El laberinto de mis emociones
tiene un trazado más complicado que
el laberinto de mis pensamientos.

El laberinto de mis emociones
tiene un trazado más complicado que
el laberinto de mis pensamientos.


Pizpireta, anacleta.
A veces profeta de una vida multidesgraciada.
Seguidora de unas normas endulzadas
que la corrompen en la tribu ensimismada,
esa horda que dice que no hay leyes,
esa que grita que no hay reyes
mientras distribuyen el derecho de pernada.
La individua revolucionada y la revolucionaria,
la apática y la estratégica,
la exigida y la restringida,
la aplaudida y la temida.
Esa señora que te mira y no te mira.
Esa ilusa que se ríe de tus gracias y con tus desgracias.
La liberadora de pasiones
y la presa de los besos presos.
La señora de la incertidumbre,
la aprovechada de la mansedumbre.
Así es ella y no se queja.
Así es ella en privado y en público.
Y así lo escribo, de ella enamorado
de su leyenda y sus miradas,
de su tacto y de su lengua intrépida,
que no se calla, que no me acalla.
Que no me quiere ni me ama,
pero que adora ser mi dueña y mi ama.
Ama, ama.

Siento tener que tenerte.
Tengo que sentir sentirte.
Y la desdicha es dicha.
Teniéndote me basta.
Bástame tenerte.
Sí, siempre, así, sí.
Y si no es así…

A veces pensar cansa.
A veces no pensar libera.
Pero siempre hay alguien pensando.
Y si tú no lo haces, esa persona lo hará por ti.
Y entonces tú dejarás de ser tú para ser ellos, otro más de los ellos, los siempre prescindibles.
Por eso, si te cansas de pensar, respira, relájate, desconecta tu mente un segundo, pero no dejes de hacerlo.
Porque no pensar no libera.
Porque no ser libre es no ser.

Fin de las emociones y las transiciones entre pensamientos vedadas.
Sin importar a qué se parecen o qué pretenden, porque son inmaduros, porque no tienen consistencia.
Porque presumen de genialidad sin tenerla.
Asumiendo que los borregos humanos aplaudirán la desidia y el conformismo.
Teniendo bastantes razones para claudicar ante la apatía.
Porque no son valientes.
Porque no se arriesgan a nada. Van a lo fácil y no saben de lo difícil.
De lo difícil que es vivir. Y sin esfuerzos las emociones finalizan.
Y se creen elegidos por un ente inexistente.
Y presumen de una vida llena para desasosegar a los demás.
Para embaucar y engañarlos con un paraíso ficticio.
Tan irreal como su propia vida.
Tan vacío como la vida ajena.
Porque son inmaduros y los demás son frágiles. De corazón y de espíritu.
Y de eso se aprovechan.
Y de eso se jactan.
Y en eso se malgastan.

El temor de quererte.
El honor de quererte.
El calor de quererte.
El sabor de quererte.
El error de quererte.
El horror de quererte.

Pronto, loco, pronto.
No desesperes.
Loco, pronto, pero poco.
No te excedas ni antecedas.
No me desampares,
no me abandones
pues estoy contigo
en éste, éstas y aquéllas.
Pronto, falta poco,
juntos,
mutuos,
míos,
tuyos,
todo.
Pero siempre poco.
Y demasiado pronto
¿Qué esperas de mí?
¿Qué no esperas de mí?
¿Qué quieres que te dé?
¿Qué pretendes recibir sin ofrecer?
¿Amor, dolor, sopor, temor, amor,
amor, amor, amor?
¿O no?
No.
Será que no.
La espera se te hará larga.
Disfruta de lo que no vas a conseguir.
De mí.
Sin mí.

La emoción de transgredir las normas.
Las de la familia, las del trabajo, las de la sociedad que las envolvía a ambas.
La adrenalina que se disparaba al hacerlo.
Y mantenerlo en secreto añadía valor a su osadía.
Y el miedo a que la descubrieran.
Actuando tan poquito a poco que, a veces, se olvidaba de que estaba cambiado el mundo.

Voy a viajar por el mundo creyendo que hay mundo y que no me lo han robado junto con los sueños.
Voy a trasladarme de un sitio a otro con el pensamiento, sin escalas.
Sin equipajes que me anclen, sin desesperación, sin conformismo, sin engaños.
Convencido de tener un destino que no es el vacío en el que navegan otros sin rumbo.
Sin que nadie me acompañe, porque así no hay desencantos.
Dejándome llevar por el viento de las ideas, sin dejar que cicatricen en mi cerebro.
Sin amedrentarme ante el fulgor de las estrellas, porque éste es siempre pasajero.
Enviando las señales de humo que son mis palabras, las cantadas y las susurradas.
Anhelando encontrarte para no sentirme perdido.
Voy a viajar por el mundo, antes de que tu mundo no viaje por mí.
