¿Quién decide? (Por Monami y Archimaldito)

No encontraba su libro y se estaba desesperando.

Buscaba y buscaba, pero no aparecía. Tenía la sensación de que alguien o algo se lo había escondido. Ese libro era muy importante para él. Se lo habían regalado cuando estaba vivo. Cuando su memoria intacta lograba que los detalles permanecieran vívidos, saboreados cada segundo, con cada latido de su corazón. Cuando aún era un libro en blanco donde apuntaba, día a día, cada detalle de su vida, antes de que estos se le olvidaran.

Porque sabía que un fallo genético en su estirpe dejaría, poco a poco, su memoria en blanco. Porque sabía que la degeneración biológica iría de la mano con su disgregación mental, hasta la desaparición absoluta de su cuerpo.

Y ahora, ya sin él, se preguntaba: ¿Quién decide lo que es bello? A veces yo he cerrado también así los ojos.

 

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La peor arma. Por Hadogemina y archimaldito

   El chico con peinado de mohicano se dirigió a mí con su cresta enervada y los ojos inyectados en sangre.
-¿Me das un euro?
   Ante esa mirada inquisitiva lo único que sentí fue asco y odio.
-Por supuesto que si te digo que no, me pedirás todo el dinero que llevo encima, ¿verdad? Y sacarás un arma, ¿no?
   -No llevo arma alguna, lo único que llevo es el poder de obtener lo que quiero y tú no vas a ser una excepción.
   La convicción de sus palabras y su semblante tranquilo me asustaron más que cualquier otra amenaza.
  No sé por qué, pero le di el euro. Tenía la seguridad de que ese poder del que hablaba me haría más daño que una simple arma. Estaba seguro de que sus bolsillos estaban llenos.

El último vestigio. Por Hadogemina y archimaldito

Estaba a punto de alcanzar lo que siempre soñó, sabiendo que iba a tener que sufrir. Iba a abandonar todas sus ideas y entrar en un mundo que odiaba. Y lo peor de todo: Sabía que el mundo entero iba a despreciarle por ello. Aun así, dio el último paso: sería el último rey, el último vestigio de poder en la Tierra. Cuando a la Tierra le faltaba poco tiempo. Demasiado poco tiempo. 

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Nada sobre negro

Esta vez creyó que estaba en lo cierto. Estaba allí, solo, muerto y enterrado. A cubierto de la mirada de sus amigos y familiares, que le lloraban en el exterior. Y con la certeza de que le quedaban pocos minutos de aire. Sin claustrofobia. Sin ganas de gritar. Dejando que el final, su auténtico final, llegara.

Esta vez creyó que estaba en lo cierto: Después de tantos años de vida, de sabiduría errónea, del dejarse llevar por la corriente de los demás, la conclusión era que, después del después, no había nada. Absolutamente nada.

Nada sobre negro

“Nada sobre negro” es la primera colaboración literaria entre Hadogemina y archimaldito.