Q ¼


Siento el dolor.
Siento el calor.
Siento el temor.
Y aún así, me mantengo firme.
Sin ganas de irme.
Sin lograr que te vayas.
Y cuando menos me lo espere,
sentiré la plenitud.
Dejaré de sucumbir a la barbarie de los daños de lo gris, de lo insulso, de lo estancado y negativo.
Y estarás aún conmigo.
Apoyándome en la lucha por avanzar.
Por estremecer las desarmonías del prójimo.
Vitalizando el derrame de lo eterno,
la victoria de lo sencillo.
Aclamando y celebrando la actitud del cambio.
Desarmando la aptitud de lo mediocre, de lo oscuro y anodino.
Volviendo al origen de lo lumínico, radiante y brillante.
Para vivificarnos y darnos nuestra razón de ser,
del como tiene que ser.
Porque alguien, con más poder que nosotros, lo dijo y lo predijo.
Y ahora, aunque estemos amparados en la esperanza,
seguimos vibrando en los colores de
la Armonía.
Seguimos amando en la esencia de lo bello e imperfecto.
Tú y yo, y la Luz.

Fotografía: Archimaldito

Olvido

A veces, olvido el dolor.
Ese martilleo incesante en mis palpitaciones.
Ese ruido de fondo que me bloquea en mi apreciación del entorno.
Mas cuando está conmigo, me preparo para curar las heridas del prójimo, cuando estas no son sangrantes sino lacerantes.
Pues el dolor me hace empático, y el ardor en mis ojos, y en el estómago, me hace adivinar las raíces de los sufrimientos que traen consigo las injusticias y las necedades de los que oprimen.

Fotografía de Miguel Ángel Delgado Olmo