Carta a Raphael

Aranjuez, 13 de septiembre de 2024

Estimado Raphael:

Mi nombre es Jesús Fernández de Zayas, y soy conocido artísticamente como “Archimaldito”.

Perdone mi atrevimiento, pero dado que abandoné las redes sociales hace casi un año, cuando cumplí los 57, no tengo otra forma de dirigirme a usted.

Conozco y disfruto de su música desde mi infancia, pues mis padres, emigrados en los años 60 a Francia, reproducían, una y otra vez, en un “pickup”, sus sencillos.

Empecé a cantar meses después de que falleciera mi padre, en el año 2016, para salir de la depresión en la que me sumí por este hecho, y sin saber si se iba a convertir en algo más que un puro entretenimiento, para evadir las penas personales y los estreses laborales.

Pero poco a poco, animado por el público de las “jam sessions” y micrófonos abiertos a los que acudía, me di cuenta que podía cantar todo tipo de canciones y que podía moverme en el escenario con soltura.

Los cantantes a los que más he homenajeado con mis interpretaciones han sido Prince, Elvis Presley y usted, intentando respetar su espíritu en cada una de mis intervenciones sobre un escenario.

Ayer, día 12 de septiembre, actué en una sala de Madrid llamada Thundercat, en la que, otra vez, me invitaron a cantar su archiconocida “Mi Gran Noche”, y al terminar, los músicos coordinadores del evento me indicaron que toda la sala, con casi 100 personas, se enfervoreció con mi “performance”.

Cuando regresaba a casa, sumido en mis pensamientos, me di cuenta del éxito que he estado cosechando durante estos años, homenajeándole a usted reinterpretando algunos de sus mayores éxitos, pero me entristeció darme cuenta que, al no ser yo un profesional de la música, todo el entusiasmo del público, y el mío propio, era efímero, y que la realidad de la cotidianidad me volvería a envolver, positivamente, al día siguiente, hasta mi próxima actuación.

Y pensé en las veces que, cuando estaba en las redes sociales, usted o, con casi total seguridad, alguno de sus colaboradores, habían visto alguno de esos momentos de homenaje hacia usted, y habían agradecido y engrandecido, en cierta manera, como es habitual ahora en la nueva era tecnológica en la que vivimos, con el susodicho “me gusta” o “corazoncito” de las plataformas al uso.

Y pensé, como conclusión, en escribirle esta carta, porque a la edad que tengo, me apetece hacer las cosas que siento, siempre con respeto y dignidad y, por ello, quisiera transmitirle mis deseos de conocerle en persona y estrechar su mano para agradecerle todos los años de felicidad que he tenido con su música.

Cuando hace unos años estuve con mi madre, hiperfan suya (desde que le conoció en Sevilla en persona hace casi 70 años), en su concierto en el WiZink Center, no podía suponer que, pasado ese tiempo, ella adquiriría la fatal enfermedad de Alzheimer, y ahora me recuerda, como es normal en esa enfermedad, aquellas veces que le vio, y yo, para animarla, le canto alguna canción suya o le envío alguna grabación que me han enviado amigos del público de mis actuaciones. Y en su inocencia y candidez me pregunta si voy a cantar alguna vez con usted. Obviamente le respondo “Todo se andará, Mamá, todo se andará”, para mantener su sonrisa.

El tiempo pasa, pero la ilusión permanece, y ella es la que nos mantiene vivos. Tener sueños y proyectos mantienen las ganas de vivir. A ello me sumo todos los días, con esperanza.

Reciba un cordial saludo.

Siempre raphaelista.

Jesús “Archimaldito”

Postal con autógrafo de Raphael, propiedad de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»

¡AY AI AY AI con la IA ya!

¿Es la I.A. a lo que me dicen que tengo que adaptarme, los que supuestamente saben mucho de la vida, de la inteligente y de la otra?
Resulta que ahora cualquier ser humano mediocre, sin talento, sin sabiduría, sin conocimientos ni cultura, puede escribir libros y canciones, hacer exámenes (en remoto, claro, o hasta presenciales a hurtadillas), dar conferencias y ganar concursos y puestos de trabajo, porque puede utilizar la Inteligencia que él no tenga naturalmente, y liderar el mundo filosófico, económico y social.
¿Os puedo decir algo, por escrito, a los que defendéis a capa y espada (o debería escribir, a neurona y axioma) la utilización de la IA, o AI?

¡IDOS A LA MIERDA CIBERNÉTICA (Y A LA OTRA TAMBIÉN)!

Importante

Es importante ser un buen profesional.
Es importante ser un buen ciudadano.
Es importante ser un buen contribuyente.
Es importante ser un buen amigo.
Es importante ser un buen esposo, o padre o hijo.

