Mindundi

Basta de ser un apocado.
Basta de ser un mindundi.
Basta de ser un alienado. Y de acatar sin acotar la verdad ni acortar los poderes asfixiantes que nos oprimen.
Basta de callar sin sonreír, y basta de reír sin pensar.
Llevemos la lucha de las ideas a la catarsis.
Celebremos el desamparo de los que se creen privilegiados ante las leyes, porque se ven intocables por ellas. Miremos hacia adelante dejando atrás lo que no funciona, en pos del bien común.
Basta de no mirar o de hacerlo hacia otro lado cuando el mal actúa.
Basta de no querer hablar para no atragantarnos con la vehemencia de las palabras no dichas por miedo a la censura.
Basta de no querer escuchar por no querer molestar.
¡Molestemos para que se despierten las conciencias!
Seamos libres y liberemos.
Seamos justos y traigamos justicia.
Y hagamos todo en paz para que la mayoría destinataria del bien común seamos todos, sin excepción.

Después de los sueños

Convoca provoca evoca.
Ya está aquí.

La ilusión de la alusión
a los esperados desesperados,
a los que no confían y porfían.

A los que buscan y rebuscan
en las circunstancias circundantes de la desidia.

Provoca evoca convoca
a los espíritus desesperados
que creen que la muerte queda lejos,
que creen que la vida es un suspiro
y que se contradicen viviendo aceleradamente.

Solo vive y deja vivir, dicen,
y, cuando lo hacen, suspiro,
porque poseo demasiada empatía, algo que maldicen los que no lo ven necesario.

Tampoco es necesario apocar a los que ya son débiles de nacimiento.
Como tampoco lo es encumbrar a los privilegiados de cuna y raigambre.

Estoy aquí acá y acullá para
evocar, convocar y provocar
la Revolución Absoluta.
La que acabará con la Absolutidad en las ideas, las censuras en los actos, la sinrazón de los creen estar en posesión de la verdad.

Trastocar tras tocar los hilos de poder, para desestabilizar lo que nunca fue estable.

Defenestrar a los malvados,
volatilizar las bases de la sociedad perdida en la maleabilidad de los pensamientos.

Invocar a la Libertad, a la Paz y a la Justicia, para que sean los únicos reinos que gobiernen en la globalidad planetaria.

Sanar el juicio enfermo de la Humanidad.

La Revolución incruenta y aceptada. Asimilada y practicada. Regenerada y eternizada.

Evocar, provocar, abocar, invocar, convocar la Bondad humana.

¿De veras crees que
me puedo permitir fallar en la Revolución?

Olvido

A veces, olvido el dolor.
Ese martilleo incesante en mis palpitaciones.
Ese ruido de fondo que me bloquea en mi apreciación del entorno.
Mas cuando está conmigo, me preparo para curar las heridas del prójimo, cuando estas no son sangrantes sino lacerantes.
Pues el dolor me hace empático, y el ardor en mis ojos, y en el estómago, me hace adivinar las raíces de los sufrimientos que traen consigo las injusticias y las necedades de los que oprimen.

Fotografía de Miguel Ángel Delgado Olmo

100 y 1

Cien y uno.
O mil y tres mil millones.
No importa.
La distancia y el desamparo son lo mismo.
La ilusión y el engaño dan lo mismo.
Y ellos, ilusos todos, dejándose las alusiones al cambio en el camino,
porque creen que se degradarán con algún tipo de revolución, porque creen que se desangrarán en la catarsis, en la que no quieren creer y de la que nada quieren saber.

Hecho Por Humanos, en todos los idiomas

Imagen de Pixabay


Te han estado preparando desde hace tiempo, introduciendo en tu vida recursos e instrumentos de entretenimiento para que te hagas adicto a su presencia subliminal.
Luego llegaron las Redes Sociales y todas las Aplicaciones para teléfonos inteligentes y ordenadores para que, con su utilización, te creyeras que tú, que tienes poco tiempo para explotar tu creatividad, podrías crear con su ayuda, contenidos que te hicieran visible y gustable por parte de los demás usuarios de este nuevo opio del pueblo.
Pero cuando ya te has dado cuenta de que es algo más que utilizar filtros para vídeos y fotografías, algo más que recrear los cuerpos, los rostros y las voces de seres humanos, con las consiguientes asombros y risas (y temas de conversación en tu vida tan insulsa y vacía de contenido real, por preferir hacer vaguear a tu cerebro), es demasiado tarde.
La industria del entretenimiento ha difundido estas prácticas hasta el hartazgo y se ha dado cuenta que es un recurso que se ha convertido en un arma de doble filo que está a punto de cortarle el gaznate.

