Pecandoando

 

He querido admirarte

y no me has dejado.

He querido vivirte

y me dijiste que era pecado.

No me digas entonces que vuelva.

No me dirijas palabra,

ni cometas actos de los que pueda arrepentirme.

No me inmiscuyas en tus planes de futuro.

Sé todo para los demás,

y para mí no seas nada.

Serás más feliz.

Seré más feliz, pecando.

 

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Confesiones desquiciadas

¡Menuda singularidad más extraña! Yo, tan capacitado para asumirla y, sin embargo, tan incapaz para sortearla.
Y es que el extraño vaivén de los hechos zarandeó mis expectativas de casarme con la mujer más increíble de este lado del Universo. Tan inteligente y productiva que se la rifaban en, por lo menos, siete de las veinticinco civilizaciones tecnológicas más influyentes de las  dos bigalaxias más cercanas. Y tan rara la causalidad que la hizo fijarse en mí, y enamorarse después, que estoy casi convencido que todo formaba parte de un retorcido plan de esos alguien que todos sospechamos. Pero, mientras duró, lo disfruté. Hasta que tuve que deshacerme de ella.
Y aquí estoy, frente a su cuerpo marchito, tan deseado en otro tiempo, tan armonioso como su cerebro, que tuve el placer de degustar tras un certero golpe en el cráneo.
Pero ya me estoy cansando. No ocurre nada. Yo sigo envejeciendo y no ocurre nada.
Creí que la entropía del Universo se detendría, ipso facto, tras la parálisis de una de sus vidas más atractivas. Y no fue así. Ni siquiera yo he absorbido su inteligencia, y creo que se ha malgastado en la nada.
Creí que se repondría mi ya lejana astucia. Aquella que perdí en la lucha titánica contra el amor. Pero no. Sigo envuelto en una nebulosa de estupidez estéril.
Creí que los suyos me aceptarían como un igual. Pero son demasiadas veces las que me han matado. Aunque con la primera hubiera bastado.
Y mi ser, que ya es éter, se cansa de esperar, y son tantos los eones transcurridos desde mi vileza, que he perdido la esperanza de que se me desprenda esa insana certeza que corrompe mi definitivo adiós.
¡Menuda singularidad más extraña es el Amor!

 

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Futuro compartido

   Sentía una fuerte punzada en el cuello y aquella mujer se comprometió a hacérsela olvidar. Con los ojos cerrados, imaginó un paraíso único en el que quería estar. Sin nadie más a quien escuchar ni ver. Integrándose en una vida de supervivencia. Sin tener que pensar en nada. Solo sufriría cuando las leyes de la Madre Naturaleza mostraran su crueldad. Rememoró de pronto imágenes filmadas de la extinta águila dorada atenazando con sus garras a su huidiza presa mientras surcaba majestuosamente los cielos incontaminados de una vetusta Tierra. Y le pareció que, aún así, aquella muerte se integraba en la perfección. Y trasladó esa imagen, en otros tiempos real, a su imaginación. Y se sorprendió tumbado sobre la hierba fresca de un extenso prado bajo la aguda mirada del águila de sus recuerdos, con el sonido del discurrir caudaloso de un inmaculado río a sus pies. Y viéndose a sí mismo en este estado sublime, decidió compartirlo con una mujer, el amor de toda su vida: su esposa. Y la veía echada a su lado, con los ojos cerrados, como degustando la paz que les rodeaba. Y la imitó.

   Y aunque la realidad era ahora tan distinta, se sintió feliz al notarse acariciado por las manos de su mujer. Y cuando entreabrió los párpados, la vio delante. Y Johanna le sonrió. Y el se sintió amado.

   Pero, aún así, pensó que no quería que ella llegara a conocer el sufrimiento en sus propias carnes. Siempre la había protegido de ese extremo. Si no jugaba bien sus cartas, tendría que elegir: sus propias felicidades o la de la humanidad entera. Y muy a su pesar, decidió qué escoger si se llegara a tal punto.

   El dolor muscular desapareció, pero fue sustituido por un nudo en el estómago.

   Johanna seguía masajeando, como si deseara relajar algo más que el cuerpo de su marido. Como si presintiera la batalla interior.

   -¿Qué te ocurre, cariño?

   -¿Recuerdas las videograbaciones en que aparecen imágenes del planeta rebosantes de vida?

   -Sí, Merdik, por supuesto. En la universidad utilizábamos antiguos reproductores láser para recuperarlas y hacer un examen exhaustivo de lo que contenían.

   -¿Y recuerdas el matiz del azul de los cielos que mostraban?

   -Cariño, ya sé a dónde quieres ir a parar. Pero en aquella época, tú no habías nacido aún. No te mortifiques más.

   -Del azul puro se pasaba al gris más oscuro y… llovía, ¿recuerdas?

   -Déjalo ya. Sé que cuando empezaron a querer remediarlo, era ya irreversible. Ahora, en cambio, no tenemos ya polución ni en el aire, ni en los mares y ríos.

   -Dirás, en lo que nos queda de agua. La evaporación fue desconcertante hasta para los más pesimistas. El efecto invernadero actuaba y abusaba.

   -¿Quieres dejarlo ya, por favor? ¿No pasó ya?  ¿No logró nuestra anterior generación rehacer la climatología? ¿No es un consuelo que, aunque las nubes se formen raramente, el ciclo se haya recompuesto? Confío en esta humanidad, ¿sabes? Creo saber que lleva en sus genes el aprender de sus errores.

   -Ojalá fuera tan fácil como dejarse confiar.

   Un beso selló momentáneamente su boca. 

  -No te preocupes, cariño, volverás a pensar sólo en mí.

 

(Nota del autor: Esto es un extracto de mi novela corta “Jamás y siempre a la vez”)

 

 

 

 

Paranoide

   Sin negar la existencia de seres de otros mundos, cabe la posibilidad de que los llamados platillos volantes sean vehículos de transporte temporal de humanos, es decir, si el desarrollo tecnológico sigue aumentando al ritmo actual, puede que en el futuro la especie humana esté increíblemente avanzada en este aspecto y que esos avances científicos insospechados puedan permitir al ser humano lograr uno de sus sueños más codiciados: Viajar en el tiempo.
   ¿Quién puede asegurar que no se logre realizar esta hazaña en el futuro?
   Ellos, los extraterrestres, puede que lo hayan logrado y los humanos del futuro lo lograrán.
   Los OVNIS no aparecen continuamente en nuestros cielos. ¿Quién sabe de dónde vienen exactamente?
   No vienen de ningún lugar, vienen de un tiempo. Eligen los humanos del futuro el momento adecuado para visitarnos porque sus experimentos puede que así lo exijan: Ellos están interesados en nosotros.
   Ojalá esta hipótesis fuera una tesis, porque se aseguraría la subsistencia de la especie humana en un futuro que, desde nuestros días, se ve como incierto, ya sea debido al miedo a la posible catástrofe nuclear, ya sea debido al miedo a la superpoblación.

(Razonamientos escritos en el año 1987, en plena efervescencia paranoico-conspiranoica.)

 

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Confesiones desde el futuro

Provenimos de los humanos, la especie primigenia. Y dicen las leyendas que Dios les dio el soplo de vida ¡a ellos! No sé si fue el Dios Absoluto, o fueron dioses menores, un conjunto superior de creadores extraterráqueos, que probaron fortuna con el caldo de cultivo de los mares y tierras terrestres. No importa. El fruto de la experiencia fue sobresaliente. La verdad que usted se niega aceptar y, como usted, la mayoría, es que todos somos humanos.

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