Tanto silencio
y estoy sordo.
Tanto calor
y me hielo.
Tantas miradas
y estoy solo.

Tanto silencio
y estoy sordo.
Tanto calor
y me hielo.
Tantas miradas
y estoy solo.

Fui hacia ti
y no volví.
Fui hacia mí
y me quedé.

Solo.
Estoy Solo.
Siempre solo.
Y aunque solo,
sé que solo
estoy solo.
Canto y toco,
y bailo y afloro,
y aunque molo,
sé que solo
estoy solo.
No estoy loco
y te aloco.
Monto el pollo
bolo a bolo,
y te arrollo
con mi rollo.
Y aunque tengo
tu apoyo,
estoy solo,
siempre solo.

Tócame un poco.
No muerdo. No me defiendo ni huyo.
No te tocaré a cambio.
No te seduciré a cambio.
Tócame un poco. Solo un poco.
No te pido que me acaricies.
Nada a cambio.
Solo un poco. Tócame.
Quiero salir de la duda.
Por si es verdad.
Que no soy ni existo.
Siento tener que tenerte.
Tengo que sentir sentirte.
Y la desdicha es dicha.
Teniéndote me basta.
Bástame tenerte.
Sí, siempre, así, sí.
Y si no es así…

Pronto, loco, pronto.
No desesperes.
Loco, pronto, pero poco.
No te excedas ni antecedas.
No me desampares,
no me abandones
pues estoy contigo
en éste, éstas y aquéllas.
Pronto, falta poco,
juntos,
mutuos,
míos,
tuyos,
todo.
Pero siempre poco.
Y demasiado pronto
¿Qué esperas de mí?
¿Qué no esperas de mí?
¿Qué quieres que te dé?
¿Qué pretendes recibir sin ofrecer?
¿Amor, dolor, sopor, temor, amor,
amor, amor, amor?
¿O no?
No.
Será que no.
La espera se te hará larga.
Disfruta de lo que no vas a conseguir.
De mí.
Sin mí.

Tengo una vida.
Una vida de vidas.
Vidas debidas
a las vidas vivas
de otras vidas
que me mantienen con vida
en esta muerte eterna que vivo.

(Fotografía: © Luis Leo Photos)

¡Hermosa mía! Te tengo dicho, muchas veces, que el narizota no está conmigo y que entonces no me siento obligado a escribirte bellas palabras. Ni tampoco a decírtelas. Para qué. Si es al final mi peculio lo que te convence. Más que mi bella cara o mi prominente masculinidad. Tampoco tienes tú ni verbo ni labia. Ni herencia ni dote. Ni sapiencia ni lujuria. ¡Vayamos pues al tema! El frenesí instantáneo bien lo merece.

A cada rima, un latido.
A cada latido, un poco más de vida.
Deduzco, entonces, que la Poesía hace ser.
