Hecho Por Humanos, en todos los idiomas

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Te han estado preparando desde hace tiempo, introduciendo en tu vida recursos e instrumentos de entretenimiento para que te hagas adicto a su presencia subliminal.
Luego llegaron las Redes Sociales y todas las Aplicaciones para teléfonos inteligentes y ordenadores para que, con su utilización, te creyeras que tú, que tienes poco tiempo para explotar tu creatividad, podrías crear con su ayuda, contenidos que te hicieran visible y gustable por parte de los demás usuarios de este nuevo opio del pueblo.
Pero cuando ya te has dado cuenta de que es algo más que utilizar filtros para vídeos y fotografías, algo más que recrear los cuerpos, los rostros y las voces de seres humanos, con las consiguientes asombros y risas (y temas de conversación en tu vida tan insulsa y vacía de contenido real, por preferir hacer vaguear a tu cerebro), es demasiado tarde.
La industria del entretenimiento ha difundido estas prácticas hasta el hartazgo y se ha dado cuenta que es un recurso que se ha convertido en un arma de doble filo que está a punto de cortarle el gaznate.

John Connor, hijo de Sarah Connor, es el líder de la Resistencia Humana (Tech-Com) durante la guerra contra las máquinas controladas por Skynet en la película Terminator.

No pretendo ser Sarah Connor ni, menos aún, su hijo, pero creo que es necesaria una resistencia contra las máquinas impersonificadas por la IA.
No lo digo en forma de destrucción ni  sabotajes sino con el boicot a sus productos y subproductos.
Los contenidos del futuro deberán llevar una etiqueta, visible o invisible pero rastreable, de que han sido realizados por humanos, para que sean valorados, en su justa medida de trabajo, sacrificio y esperanzas, y se deseche la opción de los Artificiales.
Es una idea que «pongo encima de la mesa», para que otros la apoyen y la llevemos a cabo.

Sobre dinosaurios, emigrantes y otros parados

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«El dinosaurio», del guatemalteco Augusto Monterroso, consta de una sola frase:
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».
Perfecto relato, ¿no es cierto? Con un poder de persuasión imparable, por su concisión, efectismo, color, capacidad sugestiva y limpia factura. (Extracto de «Cartas a un joven novelista», de Mario Vargas Llosa, 1997).
¿Qué debo responder a la pregunta de Mario Vargas? Por supuesto que es un relato perfecto: es un microrrelato perfecto.
Me imagino que en la época que Monterroso lo escribió (1959) no podía imaginarse (¿o sí?) que el microrrelato, nanorrelato y otras variaciones del minimalismo literario, se pondrían de moda en el siglo XXI. Yo, como eterno aspirante a escritor reconocido, leo mucho microrrelato,y atreviéndome a la osadía máxima, para mi ego si lo tuviera, también escribo microrrelatos.
Microrrelato, según la Wikipedia, es una construcción literaria narrativa cuya característica principal es la brevedad de su contenido. El microrrelato también es llamado microcuento, minificción, microficción, cuento brevísimo o minicuento.
No es algo nuevo, es cierto, siempre han existido autores que lo han cultivado, a lo largo de la historia de la literatura, aunque lo llamaban de otras formas. Borges, Ramon Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez. Luis Felipe Lomelí es, junto con Monterroso, el autor del cuento más corto en español: «El emigrante».
«-¿Olvida usted algo?
-Ojalá».
Existirán microrrelatos que estarán detrás de nombres desconocidos y, aunque es imposible leerlos todos, algunos son auténticas genialidades.
Yo he publicado lo que se puede llamar el colmo del microrrelato o nanorrelato, o picorrelato. Simplemente una llamada de atención.

No es una tomadura de pelo, aunque lo parezca. Es abstracción pura. Con una palabra puedes abrir el campo a especulaciones infinitas y el lector es libre de imaginar continuaciones al relato, situaciones, personajes y mundos que solo él puede imaginar. Puede que sea el ideal perfecto, que cumple rajatabla el concepto de microrrelato.

Cuaderno de viaje

Cuaderno de viaje, 10 de marzo de 1994. 6:36 de la mañana. Hotel América, Lima, Perú.

