Después de los sueños

Convoca provoca evoca.
Ya está aquí.

La ilusión de la alusión
a los esperados desesperados,
a los que no confian y porfían.

A los que buscan y rebuscan
en las circunstacias circundantes de la desidia.

Provoca evoca convoca
a los espíritus desesperados
que creen que la muerte queda lejos,
que creen que la vida es un suspiro
y que se contradicen viviendo aceleradamente.

Solo vive y deja vivir, dicen,
y, cuando lo hacen, suspiro,
porque poseo demasiada empatía, algo que maldicen los que no lo ven necesario.

Tampoco es necesario apocar a los que ya son débiles de nacimiento.
Como tampoco lo es encumbrar a los privilegiados de cuna y raigambre.

Estoy aquí acá y acullá para
evocar, convocar y provocar
la Revolución Absoluta.
La que acabará con la Absolutidad en las ideas, las censuras en los actos, la sinrazón de los creen estar en posesión de la verdad.

Trastocar tras tocar los hilos de poder, para desestabilizar lo que nunca fue estable.

Defenestrar a los malvados,
volatilizar las bases de la sociedad perdida en la maleabilidad de los pensamientos.

Invocar a la Libertad, a la Paz y a la Justicia, para que sean los únicos reinos que gobiernen en la globalidad planetaria.

Sanar el juicio enfermo de la Humanidad.

La Revolución incruenta y aceptada. Asimilada y practicada. Regenerada y eternizada.

Evocar, provocar, abocar, invocar, convocar la Bondad humana.

¿De veras crees que
me puedo permitir fallar en la Revolución?