Mindundi

Basta de ser un apocado.
Basta de ser un mindundi.
Basta de ser un alienado. Y de acatar sin acotar la verdad ni acortar los poderes asfixiantes que nos oprimen.
Basta de callar sin sonreír, y basta de reír sin pensar.
Llevemos la lucha de las ideas a la catarsis.
Celebremos el desamparo de los que se creen privilegiados ante las leyes, porque se ven intocables por ellas. Miremos hacia adelante dejando atrás lo que no funciona, en pos del bien común.
Basta de no mirar o de hacerlo hacia otro lado cuando el mal actúa.
Basta de no querer hablar para no atragantarnos con la vehemencia de las palabras no dichas por miedo a la censura.
Basta de no querer escuchar por no querer molestar.
¡Molestemos para que se despierten las conciencias!
Seamos libres y liberemos.
Seamos justos y traigamos justicia.
Y hagamos todo en paz para que la mayoría destinataria del bien común seamos todos, sin excepción.

Olvido

A veces, olvido el dolor.
Ese martilleo incesante en mis palpitaciones.
Ese ruido de fondo que me bloquea en mi apreciación del entorno.
Mas cuando está conmigo, me preparo para curar las heridas del prójimo, cuando estas no son sangrantes sino lacerantes.
Pues el dolor me hace empático, y el ardor en mis ojos, y en el estómago, me hace adivinar las raíces de los sufrimientos que traen consigo las injusticias y las necedades de los que oprimen.

Fotografía de Miguel Ángel Delgado Olmo

Sufro

Me esmero por difuminar mi conciencia en la del colectivo en el que estoy inmerso.

Me esmero por aceptar sus irracionalidades y aplaudir sus injusticias.

Pero no puedo, pues me abaten mis alarmas internas que me avisan de lo que está mal, de lo que está bien y de lo que es correcto.

Y en el tránsito entre pensamiento y acción sufro. Por mí y por los demás.

Por mí porque me siento impotente ante la posibilidad de no llegar a tiempo para arreglar los desperfectos causados por la inconsciencia de mis projimos

Por los demás, porque veo que se hunden irremediablemente en el fango putrido de la sumisión, la manipulación y la ignorancia.

Fotografía: Monami