Zona Cero

En la Zona Cero no hay acero.
No es el reino del hormigón y sí el de las hormigas.
El sinsentido de la civilización ha dado paso a mujeres y hombres civilizados como los animales.
La desesperanza del desbarajuste climático se ha transformado en la dicha del ajuste empático.
Todos hacia la Armonía y la Armonía hacia todos.
Un cambio con sentido consentido por la Humanidad renacida desde los últimos chispazos de la tecnología.
La vuelta a la supervivencia. El saborear las vivencias del prójimo como si fueran propias.
Dejando a la Naturaleza hacerse cargo de los ritmos diarios, para tranquilizar los nocturnos.
Dando a todas y todos lo que merecen del fruto de la felicidad.
En la Zona Cero se vive con esmero.
En la Zona Cero nadie ni nada es más que nadie ni nada.
Todo trasciende, todo importa, todo es racional y razonado.
La Utopía se ha hecho realidad, y nadie piensa en lo que vendrá sino en lo que es. Para experimentar cada milisegundo de lo que, en otros tiempos, llamaban Gloria.
Ya ha sido reseteada la memoria de los habitantes de la Zona Cero. No hay sitio, pues, para la desesperanza.
En la Zona Cero, el mundo es, por fin, un feliz mundo, para todos, por todos, hacia todos.

Fotografía por Archimaldito

Desinflar

Es bueno inflarse para mantenerse vivo, tanto de mente como de espíritu o de alma, si es que los hay. Pero también es bueno soltar un poco de aire, de vez en cuando, para bajar al suelo y tocar tierra, la realidad, para que sepamos adaptarnos a ella, y así no solo vivir, sino sobrevivir.

Beso volado

 

Le dijeron, por activa y por pasiva, que ésas no eran maneras de evadirse de la realidad.

Que tomara drogas, que bebiera hasta caer arrastrándose por las calles, que meditara pensando en Gaia y todos sus habitantes, que hiciera lo que quisiera, que se le iba a perdonar fuera lo que fuese.

Pero él hacía oídos sordos. Se ponía al final del corredor de su casa en el noveno piso y cogía carrerilla hasta llegar al salón y tirarse por su ventana.

Y cuando llegaba abajo y se estampaba contra el asfalto, su hija arriba, desde la ventana recién abandonada, seguía gritando y gritando de terror, creyendo que esta vez no lo lograría.

Pero siempre se levantaba, se recomponía la cabeza y las extremidades quebradas y reía, reía a carcajadas sabiendo que su mejor manera de huir de la realidad era burlando la muerte. Y la soltaba un beso volado. Y su hija, desde las alturas, y todos los espectadores incrédulos que le rodeaban, reían con él.

2019-11-03 19.09.19

La realidad eterna

La realidad insana la barbarie apocalíptica la sinrazón metódica el jolgorio de la desesperanza el embrutecimiento de la carcajada la tachadura del prejuicio la sensación inerte el oscurantismo más brillante el tremendismo desasosegante la mentira triunfadora la contundencia de lo gris el materialismo abrasador el péndulo que no oscila y la prisión.

La prisión eterna.

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Consejo al que no harás caso

   Veo que te esfuerzas demasiado en comprobar que las cosas que te enseñan son una realidad palpable. Y no es así.

   Ellos, los que enseñan, meten en tu cerebro una serie de conocimientos que no sirven para nada. Lo importante es vivir con las intuiciones, las que te han sido dadas al venir a este mundo. Solo debes confiar en ellas. Todo lo demás se hace para encontrar el placer, el del sexo o el del poder, y son múltiples los caminos que llevan a él.

   Si sabes más, estás más cualificado en la sociedad y, por ello, realizas una función dada por un trabajo para el cual se te ha preparado. Este trabajo tiene como finalidad el conseguir dinero, dinero para sobrevivir o dinero para alimentar vicios distintos. Y para conseguir mujeres u hombres, si se está en la edad, o para conseguir poder, por no estar en la edad para conseguirlos por ti mismo.

   Yo te aconsejo, pues, que no caigas en esta degradación. ¡No aprendas!

 

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