Dice Yogananda en sus Máximas lo siguiente:
«La muerte nos enseña a no depositar nuestra confianza en la carne, sino en Dios. Así pues, la muerte es una amiga. No deberíamos lamentarnos impropiamente ante la partida de nuestros seres queridos. Es egoísta el desear que permanezcan siempre junto a nosotros, para nuestro propio placer y solaz. Deberíamos, más bien, regocijarnos ante el hecho de que hayan sido llamados a continuar avanzando hacia la libertad del alma, en el nuevo y mejor ambiente del mundo astral».
Estoy totalmente de acuerdo con él. Acabo de leer esta «máxima» hace escasamente un minuto y me ha impactado el que refleje, sin haberla conocido antes, mis pensamientos al respecto.


Últimamente mi obsesión por el apego-desapego me ha hecho esforzarme en distinguir lo que podría estar indisolublemente unido al significado del amor. Me explico: si tú amas a una persona y esta, por cualquier circunstancia, muere, sufres por su pérdida y no por su destino. Si yo sé que va a un «lugar» mejor, ¿por qué tener pesar? ¿La quiero o no la quiero? ¿Quiero su bien, su felicidad, o no los quiero? ¿Pienso en mí cuando la echo de menos y sufro por ello? Me he creado un apego, algo egoísta.

Apego, de ego: para mí, en mi interés. Amor, entrega, búsqueda de lo mejor para las otras personas (y demás seres animados e inanimados). ¿Se ve la diferencia?


Si desarrollo la capacidad o el sentimiento del desapego, no tengo por qué estar traicionando, en manera alguna, mi facultad de amar. Aunque ame a algo o a alguien, esa energía constructiva del Amor se la transmito tanto en vida como en muerte.

Otra cosa bien distinta es encariñarme a ese algo o alguien porque yo sienta felicidad haciéndolo. Mi felicidad, sin pensar en las del otro. En todo momento, debo intentar buscar, en mi relación con esa persona querida, su felicidad, sin esperar nada a cambio. Un Amor sin interés. Un amor no egoísta. Un amor auténtico. Tanto en la vida como en la antesala y paso a otra u otras vidas. El amor que hayamos sentido por la persona en vida no debe morir con su muerte. Debe prolongarse como si siguiera junto a nosotros.

Imagen ©️ Jesús Fernández de Zayas

Veranos de muerte

Crepitaban el cielo, el horizonte y el suelo. Alaridos insonoros pedían piedad ante tal desdicha, y las víctimas, aún sabiendo que serían invisibles, preguntaban la razón de su destino: ¿Por qué nosotros? ¿Por qué ahora?

Las llamas laceraban el bosque y millones de pensamientos desaparecían con la fisión de sus enlaces moleculares, y la disgregación de la materia ennegrecía el aire, que se convertía en irrespirable.


Los abrazos de fuego transformaban el paisaje en un páramo desolado y algunos ojos seguían mirando a las alturas esperando el milagro del agua.

Observador

La extensión planetaria de las infraestructuras humanas en detrimento de los hábitats naturales conseguirán beneficios económicos a corto, medio y largo plazo, pero el planeta se resentirá y los perjuicios serán más profundos e irremediables.

Pero no se trata de huir del planeta dejándolos abandonados a su suerte, a su mala suerte.
Se trata de quedarse y enfrentar las próximas desdichas con ellos.

Belleza

El violín rasgaba el aire con su melancólica tonada.
El piano repiqueteaba, con cada nota grave,  en mi intelecto.
Pero fue la voz de ella la que me recorrió el espinazo con una corriente eléctrica imparable que estalló en chispas invisibles en el frontal de mi cerebro.
Y lloré de alegría, de felicidad inmensa, ante el descubrimiento de la belleza.
Aquella belleza que no podía ver con mis ojos, pero que podía sentir con el corazón.

Nota: Quiero dedicar este texto a todas mis amigas cantantes, que me llenan de felicidad cuando manifiestan, a través de su voz, su Arte y su talento inmenso.

Film

Era un filmador.

