Y lo siguiente

 

Y lo siguiente, ¿qué sería?

¿La humillación, por no poder tenerla nunca?

¿La transgresión, para luchar por su amor?

¿El desamparo, el azote de la soledad?

¿La invasión de los miedos?

¿La inapetencia, la depresión, el abandono de sí mismo, la huida?

¿El no ser por no ser de ella?

¿El no querer ser de nadie más?

 

Y lo siguiente(Fotografía: © Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)

 

Insultante

Escapo del infierno de tus ojos para caer en las arenas movedizas de tu boca.

No es que seas una trampa, es que eres un peligro para mis sentidos, pues al final caigo voluntariamente en tus excesos, los de personalidad, los de hermosura, los de tu inquietante ternura.

Y, sin embargo, tú me sigues mirando insultante, creyendo que acaparas el mundo porque te crees su ombligo. Me desprecias y me desesperas a partes iguales, porque has asumido que te amo y que puedes ningunearme a tu antojo, pero he de decirte que aún no he asumido mi papel de esclavo reprimido. Mi ama. Ama.

Ámame tú también.

 

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Pecandoando

 

He querido admirarte

y no me has dejado.

He querido vivirte

y me dijiste que era pecado.

No me digas entonces que vuelva.

No me dirijas palabra,

ni cometas actos de los que pueda arrepentirme.

No me inmiscuyas en tus planes de futuro.

Sé todo para los demás,

y para mí no seas nada.

Serás más feliz.

Seré más feliz, pecando.

 

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De Amor y Des Amor

Siempre escribiendo sobre el Amor y me olvido de que ya no amo.

Me he olvidado del desamor para escribir qué es lo que amo.

Aún con el corazón vacío del sentimiento, bombeando sangre helada, alimentando una vida rota, tan desesperadamente larga cuando es tan corta.

Necesitando volver a amar para no escribir sobre ello, para no tener tiempo de hacerlo.

Para no escribir y sí decir uno o miles te amo.

 

roses-on-my-grand-piano-1310847(Fotografía: Roses on my gran piano, de Am Y.)

Performer

Escribo tanto que no tengo tiempo a publicarlo y, mientras, lo guardo en notas en papel dispersadas por la casa o en mi lugar de trabajo, y allí, como hojas caídas en otoño, aplastadas entre libros o cuadernos releídos, dejan madurar sus palabras, con la intención de que las ideas expresadas provoquen efervescencia en mi psiquis que valga de aviso para volver a rescatarlas.

Y mientras, me quedo con los vacíos llenos de mecanicismo laboral, llenos de actos de supervivencia. Deseando que me sobrevenga el estado de dependencia creativa.

Y los ojos, con su punto de visión dirigido a objetos inexistentes. Y las olas de voltaje sensorial que rompen en mi muro mental, tan proclive a ser derribado, me horrorizan y me embaucan a partes iguales, disimulando las pequeñas implosiones con la percepción de la obra de otros artistas, mientras las absorbo y las mimetizo con mi propia percepción de las cosas y de las no cosas.

Y siempre, el agobio continuo por no poder detener el tiempo, que es siempre tan veloz que me siento desamparado ante la idea de que nada sea eterno.

No quisiera tomar nunca como propias las palabras que escuché el otro día de un “performer” o interpretador de la vida y del arte encerrado en esa vida: “No soy un artista, soy un poeta”.

Esas palabras no me valen, pero aun teniendo claro que no me las puedo, ni quiero, aplicar, me hieren demasiado. Y cuando deje de escribir ahora, dentro de un instante, volveré a rebuscar mis hojas caídas de otoño. Volveré a rescatar aquellas palabras escondidas para hacerlas visibles a otros ojos, para que ellos las llenen de significados y hagan que mi vida tenga, otra vez, sentido.

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(Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)