Historia de un personaje

Aranjuez

30 julio 2022

En mayo del año 2016, mi hija, que por aquel entonces tenía 13 años, me pidió que la acompañara a la Expomamanga de Madrid.
La condición para poder pasar gratis era ir caracterizado como algún personaje del universo Manga.
Yo, ajeno a ese mundo, acepté la sugerencia de ser Nobita, porque no quería esforzarme mucho, ni artística ni económicamente, para conseguir los complementos para la transformación en este personaje.
Y la aceptación, cuando recorría los pasillos del pabellón de IFEMA donde tuvo lugar el encuentro, fue espectacular.
Cada dos por tres, los orientales que visitaban el lugar querían fotografiarse conmigo, un fotógrafo profesional, que resultó trabajar para Getty Images, me inmortalizó para siempre, las chicas y chicos alucinaban conmigo y, de paso, acompañaba a mi hija en el conocimiento de este universo paralelo.
Quién me iba a decir a mí que aquella ocurrencia, con mis cuarenta y nueve años, se iba a prolongar en el tiempo a base de grabaciones de vídeos y fotografías para las redes sociales.
Ahora, cuando estoy escribiendo esto, tengo cincuenta y cinco años, y estoy a punto de prolongar en el tiempo, la leyenda de Archinobita.

Copyright © Getty Images

Cierro mi orto



Cierro mi orto
Para que tú me metas bien el dedo
Mi cuarto ojo
Para que tú, entiendas mi dolor

Para que oigas
Hoy de verdad
Lo mucho que me duele
Para que veas
Para que creas
Que vivo
Ya un horror.

Abro mi orto
Para que tú me cures libremente
Para que tú
Me mires y no tiembles
Y puedas darme
Pomada otra vez


Abro mi orto
Para que cortes
las venas sanamente
Para que pongas
sutura y no tiembles
Y puedas darme
De alta de una vez


No me moveré, no me moveré
Puedes hacer, lo que quieras conmigo
No me quejaré, ya no lloraré
Cúrame ya, las hemorroides, doctoooor

(Letra de Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito». Cántese o recítese con la música de la canción «Cierro mis ojos», compuesta por Manuel Alejandro e interpretada por Raphael)

Payasa

Gua pedía agua, no para beber sino para echársela por encima y reír a mandíbula desencajada.
Gua jugaba con los demás tal como había jugado cuando era niña. Pero la edad y la experiencia daban otro sentido muy distinto a sus juegos.
Estimaba que los que estaban con ella o se cruzaban en su camino eran seres aburridos a los que había que divertir a costa de sus defectos físicos y psíquicos, lo que la acarreaba la aparición de muchos enemigos y enemistades.
Pero a ella eso no la importaba porque la principal diana de sus burlas, insultos y escarnios era ella misma y cuando alguien la preguntaba por qué se cebaba con su propia cojera, con su mandíbula saliente y con su bizquera mal disimulada, contestaba que lo hacía para superarse cada día, para encontrar un objetivo en la vida, para dar y recibir cariño y, consecuentemente, felicidad.

Imagen de Alexandr Ivanov en Pixabay, editada por Archimaldito

Por encima del hombro

Hoy me han dicho que sufro de microinfartos cerebrales.

Los médicos no saben decirme aún cuál es el motivo de esta anormalidad.

Yo intento sugerirles una respuesta al enigma y no me hacen caso. Desprecian mis explicaciones aduciendo que no estoy preparado intelectualmente para aportar una solución científica plausible.

Yo insisto e insisto para ayudarles desinteresadamente y, aún así, me miran por encima del hombro.

A veces, me imagino sus caras cuando les diga algo que les he ocultado hasta el momento: que no tengo cerebro.

Imagen de u_if8o5n0ioo en Pixabay

Hoy hace un año

El tiempo pasa, el vivir el presente se ha convertido en lo más importante para mí.
Mientras escucho sobre guerras, cataclismos, inclemencias climáticas y la desesperación y desamparo de muchos humanos, yo sigo adelante, concentrando mi amor en el pequeño mundo que es mi familia.
He aprendido a sobrellevar la supervivencia diaria añadiendo momentos de humor y de concordia para con mis prójimos.
He aprendido a activar mis pensamientos constructivos en pos de un bienestar para todos los seres humanos y no humanos que conozco y conoceré.
He aprendido a sobrellevar las angustias inherentes a vivir en una sociedad capitalista que influye en mi paz mental, por tener que cumplir las reglas del dinero y del poder.
Ya no me considero NADIE pues sé que cada uno de mis actos influyen en otros ALGUIEN.
Y creo que creerme (valga la redundancia) todo eso y reírme de mí mismo ha sido mi salvación para «no tirar la toalla».
PAZ Y AMOR (no, no soy hippie).

San Sin Son

Sin palabras. Solo colores. Solo calores, los de las sonrisas.
Sin miedos. Sin medios, los de las risas.
Sin desánimo. Eso da ánimo.
Sin sentido del ridi ni del culo.
Sin Sin Nati. No conozco a ninguna Nati (curioso, ¿no? No).
Sin tiempo para pensar en el tiempo, que se me va Sin pensar.
¿No era «sin» pecado en inglés?
Bueno. No sé pecar, así que no importa.
Lo importante es lo portante, y yo solo sé portar una cosa: mi son risa.
Misión Risa.
Mi son: la risa.

(Nota: A veces entristezco, por falta de energía interna para sonreír, o para reír, pero intento que se me pase pronto, aunque me pongo muy serio para lograrlo.)

Lo de Archimaldito venía al lado de la fechadecaducidad. Pero esa es otra historia.

#archimaldito

Prevenido

Mi madre me lo advirtió. Me lo dijo tantas veces que ya no me hacía efecto su prevención.

-No la mires a los ojos, que te embrujará y no podrás zafarte de su hechizo jamás.

Mi madre, tu suegra.

 

the-look-1437553

Photo by Helmut Gevert from FreeImages