Vencido

Tengo los labios secos de no besar tus labios.

Tengo los latidos inquietos por no tenerte a mi lado.

Se me hace raro mirarte y no encontrarte.

Es extraño abrazarte y no sentirte.

Una pesadilla no alcanzarte.

Un suplicio no vivirte.

No serte.

No.

No.

Tantos no. Y para ti no tantos.

Tengo los ojos secos por haber llorado tanto. Nunca demasiado.

Y el terror más profundo, a que se seque también mi corazón,

por no haberte tenido dentro.

A que mi alma huya, a ser otra vez nada.

Otra vez, hasta que tú quieras.

Otra vez, y otra y otra.

Hasta que asuma mi derrota.

 

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Plan de evasión

Era fundamental que memorizara todos los detalles de la huida pues no podía dejar ninguna pista material de sus planes. No quería cometer el error de su vecina, la que había creído que a los nuevos moradores de la casa no les importaría su presencia en la esquina blanca, al otro extremo de lo que se suponía iba a ser el dormitorio de matrimonio.

   Esa vez ella había sido pasada por alto, pero aprovecharía la noche para trasladarse al exterior, aprovechando que abrirían las ventanas para vencer el calor reinante.

   Antes de que volvieran a la carga a la mañana siguiente con alguna escoba o plumero que, seguro, quebraría alguna de sus frágiles patas, alguna de sus ocho largas patas.

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