Sufro

Me esmero por difuminar mi conciencia en la del colectivo en el que estoy inmerso.

Me esmero por aceptar sus irracionalidades y aplaudir sus injusticias.

Pero no puedo, pues me abaten mis alarmas internas que me avisan de lo que está mal, de lo que está bien y de lo que es correcto.

Y en el tránsito entre pensamiento y acción sufro. Por mí y por los demás.

Por mí porque me siento impotente ante la posibilidad de no llegar a tiempo para arreglar los desperfectos causados por la inconsciencia de mis projimos

Por los demás, porque veo que se hunden irremediablemente en el fango putrido de la sumisión, la manipulación y la ignorancia.

Fotografía: Monami

Marchita

Se paseaba contoneándose ridícula por la acera mirando si la miraban para luego despreciar a los que lo hacían y sentirse insultada por los que no con una máscara por cara llena de colores mal distribuidos que envolvían una sonrisa amarillenta dedicada a los que intentaban filtrear con ella deteniéndose cuando pasaba algún perro por temor al mordisco cambiándose de acera cuando veía acercarse a algún hombre que no tuviera la piel blanca intentando no caerse desde la altura que le daban unos tacones tan afilados y jactándose de estar envuelta y abrigada por pieles muertas que brillaban bajo un sol marchito de vez en cuando hacía como si hablara por el teléfono móvil para sentirse importante para que creyeran los demás que era una persona muy ocupada cada día recorriendo las manzanas de un barrio distinto buscando alguna víctima que no conociera su fama con la que olvidar momentáneamente la soledad provocada por su mala educación por su desfachatez por su insultante soberbia y se decía a sí misma que a estas alturas no cambiaría no le valía la pena empezar desde cero creyendo que con su hermosura ya decrépita lograría tener una vejez soportable en una casa que ahora estaba insoportablemente vacía y solitaria y cuando la llave volvía a escurrirse entre sus dedos arrugados para abrir la oscuridad en su vida mojaba el almohadón frío con sus lágrimas desesperadas esperando que el sueño fuera eterno y que no tuviera que despertar a un nuevo día para volver a contonearse ridícula por las calles mirando si la miraban

marchita

Dos obsesiones

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(Fotografía: Monami)

Dos de mis obsesiones resumidas en una foto: Adolf Hitler y Star Trek.
Los que me conocen saben bien que mis ideas políticas son radicalmente opuestas al Nacionalsocialismo, pero el personaje Adolf Hitler siempre me ha obsesionado. Su biografía, su ideario, la corrupción de lo que pudo haber sido una genialidad y que degeneró en lo que, desgraciadamente, ya sabemos, etc, etc, etc. Lo peor de todo es que el ser humano no aprende de los errores y, de vez en cuando, deja que se desarrollen ideas y personajes que siguen atentando contra la dignidad humana.
Y la contradicción de la foto está en que lo radicalmente distinto es la utopía mostrada en la serie de TV (y posteriores películas) de Star Trek. Una sociedad humana en concordia, unida, en perfecta evolución constructiva, que solamente tiene que luchar contra las especies que quieren desequilibrar la armonía del Universo conocido. 
Si Adolf Hitler hubiera sido trekkie…
¡Larga vida y prosperidad!
Langes Leben und Wohlstand!

Regresó

 

Regresó a la cueva de la que procedía, donde se escuchaba su voz más alta, donde su espíritu inspirador eclipsaba el desánimo que le embargaba fuera de ella, donde la oscuridad no era más que luz en su memoria. Donde volvía a ser libre porque no era ya él. Donde su ego, ensalzado por los demás allá afuera, dejaba de tener sentido allí dentro, cuando no escuchaba su propio corazón porque allí , en el núcleo de la verdad, no lo necesitaba. Y durmió, para no volver a despertar, o para despertar para siempre.

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