No siempre soy quien quiero ser pero siempre soy quien soy.
Soy siempre quien quiero ser porque siempre soy quien soy.

No siempre soy quien quiero ser pero siempre soy quien soy.
Soy siempre quien quiero ser porque siempre soy quien soy.

En el tumulto de las sospechas ajenas, los liberados imaginan un mundo de inocencia sana, proclive a resucitar los corazones primigenios, los que habitaban la dicha planetaria de antaño, cuando la evolución había permitido que los humanoides comenzaran a pensar en algo más que en la supervivencia salvaje.
Los que aún deben ser despertados deambulan entre codazos y zancadillas estériles, preponderadas en la intrusión del sensacionalismo y del egocentrismo exacerbado, con la parálisis de la intuición, con la anulación de la creatividad, a punto de caer siempre por el abismo de la apatía, resbalando aceleradamente hacia la negrura del vacío que trae la desesperanza.
Y es entonces cuando triunfa la ignominia, el despotismo, la barbarie, la indignidad, la locura.

El edadismo.
Esa es una palabra que nunca había leído antes de verla mencionada continuamente en LinkedIn.
Las oportunidades laborales van menguando con la edad y esa es otra de las lacras de esta sociedad inmersa en un Sistema Erróneo y Errado.
La experiencia debería ser un valor añadido en todos los trabajadores.
No solo la experiencia profesional sino la vivencial. La paciencia, el control emocional, la mente resolutiva, va desarrollándose con el paso del tiempo y ayuda en bastantes momentos clave de nuestra labor, como crisis en una organización o en la ejecución de un trabajo en concreto.
Achacan que, con la edad, los reflejos disminuyen. Yo, para la mayoría de los casos, lo dudo.
El edadismo coarta, pues muchos siguen anclados de por vida a un trabajo que o no les gusta o no les deja desarrollarse ni como profesional ni como persona, ya que temen intentar embarcarse en nuevas aventuras por miedo a no poder avanzar en otras empresas o en la realización de otros proyectos o sueños.
Yo no creo en el edadismo. Sé que existe pero no quiero caer en la trampa de creérmelo y asumirlo y enquistarme en un rol que quieren imponerme otros. Seré yo el que decida cuándo ha llegado el momento de retirarme.
Nota: Archiviejuno es un personaje, creado por mí, que parodia, en la mayoría de sus interpretaciones, el edadismo.

Otra vez, en la quietud de la noche, me dispongo a soltar las amarras de mis pensamientos, dejando que naveguen libres, y que las inquietudes del día se aparten de mi destino, en mi camino hacia la exaltación de la libertad más absoluta, cuando no existen cortapisas impuestas por el entorno que me oprime en el alboroto del día.

Es imposible mirar hacia otro lado sin sentir remordimientos por ser todo lo egoísta que te permite el instinto depredador, el canalla que llevas dentro.
Es imposible ser transigente con todo tipo de pecados, magnánimo con toda suerte de debilidades, preciso en discernir la línea divisoria entre lo malo y lo peor, sin críticas moralistas que solo envilecen las cicatrices, que solo dulcifican los arrebatos existencialistas.

Es en lo cotidiano donde fijo la mirada para verter mi dosis de pureza. Es en lo versátil de la realidad donde apoyo mi estremecimiento de los pensamientos. Sin un poco de osadía no sería libre. Sin un mucho de capacidad de absorción de lo bueno del mundo, no sería feliz con mis hechos.
Aquí estoy para entregarme abierto de alma y cuerpo, tan sutil como una brizna de electricidad neuronal, tan contundente como el martillo de mis pies sobre el suelo cuando camino hacia el futuro.
¡Salud y Alegría! ¡Amor y Armonía! ¡Libertad y Justicia!
Archimaldito

Es un renglón torcido.
Es un repicar interminable de campanas.
Es una disputa que trae el consabido delirio.
La sensación del vacío, de la inacción.
El habla sin sonido, el gesto sin significado.
Es la rabia sin espuma en la boca ni lágrimas ardientes en las mejillas.
El golpear de la palma abierta en la mesa frágil.
Son las luces que se apagan sin que nadie accione el interruptor.
Es la osadía de tu mirada. La rotura de tus uñas cuando atacan mi rostro.
El crepital del fuego cuando es alimentado con gasolina y no con amor.
Es el esperar horas y horas en las colas interminables de la desazón y la desesperanza.
Son los exabruptos injustificados. Pero, sobre todo, sobre todo, son mis cortocircuitos neuronales, mis ataques de ira seguidos de la frialdad y desinterés casi inhumanos, mis renglones perdidos, mis palabras vacías, mi lenguaje simulado.

Aparte de mi parte, ¿qué otra parte quiere usted que aparte cuando, aparte de mi parte, no hay otra parte? Aparte pues, y déjeme estar en mi parte.
Y si no está dispuesto a aportar nada, apóstese a un lado y déjeme impostar la voz de mi quebranto que ya dura tanto, desde que me acusan de impostor.
Y si no busca apoyarme ni molestarme, vaya entonces a su parte de esta ciudad, de este mundo.
Mas no soy impostor, no engaño a nadie. Soy como soy por lo que soy y lo que fui, aquí de pie o tumbado, cuando me tumba el dolor de los pensamientos insanos.
Deje que los demás me traten con buen trato, que de eso se trata: que seamos concordia, donde todos aman y nadie odia. Armonía en todas partes.

Fotografía de Archimaldito
No acepto el paso del tiempo.
Me abruma, me bloquea, me desespera, me aflige, me deprime.
No puedo detener su carrera interminable.
Me siento nada. Un sujeto olvidado. Un algo que no perdurará en la memoria de alguien, o algo.
La obsesión me acelera el corazón y detiene mi mente en seco, cuando estaba hiperacelerada nanosegundos antes. Y la inercia me lleva a estamparme contra la realidad.
Un sinfín de sufrimiento interno.
Un enclaustramiento voluntario en la cárcel de la nada absoluta.
No sé para qué existo.
Y lo peor de todo es que no quiero saberlo.

0:00
0:00 es 0:00.
Y yo soy 0.
0 y 0 suman 0.
0 o 0.
00:00:01 es el abismo.
00:00:01.
Ya.
Está.
Bien.
Ya está.
Está bien.
Bien. Bondad. Bueno. Bon dad. Dad.
Lo único importante.
Aunque sea 00:00:02, bien dad.
