Siento tener que tenerte.
Tengo que sentir sentirte.
Y la desdicha es dicha.
Teniéndote me basta.
Bástame tenerte.
Sí, siempre, así, sí.
Y si no es así…

Siento tener que tenerte.
Tengo que sentir sentirte.
Y la desdicha es dicha.
Teniéndote me basta.
Bástame tenerte.
Sí, siempre, así, sí.
Y si no es así…

A veces pensar cansa.
A veces no pensar libera.
Pero siempre hay alguien pensando.
Y si tú no lo haces, esa persona lo hará por ti.
Y entonces tú dejarás de ser tú para ser ellos, otro más de los ellos, los siempre prescindibles.
Por eso, si te cansas de pensar, respira, relájate, desconecta tu mente un segundo, pero no dejes de hacerlo.
Porque no pensar no libera.
Porque no ser libre es no ser.

Fin de las emociones y las transiciones entre pensamientos vedadas.
Sin importar a qué se parecen o qué pretenden, porque son inmaduros, porque no tienen consistencia.
Porque presumen de genialidad sin tenerla.
Asumiendo que los borregos humanos aplaudirán la desidia y el conformismo.
Teniendo bastantes razones para claudicar ante la apatía.
Porque no son valientes.
Porque no se arriesgan a nada. Van a lo fácil y no saben de lo difícil.
De lo difícil que es vivir. Y sin esfuerzos las emociones finalizan.
Y se creen elegidos por un ente inexistente.
Y presumen de una vida llena para desasosegar a los demás.
Para embaucar y engañarlos con un paraíso ficticio.
Tan irreal como su propia vida.
Tan vacío como la vida ajena.
Porque son inmaduros y los demás son frágiles. De corazón y de espíritu.
Y de eso se aprovechan.
Y de eso se jactan.
Y en eso se malgastan.

El temor de quererte.
El honor de quererte.
El calor de quererte.
El sabor de quererte.
El error de quererte.
El horror de quererte.

Pronto, loco, pronto.
No desesperes.
Loco, pronto, pero poco.
No te excedas ni antecedas.
No me desampares,
no me abandones
pues estoy contigo
en éste, éstas y aquéllas.
Pronto, falta poco,
juntos,
mutuos,
míos,
tuyos,
todo.
Pero siempre poco.
Y demasiado pronto
¿Qué esperas de mí?
¿Qué no esperas de mí?
¿Qué quieres que te dé?
¿Qué pretendes recibir sin ofrecer?
¿Amor, dolor, sopor, temor, amor,
amor, amor, amor?
¿O no?
No.
Será que no.
La espera se te hará larga.
Disfruta de lo que no vas a conseguir.
De mí.
Sin mí.

La emoción de transgredir las normas.
Las de la familia, las del trabajo, las de la sociedad que las envolvía a ambas.
La adrenalina que se disparaba al hacerlo.
Y mantenerlo en secreto añadía valor a su osadía.
Y el miedo a que la descubrieran.
Actuando tan poquito a poco que, a veces, se olvidaba de que estaba cambiado el mundo.

Voy a viajar por el mundo creyendo que hay mundo y que no me lo han robado junto con los sueños.
Voy a trasladarme de un sitio a otro con el pensamiento, sin escalas.
Sin equipajes que me anclen, sin desesperación, sin conformismo, sin engaños.
Convencido de tener un destino que no es el vacío en el que navegan otros sin rumbo.
Sin que nadie me acompañe, porque así no hay desencantos.
Dejándome llevar por el viento de las ideas, sin dejar que cicatricen en mi cerebro.
Sin amedrentarme ante el fulgor de las estrellas, porque éste es siempre pasajero.
Enviando las señales de humo que son mis palabras, las cantadas y las susurradas.
Anhelando encontrarte para no sentirme perdido.
Voy a viajar por el mundo, antes de que tu mundo no viaje por mí.

Me esmero por difuminar mi conciencia en la del colectivo en el que estoy inmerso.
Me esmero por aceptar sus irracionalidades y aplaudir sus injusticias.
Pero no puedo, pues me abaten mis alarmas internas que me avisan de lo que está mal, de lo que está bien y de lo que es correcto.
Y en el tránsito entre pensamiento y acción sufro. Por mí y por los demás.
Por mí porque me siento impotente ante la posibilidad de no llegar a tiempo para arreglar los desperfectos causados por la inconsciencia de mis projimos
Por los demás, porque veo que se hunden irremediablemente en el fango putrido de la sumisión, la manipulación y la ignorancia.

Fotografía: Monami
Nigrumento esperpento.
Alviento ceniciento.
Momento lamento.
Lentolento. Tientotiento.
Sintiempo.
Y ahora, sediento.
Mas miento.
Siempre miento.

Se paseaba contoneándose ridícula por la acera mirando si la miraban para luego despreciar a los que lo hacían y sentirse insultada por los que no con una máscara por cara llena de colores mal distribuidos que envolvían una sonrisa amarillenta dedicada a los que intentaban filtrear con ella deteniéndose cuando pasaba algún perro por temor al mordisco cambiándose de acera cuando veía acercarse a algún hombre que no tuviera la piel blanca intentando no caerse desde la altura que le daban unos tacones tan afilados y jactándose de estar envuelta y abrigada por pieles muertas que brillaban bajo un sol marchito de vez en cuando hacía como si hablara por el teléfono móvil para sentirse importante para que creyeran los demás que era una persona muy ocupada cada día recorriendo las manzanas de un barrio distinto buscando alguna víctima que no conociera su fama con la que olvidar momentáneamente la soledad provocada por su mala educación por su desfachatez por su insultante soberbia y se decía a sí misma que a estas alturas no cambiaría no le valía la pena empezar desde cero creyendo que con su hermosura ya decrépita lograría tener una vejez soportable en una casa que ahora estaba insoportablemente vacía y solitaria y cuando la llave volvía a escurrirse entre sus dedos arrugados para abrir la oscuridad en su vida mojaba el almohadón frío con sus lágrimas desesperadas esperando que el sueño fuera eterno y que no tuviera que despertar a un nuevo día para volver a contonearse ridícula por las calles mirando si la miraban
