A tope

Parecer ser que, según avanza el día de actividad de una persona, la energía va menguando hasta acabar en mínimos.
No sé si en esto también soy rarito pero a mí me ocurre lo contrario.
Suelo despertar en un nuevo día con el ánimo renovado y, según haya tenido un sueño agradable y reparador o una pesadilla (generalmente relacionadas con mi trabajo, me imagino porque mi subconsciente sigue alterado con el estrés del día anterior), puede que mis amaneceres sean radiantes de alegría o, por el contrario, apagados como mis ganas de levantarme de la cama.
Pero, sea como sea, me obligo a empezar mi actividad «con lo puesto».
Y, según avanza el día, me voy positivizando hasta ver las cosas de otra forma, con pensamientos más constructivos.
Haya empezado mi jornada superanimado o, por el contrario, superdepresivo, las experiencias profesionales y personales que  vaya teniendo a lo largo del día me van recargando las baterías de la mente y el corazón.
Realizar mi trabajo con una buena actitud y una mejor aptitud.  Relacionarme con nuevas personas cada día. Relajarme y expandirme escribiendo o actuando. Todo esto, y mucho más, hace que esté con el ánimo y la mente en un estado exponecialmente ascendente en positivismo que me hace desear, a veces, que el día tenga treintaiseis horas o más.
Pero sigo estando en el Planeta Tierra y aquí los días tienen veinticuatro horas y siempre hay que desconectar un poco para recargarnos en el sueño, ese apagado momentáneo.

Dice un viejo refrán

Dice un viejo refrán: Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Significado: El paso de los años aporta un gran número de conocimientos.
Aumentando mis conocimientos día a día lo que no tengo tan claro es que mi sabiduría aumente, pues cada uno de esos días me comporto como un niño. No sé si me falta madurez o es que mi osadía ante la vida no tiene remedio.
Por si acaso, de vez en cuando me dejo disfrazar de diablillo.
Por si acaso.

📷 (Por supuesto) Monami