eso no quiero callar ni de palabra ni de acto.
Soy libre.

No sé nada de casi nada.
Y aun así me permito hablar cuando no me preguntan.
El respiro emocional de saberme escuchado. El envalentonamiento de mi ego precipitado tan a menudo en una depresión continua.
El saberme observado, aunque sea con ojos de burla. Buscando las réplicas para enzarzarme en pequeños duelos dialécticos que siempre pierdo, porque de nada sé y de todo hablo.
Mi soledad intrínseca me lo pide, clamando a gritos, para ser abandonada.
Tan infame, tan ridículo, tan tenaz.
Me salva de ser un despojo el saber escuchar a los demás cuando nadie habla.
Y me creo que soy alguien para alguien, aunque ese alguien nunca aparezca o siga escondido en el anonimato.
Viejo chocho. Vete ya con la murga a otra parte.
Querido odiador:
Creo que usted me desprecia como artista y, si no es así, por lo menos sé que usted se burla de mi arte.
Pero ya sabe, todo es subjetivo. Desde que le conozco, me ha dado usted muestras gestuales y verbales de lo dicho anteriormente.
No pretendo que acepte que yo soy un artista, pero sé que doy felicidad a algunas personas con lo que hago. Solo pretendo eso. Nada más.
Tengo ya una edad en la que el egocentrismo lo dejé atrás, aunque pueda parecer, por mis vestimentas y excentricidad de carácter, lo contrario. Cada vez que usted se ha burlado de mí, he sacado más fuerzas para seguir haciendo lo que hago con pasión. La pasión, el amor por el arte, y la felicidad del prójimo es lo que me mueve.
Aunque a usted le pese, existo, y seguiré subiéndome a un escenario allá donde me permitan hacerlo, para expandir positivismo allá donde voy.
Nunca he tenido ocasión de manifestarle todo esto en persona, pues siempre le he considerado una persona poco accesible. Como soy escritor, aprovecho este medio, el de la escritura, para manifestarle mi pesar por su trato hacia mí. Pero bueno, yo seguiré respetándole aunque usted no me respete. Cuídese mucho y sea feliz. Y no se preocupe, que no le molestaré más. Haré, cuando me encuentre con usted (que estoy seguro que ocurrirá muchas veces) como si no existiera.
Quizás sea ese el peor castigo para un odiador como usted: la indiferencia.
Reciba un cordial saludo, de este, su humilde odiado,
Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito»

Y le dijeron que sería un dios pronto.
No entendía por qué los mayores, sin su consentimiento y, sobre todo, sin su conocimiento, habían decidido para él aquel destino.
Ahora comprendía tantos años de presión en los estudios, tantos ciclos de descargas intermitentes con reseteos controlados por el Maestro, tantos aislamientos eternos en la Gran Esfera.
Le dijeron que sería enviado.
La combinación infinita de exponenciales vibraciones de marcas indelebles en el espaciotiempo le haría saltar a más de seis mil años luz hasta permutar sus atrones en una irradiación visible para los habitantes del mundo destino.
No haría nada más. Solo ser notado durante unos instantes por los elegidos de la presunta civilización.
No creía estar en posesión de los méritos para tal hazaña y, menos aún, tener el coraje suficiente para saltarse la Ley de la No Intromisión.
Argumentaron, para ganarse su complicidad, que no era el único, que, como él, otros estaban ya preparados, y que tenían las mismas dudas. Aquello no lo consolaba.
Engañaría, mentiría, solo por el bien de la especie, cuando intuía, muy en su interior, que, por culpa suya, llegaría la destrucción de otras muchas.
El subplano cibernético para el viaje y la suplantación de materia estaba a punto de entrar en fase con la Avalancha.
¡Cree y crea!: al menos no le pedían su sacrificio.
Todo sería nada antes de él. Todo era nada sin él.
Y asintió, un un antes de ser uno.
