Mechón

El mechón rubio tapaba su ojo derecho. Durante un tiempo lo dejó caer sobre ese lado de la cara porque decía que así iba a la moda. Pero se dio cuenta que lo que se llevaba en ese momento era la indiferencia, el egoísmo, la soberbia. De los demás ante ella. De ella ante los demás. Y con su desprecio llegó la decisión de dejar caer todo el flequillo sobre la cara, ocultando ambos ojos, para que cuando los observara a través de la cortina de pelo no vieran su mirada punzante, embajadora del odio que hervía en sus entrañas.

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Marchita

se paseaba contoneándose ridícula por la acera mirando si la miraban para luego despreciar a los que lo hacían y sentirse insultada por los que no con una máscara por cara llena de colores mal distribuidos que envolvían una sonrisa amarillenta dedicada a los que intentaban filtrear con ella deteniéndose cuando pasaba algún perro por temor al mordisco cambiándose de acera cuando veía acercarse a algún hombre que no tuviera la piel blanca intentando no caerse desde la altura que le daban unos tacones tan afilados y jactándose de estar envuelta y abrigada por pieles muertas que brillaban bajo un sol marchito de vez en cuando hacía como si hablara por el teléfono móvil para sentirse importante para que creyeran los demás que era una persona muy ocupada cada día recorriendo las manzanas de un barrio distinto buscando alguna víctima que no conociera su fama con la que olvidar momentáneamente la soledad provocada por su mala educación por su desfachatez por su insultante soberbia y se decía a sí misma que a estas alturas no cambiaría no le valía la pena empezar desde cero creyendo que con su hermosura ya decrépita lograría tener una vejez soportable en una casa que ahora estaba insoportablemente vacía y solitaria y cuando la llave volvía a escurrirse entre sus dedos arrugados para abrir la oscuridad en su vida mojaba el almohadón frío con sus lágrimas desesperadas esperando que el sueño fuera eterno y que no tuviera que despertar a un nuevo día para volver a contonearse ridícula por las calles mirando si la miraban

marchita