Bebida amarga

Vociferamos, para llamar la atención, para creer que somos alguien, para imponernos, aunque no tengamos la razón, para que nos vean, porque no somos nadie.

Y el que sí tiene la razón, que sí es alguien, que nos habla bajito, con parsimonia y con seguridad contundente, nos dice al oído, uno a uno, que es verdad, que no somos nadie, y que no molestemos, que nos vayamos, que huyamos hacia el silencio.

Y huimos. Claro que huimos. Y nos empequeñecemos hasta hacernos un puntito, para que alguien pueda borrarnos con un soplo de dignidad.

Y a solas nos bebemos la tristeza. Y a solas nos bebemos nuestras propias lágrimas.

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Photo by Glenda Otero from FreeImages

Texto escrito en la Jam de Minificción de Aleatorio Bar, 3 septiembre 2019, a partir de la frase “Y a solas nos bebemos la tristeza”, sugerida por Escandar Algeet. 

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SURCOS (EN MI CORAZÓN)

Una lágrima,

un sentimiento que se desborda.

Dos lágrimas,

la tristeza que se acomoda.

Mi rostro encendido por la impotencia

de no poder calmar mi vida con la paciencia.

 

Una lágrima,

un indicio que me avisa

de que el corazón que tengo

por sobrevivir tiene prisa.

Dos lágrimas,

ni una sonrisa que me serene.

Pienso demasiado, mi mente no se detiene.

 

Una lágrima,

pues me colma el desamparo,

sin ti, mi vida, estoy abandonado.

Y las siguientes,

que vuelven a surcar mi agriado rostro,

son las que me ahogan

y mi interior transforman en un monstruo,

una triunfante abominación de la madurez,

una triunfante exaltación de la languidez.

 

Yo y mis lágrimas,

que no aceptan a mi alma en su desvalida desnudez.

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