Pero, sobre todo, es importante ser una buena persona.

Me mueve

No se trata de admirar a una persona por su talento, ni por su personalidad, ni por su belleza.
No es admiración por parte de una persona, mi persona, que cree que ningún ser humano es más que otro, a no ser que demuestre que es necesario o imprescindible para desarrollar y conservar la armonía del mundo en el que viven las demás personas.
Se trata de apoyar los sueños del prójimo, y de que, cuando estos se están haciendo realidad, mantener viva la llama de su ilusión, de su emoción, de su felicidad por lograrlos.
Y una manera de conseguirlo es difundir los actos, las obras bien realizadas, de esos seres humanos (o colectivos) con un entusiasmo imperecedero.
Solo eso me mueve.

Bien por ti



Bien por ti, porque, estando hundido en la más profunda de las miserias, siempre sonríes a la vida.
Bien por ti, porque creyendo que los demás son tan inocentes e ilusos como tú, confías plenamente en ellos.
Bien por ti, porque tienes sueños e ilusiones que no podrás hacer realidad jamás, pero las cuentas como si ya formaran parte de tu vida. Bien por ti, porque lloras cuando ves una injusticia.
Bien por ti, porque no estás apegado a nada ni a nadie y aún así amas todo y a todos.
Bien por ti, porque crees que no existe un paraíso en la otra vida pero realizas actos continuos para merecerlo.
Bien por ti, porque te crees todo lo que te cuentan y no haces jamás ninguna crítica.
Bien por ti, porque sin ser bello ni elegante, reluces entre todos los demás.
Bien por ti, porque crees lo que los demás dejaron de creer hace mucho tiempo.
Bien por ti, porque jamás haces las cosas a cambio de algo.
Bien por ti, porque nunca has perdido la esperanza de que alguien te ame. Bien por ti, porque tu corazón aún sigue entusiasmado con tu infancia lejana.
Bien por ti, porque te he mirado a los ojos y no he visto remordimiento ni culpa en ellos.
Bien por ti. Bien por ti.
Bien por ti, porque, sin conocerme, me has brindado tu ayuda.

Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»

Artista

Dicen que soy un artista.
Algunas personas dicen, incluso, que soy un buen artista.
Esta es una faceta de mi vida que siempre me ha acompañado, desde niño, y que intenté ver materializada en mi adolescencia cuando quise ser actor. Pero no pudo ser.
En el 2016 empecé a cantar en jam sessions, tímidamente, para salir de la depresión en la que caí tras la muerte de mi padre, en julio de ese año.
Haciendo coros para otros cantantes llegué hasta la eclosión con Purple Rain, de Prince, que dedicaba, en mis pensamientos, a mi padre, y más tarde, cuando también falleció, a Prince.
Considero que nunca he cantado bien hasta hace bien poco.
Tras la Pandemia, realizando covers, a mi manera excéntrica, de varias canciones conocidas por la mayoría del público de jam sessions y open mics, me fui haciendo conocido en la escena underground de Madrid.
Sé que lo que hago no agrada a muchos pero me reconforta saber que puedo dibujar una sonrisa, e incluso una carcajada, de satisfacción en el ánimo de otros.
Todos los elogios recibidos continuamente, los aplausos, no se han visto materializados en ningún proyecto mío o de colaboración con otro artista.
Quiero que ese arte del que algunos quieren convencerme que tengo, se haga conocido, para poder hacer feliz a la mayor cantidad de gente posible.
Pude haber aprovechado, en el año 2022, la oportunidad de aparecer en la TV, pero no lo hice por miedo a que repercutiera en mi vida laboral, ya que yo no padezco del mínimo sentido del ridículo.
He podido ser manager o representante de varios músicos, he podido ser presentador de Open Mics en Madrid y otras localidades aledañas, y no lo he hecho.
Una amiga, artista reconocida, me dijo una vez: el Arte hay que pagarlo y a ti te tienen que pagar por tu arte.
Yo transformé, en mi interior, su consejo, creyéndome, de corazón, que mi arte hay que valorarlo y me tienen que valorar por mi arte. Más allá de lo económico, más allá de lo transaccional.
Me tomo su consejo en serio ahora, en el comienzo del año 2026.
Y sigo abierto a cantar con mis amigos o participar en proyectos colaborativos, o a actuar en salas que me inviten para hacerlo.
Soy un artista, porque ya me estoy creyendo, en serio, que lo soy.
Gracias por escucharme, por verme, por dejarme ser libre encima de un escenario.

En Aranjuez, a 1 de marzo de 2026.

