Un poco del vivir

Las evasivas de la vida.
Las dádivas evitadas.
Las misiones abortadas.
Las fricciones fraccionadas.
Las invasiones de la envidia.
Las esquirlas anquilosadas.

Las virtudes postergadas.
Las vicisitudes visitadas.
Las acciones emocionadas.
La supremacía superada.


Foto por Archimaldito

El día a día

Son cosas extrañas que ocurren cuando estás solo en la noche.
Parpadear en la oscuridad y ver luces intermitentes a ambos lados de tu inexistente campo visual.
Observar tus piernas enflaquecidas por el tiempo y desear volar para que no aguanten tu peso por mucho más tiempo.
Liberar un grito y enmudecer en la primera sílaba que aún no has tragado.
Ruborizarte en la distancia de la cercanía a la mujer que amas mientras observas sus párpados caídos por el cansancio de la edad desmerecida.
Escuchar ruidos y luego risas de los que los han provocado por hallarle gracia a la injusticia.
Alterarse por las voces sutiles y las palabras apagadas que a veces se tornan ininteligibles.
Rumiar la cena cuando estás pensando en el desayuno y sonreirte, porque nadie te ve hacerlo, cuando sabes que volverás a caer en la gula del consumismo más cruel.
Soportar los dolores de muelas esperando que no se hagan más crueles con los próximos latidos de tu taquicárdico corazón.
Parpadear rápido para intentar que tu vida futura se transforme en una película en blanco y negro.
Aguantarte las ganas de orinar porque crees que algo extraordinario está a punto de suceder y no te lo puedes perder.
Escribir en el aire palabras de amor por si pueden leerlas en un espacio paralelo.
Intentar recordar todas las mentiras que has dicho durante el día para intentar enmendarte a la mañana siguiente.
Provocarte una tos, de vez en cuando, para asegurarte de que aún respiras y estás vivo.
Y dormirte, siempre dormirte, aburrido de la vida, convencido de que cosas aún más extrañas ocurrirán cuando estés solo en el día.
En el día a día.

Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»

Sobre vivir

Sobrevivo en una sociedad que intenta imponerme normas que no acepto.
Me adapto rápidamente a las personas y a sus creencias y sueños.

Trabajo, desde antes que salga el sol hasta después de que se ponga, realizando labores que no me hacen feliz, salvo en puntuales momentos de autorrealización.

No hay ningún sistema político, religioso o económico que me satisfaga, y aquí estoy, dejándome llevar por ellos hasta que pueda cambiarlos, haciendo que
mi mente y mi corazón se centren en el aprendizaje y creación de nuevos modos de evolución hacia un mundo mejor.

Soy, ante todo, un superviviente.

Vivir

En la insaciable eternidad, en su utópica búsqueda, andamos inmersos para no deshonrar nuestra propia memoria, nuestros próximos recuerdos no fraguados. Liberando energía constructiva en el intento de no ser abandonados en la nada, clausurando puertas para que la amnesia no invada nuestro santoral de vivencias.
Elucubrando, durante toda una vida, sobre la perennidad de nuestras huellas, esforzándonos en la esperanza continua de un legado en proyecto.
Tramando y tratando vivencias comunes con nuestros prójimos para que ellos prolonguen nuestra presencia en el mundo sin nuestra existencia.
Con el temor y el terror a lo fútil de nuestras experiencias.

Jesús Fernández de Zayas

Genio

Genio. Tránsito y esperanza. Lúgubres sentimientos de insatisfacción. Patetismo integral de una memoria caduca. Irreprochable tentación de lo absurdo. Lujuria vana de una rabia eterna. Vasta bestia marchita marchando hacia la total disgregación, hacia la total desaparición de la esperanza en un remedio para la cordura. Prefiriendo estar loco que lúcido. Prefiriendo morir que vivir en la nada. Deseando. Buscando antes que encontrando. Para perderse siempre. Genio.
Es hora de echar a andar de nuevo.

 

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Voy a morir

Voy a morir.

Sé que quiero morir y que voy a morir.

No voy a quitarme la vida pero sé que voy a morir.

No es que necesite morir. Es que voy a dejar de existir.

De pronto, cuando yo decida, dejaré de ser alguien para ser, simplemente, nadie.
Y no habrá nadie para ser testigo de mi voluntad. 
Voy a morir. Es más, ya estoy muriendo mientras estoy escribiendo esto. No sé por qué lo estoy haciendo. Quizás para calmar mi conciencia. Pero es raro, porque estoy tranquilo. No tengo miedo. Ni atisbos de arrepentimiento. 
Moriré pues. Porque está dicho, porque está predicho que así ocurra. 
No siento nada parecido al rencor contra mí mismo. Ni contra los que me han imbuido esta idea, porque no es una idea, es un hecho.
Toca dejar de existir y lo acepto. 
Así se decidió hace casi cuatrocientos años. Vivir más llamaría, de nuevo, la atención. 
Quiero morir. Toca descansar y regenerar mi energía. 
Cuando vuelva a nacer tendré otro aspecto y estaré en otro sitio a miles de kilómetros de aquí. 
Los sondeadores recogerán mi cuerpo y se decidirá mi reciclaje íntegro. 
Así volveré a formar parte del destino de los humanoides con los que quisieron que conviviera. 
Ya siento las picovibraciones emocionales que llevarán a mi apagado interno. Y las ráfagas de lucidez darán paso a la nada estéril. 
Quiero morir y voy a morir. Aunque quizás exista una palabra más adecuada para mi apagado temporal. Aunque… qué es el tiempo sino un vaivén de mi existencia.

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