John Connor, hijo de Sarah Connor, es el líder de la Resistencia Humana (Tech-Com) durante la guerra contra las máquinas controladas por Skynet en la película Terminator.

No pretendo ser Sarah Connor ni, menos aún, su hijo, pero creo que es necesaria una resistencia contra las máquinas impersonificadas por la IA.
No lo digo en forma de destrucción ni  sabotajes sino con el boicot a sus productos y subproductos.
Los contenidos del futuro deberán llevar una etiqueta, visible o invisible pero rastreable, de que han sido realizados por humanos, para que sean valorados, en su justa medida de trabajo, sacrificio y esperanzas, y se deseche la opción de los Artificiales.
Es una idea que «pongo encima de la mesa», para que otros la apoyen y la llevemos a cabo.

XXI

Desde niño siempre me ha rondado por la cabeza la idea de una necesaria revolución, después de haber estudiado, durante años, las múltiples revoluciones que ha habido a lo largo de la Historia de la Humanidad.

Todas ellas las he considerado incompletas porque ha sido manipuladas por los intereses creados de ciertas élites. 

Y ya en el siglo XXI, me da la impresión de que el mundo sigue igual que siempre y que el inmovilismo ha creado monstruos que nos están devorando, tanto a la especie humana como al planeta Tierra. 

Confío en que las nuevas revoluciones, la feminista y la animalista, traigan la armonía necesaria en este Universo en el que estamos.

 

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Así es ella

Pizpireta, anacleta.

A veces profeta de una vida multidesgraciada.

Seguidora de unas normas endulzadas

que la corrompen en la tribu ensimismada,

esa horda que dice que no hay leyes,

esa que grita que no hay reyes

mientras distribuyen el derecho de pernada.

La individua revolucionada y la revolucionaria,

la apática y la estratégica,

la exigida y la restringida,

la aplaudida y la temida.

Esa señora que te mira y no te mira.

Esa ilusa que se ríe de tus gracias y con tus desgracias.

La liberadora de pasiones

y la presa de los besos presos.

La señora de la incertidumbre,

la aprovechada de la mansedumbre.

Así es ella y no se queja.

Así es ella en privado y en público.

Y así lo escribo, de ella enamorado

de su leyenda y sus miradas,

de su tacto y de su lengua intrépida,

que no se calla, que no me acalla.

Que no me quiere ni me ama,

pero que adora ser mi dueña y mi ama.

Ama, ama.

 

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La Revo

La emoción de transgredir las normas.

Las de la familia, las del trabajo, las de la sociedad que las envolvía a ambas.

La adrenalina que se disparaba al hacerlo.

Y mantenerlo en secreto añadía valor a su osadía.

Y el miedo a que la descubrieran.

Actuando tan poquito a poco que, a veces, se olvidaba de que estaba cambiado el mundo.

 

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La fragua

Tan remotamente cerca. Tan lúcido como escéptico. Tan irreal como consecuente. Al menos con la intención de sobrevivir y hacer el esfuerzo de no avasallar con una humildad hipócrita. Rivalizando con los que tienen deseos impuros, con los que abusan de mentes retorcidas. Con los que fanfarronean de intachables virtudes que no son más que defectos destructivos.

Tan profundamente lejos. No solo en la distancia sino en el olvido. No solo en el tiempo sino en el vacío. Ése que no es rellenable ni con la libertad ni con la verdad.

Me asomo para caer. Y caigo para no levantarme. Al menos hasta que tenga la suficiente desfachatez para fraguar una venganza. Una fría y cruel venganza. Sobre mi falta de entereza ante las discordias. Sobre mi falta de lucidez ante el engaño. Sobre mí mismo.

Germen

Es la rabia que me puede. Es la contundencia de la sinrazón la que me enerva. Es la ausencia de lo divino lo que me inspira. Es la presencia de la tragedia lo que me mueve. Son tu desidia y conformismo los que me alcanzan. Son mis manos y mi corazón los que me sienten. Es la revolución en las palabras y en los hechos los que me dan vida. Es el germen de la revolución que os dará, por fin, un sentido al existir.

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