Firmado: Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»

Selfie o autorretrato

Equivocados

Quizás las personas esperen los buenos tiempos para olvidarse de los malos tiempos.
Empiezo a atisbar otro nuevo rastro de desmemoria a corto plazo.
Sin haber dado oportunidad a dejar atrás los efectos mortales de una reciente pandemia, la gente, que ha creído que se trataba de un mal sueño, se ha lanzado, irresponsablemente, a vivir de nuevo la vida como si la emergencia sanitaria no hubiera sido algo real que puede volver en cualquier momento.
El egoísmo humano, cómo no, impera en las relaciones globales humanas. El beneficio inmediato, el placer de vivir una vida que, algunos consideran, es demasiado corta.
Han muerto muchos humanos, y han quedadas trastocadas muchísimas más vidas.
Pero no pasa nada. Hemos venido a este mundo a trabajar y a disfrutar de nuestro suspiro vital.
Y así van las cosas: La caída libre e incontrolada hacia el desbarajuste total del Planeta Tierra, el olvido hacia las futuras generaciones, el autoexterminio imparable.
Luego diremos que no nos lo podíamos imaginar, que todo es una sorpresa continua, que el azar juega con nuestras vidas.
¡Cuán equivocados estamos!

Imagen de cromaconceptovisual en Pixabay

Mario Alonso Puig



Tengo muchas anécdotas profesionales inolvidables. Muchas deberían ser borradas de mi registro mental, por desagradables o poco constructivas, pero otras, como la que voy a contar ahora, me llenan de positivismo y son un refuerzo profesional y personal.
Recuerdo que transcurría un día de un año de la Era Pre-Covid. Recuerdo estar trabajando en el almacén, revisando equipos utilizados en eventos anteriores a ese día y preparando los que serían utilizados en los siguientes. Recuerdo que mi vestimenta y aspecto no eran los adecuados para mostrarme en público, con unos pantalones para poder moverme con soltura y un polo oscuro para poder realizar trabajo físico y sudar tranquilo.
Recuerdo recibir la llamada de un compañero que estaba realizando la asistencia técnica en la Fundación Rafael del Pino, para decirme que debía acercarle más receptores para la interpretación simultánea en el Auditorio.
Le dije que saldría ipso facto y que cuando llegara a la puerta del edificio, le avisaría para que saliera a recogerlos.
Al llegar, me dijo, por WhatsApp, que no podía salir y que tendría que acercárselos a la sala.
El personal me conocía de sobra y me dio paso libre hasta la puerta de la sala, pero aún no podía entrar ya que estaba por finalizar la intervención del ponente.
El conferenciante era Mario Alonso Puig, una de las personas más constructivas y positivas que he conocido en mi vida, cuando había sido técnico asistente en algunas charlas y ponencias suyas años atrás.
Tras los merecidos aplausos del público, que yo escuchaba tras las puertas de cristal, había una pausa en el congreso que yo aprovecharía para acercar los receptores extras al punto de entrega. Pero lo haría sin llamar la atención y yéndome a toda prisa porque, como dije anteriormente, no estaba «vestido para la ocasión».
Recuerdo ver como salía Mario Alonso de la sala acompañado por los organizadores y por los directivos de la institución. Recuerdo echarme a un lado para que no se me viera mucho cuando salieran aquellos hombres trajeados y recuerdo pensar que no debería hacer ningún gesto que delatara mi presencia.
Mario Alonso Puig estaba radiante. Una persona que transmite ondas de felicidad y positivismo vaya por donde vaya. Esa persona que atrae las miradas no solo por su físico y su majestuosa voz, sino por el aura de luz que lo envuelve.
Pues bien, esa persona me reconoció en la distancia y yo, con un «trágame tierra», aparté mis ojos de él esperando que pasara de largo junto con la tropa de getifaltes que le rodeaba. Pero no lo hizo. Se detuvo, ante la sorpresa de los demás   para dirigirse a mí, con un apretón de manos y unas palabras de reconocimiento hacia mi persona y nuestros pasados encuentros.
Todo esto viene a que a veces te encuentras con personas, como Mario Alonso Puig, que te reconocen y valoran por lo que eres, no por lo que parece que eres o por lo que se supone que debes ser.
Ese día, Mario Alonso me hizo pensar en que todos tenemos que valorarnos a nosotros mismos porque todos somos especiales, y llegar a esa conclusión me hizo feliz.

Excéntrico, extraño, extravagante

Cuando tienes un sueño y quieres que se haga realidad, los astros se confabulan para que así sea.
Hacer reír y disfrutar a la gente con algo original y distinto, sin dejar de sorprender. Esa es mi meta como artista.
Por muy raro o controvertido que sea, por muy ridículo o extravagante que parezca, siempre estoy dándole vueltas a la cabeza para que lo que he visionado, llegue al mundo físico o al virtual.
Esperando que algún día me descubra, a mis casi 60 años, un cazatalentos.

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