La palabra no era de su gusto, pero le parecía más adecuada que peliculador. No era director ni guionista, pero condensaba ambos roles en su persona. Simplemente iba con su cámara y filmaba. Sin llevar consigo ninguna idea preconcebida. Sin pensar en protagonistas de sus tramas. Filmaba, filmaba y filmaba.

No rodaba. Decía que rodar era, para él, una palabra zafia, que hacía estimular la imaginación con acciones en que algo o alguien tenía que seguir las leyes de la física, dejándose llevar por la inercia o por la gravedad. Y esto no entraba en sus planes. Quería libertad e impredecibilidad en todos sus proyectos.

Por eso, cuando aquel vehículo no disminuyó la velocidad según se acercaba a su punto focal, no se preocupó de echarse a un lado separándose de la trayectoria. Filmaba el morro del camión y la cara de terror del conductor, que veía inminente la estampada, el arrollamiento del filmador.

Hoy hace un año

El tiempo pasa, el vivir el presente se ha convertido en lo más importante para mí.
Mientras escucho sobre guerras, cataclismos, inclemencias climáticas y la desesperación y desamparo de muchos humanos, yo sigo adelante, concentrando mi amor en el pequeño mundo que es mi familia.
He aprendido a sobrellevar la supervivencia diaria añadiendo momentos de humor y de concordia para con mis prójimos.
He aprendido a activar mis pensamientos constructivos en pos de un bienestar para todos los seres humanos y no humanos que conozco y conoceré.
He aprendido a sobrellevar las angustias inherentes a vivir en una sociedad capitalista que influye en mi paz mental, por tener que cumplir las reglas del dinero y del poder.
Ya no me considero NADIE pues sé que cada uno de mis actos influyen en otros ALGUIEN.
Y creo que creerme (valga la redundancia) todo eso y reírme de mí mismo ha sido mi salvación para «no tirar la toalla».
PAZ Y AMOR (no, no soy hippie).

¿Alguien?

En un mundo de mediocridad, de consumo rápido de lo banal, de encumbramiento de personas que engañan a los demás, de triunfo de los ciclos de destrucción, de mayorías marionetas de lo absurdo, del poder de lo intrascendente, de lo aparente, de lo zafio y del mal gusto, algunas personas, que lo único que tienen es su autenticidad, se desesperan (entre ellas me incluyo) en luchar por cambiar el Sistema Erróneo.
Y en el mundo del Arte, con personas hipersensibles, estas equivocaciones del sistema establecido, se hacen notar más contundentemente.
Es por ello que me entristece ver a grandes artistas, en todas las modalidades, que sufren porque su Luz no es contemplada en toda su magnitud.
Entre lo vertiginoso del momento actual, la pureza de algunos espíritus (no soy religioso), me hace establecerme, cada vez más, en unos cimientos internos mentales inamovibles que me alejan de la desesperanza.

Ella es Pepper Solana. Ella pregunta. Y yo pregunto con ella, porque hay que clamar por la cordura en un mundo de locura:

«¿Hay alguien ahí fuera que todavía se preocupe por la música, por el arte, por lo que la gente tiene que ofrecer como artista?
Me mudé a los Estados Unidos, para seguir desarrollando, mi carrera hace 6 años.
Llevo cantando 20 años en total, algo así como 20 años. ¡20 años¡ ¡20 años!
Me he mudado hace 6 años y todo lo que he escuchado es que estoy demasiado gorda, que soy demasiado mayor y estoy pasada de moda, que no tengo suficientes seguidores en las redes sociales, que mis vídeos no se ven lo suficiente, o que no me veo lo suficientemente linda, así que me pregunto si hay alguien por ahí que todavía se preocupe por el Arte.
¿Hay un lugar para los artistas que todavía se preocupen por su arte, por su música para todos nosotros?
Quiero estar encerrada en una habitación y crear algo bonito para luego enseñárselo al mundo en vez de enseñar todo el proceso o tener que mostrar mi cara sólo para enseñarte cómo grabo algo, porque lo único que te importa es cómo me veo o cómo puedes copiar lo que estoy haciendo.
Simplemente no lo entiendo.
¿Hay alguien por ahí que siga siendo auténtico… alguien?»