El artista

 

Es un artista: Sus movimientos de manos hipnotizan a las masas, mientras su discurso las embauca.

 

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(Fotografía: Captura de foto de Vine interpretado por Jesús Fdez. de Zayas “archimaldito”)

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En Paz

   El rumor se hizo rugido. La fricción se hizo fuego. El escarnio había llegado. Siempre, invariablemente, ocurría lo mismo. Era bien aceptado que cualquier intención pacificadora era semilla sin terreno en el que crecer.

    -¡Que sean los demás quienes opinen! No los influya con su charlatanería. Es usted muy locuaz, pero, al fin y al cabo, completamente vacío. Pero ha cometido un gran error: No contar con nuestra aquiescencia. ¿Para qué tanta palabrería, tanto ridículo rito y burocrática hipocresía, si al final las guerras declaradas son guerras efectivas?

   Janos Hendricks se encontraba esplendoroso, satisfecho de su inminente obra. Se dijo a sí mismo que había llegado el momento de hacerles tragar sus palabras a los que ejercían de defensores de ideas que ni ellos mismos creían, a los que tachaban de inverosímiles las propuestas de esta paz forzada que tenía próxima en sus manos, y a todos los burócratas desmadejados les iba a demostrar que enarbolar el estandarte de la hipocresía diplomática no era buen asunto, sobre todo cuando la conveniencia empujaba a apoyar iniciativas que en otro tiempo no hubieran patrocinado ni por asomo.

   Ceñudo, se rascó con gravedad su prominente apéndice nasal, y mascó la respuesta como si tuviera que deglutirla para ver si era digerible para él y para los intereses que debía salvaguardar. Y cuando rumió y rumió, soportando el mal sabor de la bilis de rabia que se le acumulaba en la garganta, presentó su dictamen ante aquel público ávido.

   -¡De verdad, quiero que me dejen en paz, retirarme a descansar eternamente! No quiero más luchas, más políticas, más ambiciones. He perseverado por la armoniosa conjunción de las ánimas de todos nosotros, todos vosotros, y la infección del poder se ha extendido demasiado, repeliendo, haciendo cero, mi trabajo. Estoy agotado, desesperado, sin intenciones vitales… Déjenme tranquilo. No busco conspiraciones. No pido perdones, clemencias, expiaciones. Busco morir, conmigo mismo.

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Democracia

Quiero creer que me quieren por lo que soy, no por lo que represento.
Deseo hacerme valer por mis valores, no por lo que los demás esperan de mí.
Y aun así, dudo de mis capacidades. Y aun así, libero sus atrocidades, les permito sus procacidades.
Y creo monstruos. Respetables monstruos que devoran a sus propios padres, que hacen rechinar sus dientes cuando se carcajean de sus prójimos, a los que desprecian hasta alcanzar el grado sumo de envilecimiento.
Y tiemblo, porque siento un leve amor por esos ruines. Y para que este sentimiento no caduque los mantengo, los encumbro, los eternizo.

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